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Que vosotros utilicéis la homosexualidad para hacer burla a una persona que no os gusta puede hacer que otros vean validadas sus conductas homófobas.

Ha sido siempre una tendencia más que común en las revistas y publicaciones satíricas más críticas con la situación política. Ya no solo en publicaciones, de hecho.

El famoso beso entre Erich Honecker (Alemania Oriental) y Leónidas Breznev (URSS) sucedido durante el 30 aniversario de la República Democrática Alemana en 1979 sirvió de inspiración para que el diseñador lituano Mindaugas Bonanu pintase en una pared de las calles de Vilna (Lituania) un mural en el que aparecen los presidentes estadounidense y ruso, Donald Trump y Vladimir Putin, besándose de una forma un tanto más apasionada de la que cabría esperar si esperásemos un beso de “solidaridad socialista”, como se definió al original sucedido hace casi 40 años.

Si bien la intención del artista lituano puede no ser esa (quién sabe), lo cierto es que el mundo ríe ante la ocurrencia del diseñador, tal y como pasó en occidente cuando sucedió el primer beso. Un beso en los labios entre dos hombres. Nada menos.

Pensemos en una situación algo distinta. Probablemente, un mundo en el que la presidenta de los Estados Unidos fuese una mujer (y con suerte, no sería Hillary), no vería de una forma tan grotesca la imagen de su líder besándose con el líder de otra nación como señal de unión. Quizá podría verse como reivindicativo, un “¡son lo mismo!, ¿no lo veis?”, pero no como algo de lo que reírse.

En las redes sociales se vuelve aún más obvio lo que estoy tratando de explicar. Tras la ceremonia de investidura de Trump, Internet se ha llenado de imágenes, gifs y, en definitiva, memes, que muestran al actual presidente estadounidense en situaciones que podríamos denominar como “poco viriles”.

Cientos de artistas de la edición gráfica han decidido mostrar su descontento con la elección del presidente realizando montajes, como por ejemplo, a Donald Trump lamiendo un, por así decirlo, objeto diseñado para la satisfacción sexual, con forma fálica. Supongo que entenderéis por dónde voy.

Las imágenes de este tipo abundan. Es un clásico en la red, así como también lo ha sido tratar de humillar la ideología nazi representando a Adolf Hitler maquillado, ligero de ropa y en actitudes, de nuevo, “poco viriles”, haciendo alusión directa a la idea que se hace gran parte de la población de la homosexualidad en relación a los festejos del Orgullo LGTB.

Es peligroso pero realmente revelador que nos preguntemos: ¿por qué a lo largo del tiempo y hasta el día de hoy, se usan los elementos directamente relacionados por la mente colectiva con la homosexualidad para humillar y desacreditar a las personas que, por motivos obvios, no nos gustan?

Es una actitud que no dista mucho del acoso homófobo escolar que pueda practicar cualquier niño de diez años cuya educación no ha sido lo suficientemente abierta y tolerante. Un clásico: insinuar que uno de sus compañeros es homosexual para lograr el objetivo de humillarlo y desacreditarlo delante del resto de la clase, fomentando la imagen de la homosexualidad como algo puramente negativo.

Probablemente habrá gente que defienda este tipo de prácticas: “solo lo hacemos porque odiamos a Trump, y a Trump le enfadaría saber que lo representamos realizando este tipo de prácticas”.

No seré yo quien detenga a nadie de protestar contra la gestión y el discurso de Donald Trump, por supuesto. Pero quizá antes debáis pensar en las consecuencias de fomentar esta relación entre “gay” y “malo/negativo/indigno” que acabo de comentar.

Que Donald Trump se burle públicamente de un reportero con diversidad funcional puede hacer que sus ciudadanos se sientan validados a hacerlo también en su día a día. Que vosotros utilicéis la homosexualidad para hacer burla a una persona que no os gusta puede hacer que otros vean validadas sus conductas homófobas.

Si queréis un truco para controlar un poco mejor este tipo de conductas, pensad en qué tipo de comentarios y bromas que hacéis podrían utilizarse en el patio de un colegio para atacar a un niño que es diferente al resto, que se siente solo y es atacado constantemente por sus compañeros que ven validadas sus actitudes y no tienen reparo alguno en causar daños psicológicos constantes a una personita que quizá acabe desarrollando miedos, traumas o trastornos de ansiedad.

Y si queréis que funcione aún mejor, recordad esto: no solo es un truco. Es la realidad. 

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