Escultura de Blas Infante en Ronda, en una imagen de archivo. Autor: Domingo Camino
Escultura de Blas Infante en Ronda, en una imagen de archivo. Autor: Domingo Camino

Andalucía celebra su debate del Estado de la Región al tiempo que en España se teatraliza la guerra abierta entre las derechas en una nueva moción de censura y mientras Ciudadanos desnuda su alma más cínica y ultracentralista negándose a repudiar la condena a muerte de Blas Infante.

Andalucía se juega buena parte de su futuro el próximo fin de semana, cuando busque la bendición europea a su demanda de 23.000 millones de los 70.000 que Bruselas enviará a España.

El debate del estado de la comunidad debía ser -al menos- una sesión de calentamiento para Moreno Bonilla, el hombre que nos representará en la conferencia de Presidentes y en la que la alemana Von der Leyen escuchará atentamente razones, pero sobre todo evaluará capacidades y tratará de priorizar horizontes.

Conviene conocer a nuestros interlocutores antes de acometer una reunión transcendental. Los alemanes no son pródigos en florituras lingüísticas y dardos dialécticos. Se caracterizan por la practicidad y la claridad expositiva.

Si Moreno Bonilla pretende lanzar a Von der Leyen y al resto de Presidentes autonómicos un discurso vacío, ausente de contenido y preñado de una retahíla de retórica grandilocuente como el de ayer en el Parlamento de Andalucía, vamos listos. Ayer Moreno Bonilla habló de la Gran Alianza por Andalucía, Andalucía en Marcha y de una decena de planes estratégicos (aeroespacial, verde, 2020-2022…)… pero no desglosó una sola idea, no fue capaz de dibujar un horizonte claro para la salida de la crisis en Andalucía y mucho menos se acercó a trazar un futuro en el que se atajen los déficits estructurales de nuestra tierra. Moreno Bonilla, como si de un vendedor de Biblias se tratara salmodiaba las virtudes de la colaboración público-privada como si por encanto fueran a materializarse en Andalucía inversiones industriales que requieren estrategias  a largo plazo y sobre todo relaciones estructurales diferentes con nuestro entorno nacional e internacional.

Mientras el mundo entero apuesta por inversiones públicas y la oportunidad de lograrlas se materializa el próximo fin de semana en la figura de Úrsula Von den Leyen, Moreno Bonilla reniega de Keynes y de la mejor oportunidad de lograr 23.000 millones y se amarra al mástil de la inversión privada. Moreno Bonilla no sólo no ha entendido la crisis del COVID, es que vive en un mundo pre-crisis del 2008

Pero el ruido y la fanfarria no son el problema, son un síntoma. El problema fundamental del Gobierno andaluz estriba en que desconoce profundamente los problemas de Andalucía y sobre todo las raíces profundas de los mismos. El voto de este pasado martes sobre la anulación de la condena a muerte de Blas Infante en el Congreso es testigo simbólico de ello.

Ayer el partido que sostiene al gobierno de Bonilla, Vox, votó en contra y Cs, el partido de Marín, el vicepresidente de Andalucía, se abstuvo.

Al hacerlo no solo niega la reposición de dignidades mínimas al padre de la patria andaluza y su familia, Ciudadanos y con él este gobierno andaluz, están dando la espalda a una lectura sobre la historia de Andalucía que nos recuerda que no es casual que la Andalucía de 1850 supusiera el 25% del PIB español, tres veces el de Cataluña, mientras que hoy estamos muchos puntos por debajo del de esta comunidad. Leer a Blas Infante les habría permitido comprender por qué Málaga ha pasado de ser la segunda provincia más industrial de España y producir el doble de hierro que Vizcaya a competir en el precarizado ranking turístico.

Conocer a Blas Infante nos permite entender por qué la concentración en manos castellanas de la tierra andaluza nos empobrece (hasta no hace tanto el señorío de Guzmán, leonés, poseía el 4% de todo el territorio de Huelva, por poner un ejemplo), o por qué un modelo territorial en el que ninguna institución o poder de ámbito estatal tiene sede en nuestra tierra nos perjudica (en Alemania el Tribunal Constitucional está en Karlsruhe, el Banco Central en Frankfurt, las sedes de los principales medios de comunicación en Hamburgo...).

Moreno Bonilla es tan ajeno a todo esto como su escudero Marín. Y sin conocer las raíces es imposible proyectar futuro.

En definitiva un Presidente inerme ante la situación sanitaria y económica que asola con más fuerza a nuestra comunidad, ultrasensible a los shocks económicos externos, un Presidente que a duras penas parecía cruzar los dedos y aguantar a que pase el chaparrón e incapaz de proyectar la seguridad y la confianza que necesitamos más que nunca.

Solo una cosa salvó al Presidente de la Junta de Andalucía ayer: la oposición. Entre una izquierda que se desangra por las cuitas internas y un PSOE zombie que no tenía mejor ocurrencia que ir al debate para pedir otro debate Moreno Bonilla casi pasaba por un prócer visionario de la patria andaluza.

Otra oportunidad perdida.

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