Felipe González en el Congreso, durante la moción de censura presentada en 1980.
Felipe González en el Congreso, durante la moción de censura presentada en 1980.

Un joven Felipe González defendía la moción de censura presentada por el PSOE, que le incluía a él como candidato contra el gobierno de la UCD del presidente Adolfo Suárez; en la más conocida como “moción por imperativo moral”. Una moción de censura, la primera de la democracia, motivada por la ausencia de Adolfo Suárez en numerosas sesiones del Congreso, así como por el desuso que el primer gobierno democrático dio a los novedosos medios de comunicación, tales como la radio, la televisión, la prensa, los periódicos etc... pero sobre todo, el mensaje del presidente Felipe González, fue enfocado en torno a cómo una ciudadanía apática y engañada (en el caso de 1980, por el gobierno) llevaría de forma directa a un malestar general, impidiendo al país avanzar en ningún
aspecto.

En resumidas cuentas, Felipe abordó cómo el gobierno de la UCD, por electoralismo, no exigió esfuerzos a la ciudadanía para cumplir con los grandes retos que acontecían en los años ochenta; y que, consecuencia directa de lo anterior, España era y sería de haber seguido por ese camino, incapaz de realizar las reformas territoriales, políticas, sociales y económicas que la situación brindaba. Ahora pasa algo parecido, la diferencia es que el culpable no es el Gobierno, que sí esta exigiendo esfuerzos para obtener recompensas, es la oposición.

Que tenemos una de las peores oposiciones del mundo no sorprende ni al que asó la manteca, pero ya cruzan barreras hasta ahora insospechadas. No entraremos en colaboraciones de la prensa y demás —porque ya lo tratamos en el artículo anterior—, pero su empeño ciego en contaminar la imagen del Gobierno se traduce por desgracia en trasmitirle a la ciudadanía que no debe aceptar sacrificios —como pueden ser una subida de impuestos, una limitación de movilidad o derivados— para obtener recompensas, que no hay ni habrá mayor actualmente que salir de la crisis económica, social y sanitaria en la que nos vemos inmiscuidos a raíz de la pandemia del covid-19, reforzando el Estado del bienestar y los pilares públicos de solvencia y dignidad.

Actualmente, si el Gobierno plantea a los ciudadanos un sacrificio o esfuerzo, automáticamente es diabolizado, en vez de arrimar el hombro para explicar qué si queremos salir de esta con unos poderes públicos reforzados, es indispensable la colaboración de todos. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Pero esta obviedad no es entendida por nuestra muy leal oposición, quien prefieren dibujarte a un Gobierno satánico, chavista y socialcomunista porque te exige un esfuerzo para darte recompensas que ni de broma ellos te darían (IMV, 8.578 millones de euros de incremento en gasto dedicado a la sanidad en los PGE, y un largo etcétera…).

Esto fue lo que dijo Felipe González en la moción de censura contra Adolfo Suárez:

“No se trata tanto de aparecer o no en televisión, como de aparecer cuando el país lo demanda para seguir la acción de Gobierno, para explicar éxitos y fracasos, para continuar dando al pueblo una inyección permanente de moral ante los fracasos. Por eso ayer me refería a Churchill, que le pidió a su pueblo sangre, sudor y lágrimas, y le prometió que les iba a hacer ganar la guerra; los ingleses confiaron en ese mensaje, confiaron en que su país tenía capacidad de ganar, de salir adelante. Lo que está faltando en nuestro país es ese mensaje de esperanza en todos los temas fundamentales que tiene planteados: la política, la economía, las relaciones internacionales de España. Esa es la realidad, yo no quiero hacer en este momento un juicio duro, crítico ni agresivo, porque no se corresponde con la intervención del presidente del Gobierno. Lo que quiero hacer es clarificar ante todos que la situación es difícil, enormemente difícil, porque al pueblo que nos escucha no se le dice cuáles son las dificultades de verdad añadiéndole cuáles son las vías de esperanza. Me temo que no se ha conseguido por el Gobierno añadir ni un ápice deesperanza, sino todo lo contrario: que el fatalismo con el cual encaramos el debate, por parte del Gobierno, hace ocho o diez días, es en este momento aún más grave. Aquí hemos oído cosas graves. No ha habido ni una sola palabra de esperanza, no digo de demagogia, digo de esperanza. De esperanza para los hombres y mujeres de toda España, de esperanza en la recuperación del empleo, de esperanza en la construcción del Estado de las autonomías, de esperanza en el uso de las libertades, de esperanza para el mundo de la cultura, de esperanza para todos, de esperanza para todos con el sacrificio de todos. Esa oferta programática, que algunos consideran moderada, probablemente será entendida por muchos, muchos ciudadanos de todos los pueblos de España como una oferta capaz de sacar adelante a este país y de hacer renacer la esperanza, eso que se ha perdido y que, lamentablemente, el Gobierna no es capaz de regenerar: esa confianza. No me congratulo de ello porque esta moción de censura no va a salir adelante, pero el Gobierno va a quedar censurado. Y si no reacciona con mucha firmeza —que no lo va a hacer—, las cosas irán peor y dentro de unos meses estaremos mucho peor que ahora. Den una vez un grito de esperanza a este pueblo con realismo y con seriedad. Pídanle sacrificios y ofrézcanle caminos de salida alguna vez, utilizando las
instituciones parlamentarias y no escondiéndose esperando que haya una iluminación lejana, no escondiéndose de las Cámaras, de los debates. Gracias".

Hoy hago mías sus palabras cuando le pido a la oposición que dé de una vez un grito de esperanza a este pueblo con realismo y seriedad. Dejen de demonizar los sacrificios, porque sin estos no hay recompensas.

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