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Llevo días leyendo mensajes más o menos incendiarios e incendiados en las redes sociales con la cabalgata de Reyes de Madrid como polémica de fondo. Que las redes sociales sean el escenario es normal, si no fuera esta polémica que empezó con un tuit sería otra. Pero me sigue asombrando la deriva que algunos temas toman en las redes y su repercusión.

No creo que sea tan transcendental cómo iban vestidos los Reyes Magos en la cabalgata de Madrid. Hay otros temas que afectan a los niños de este país sobre los que habría que hablar más y con los que sí tendríamos que incendiar las redes (vaya por delante que soy más de hablar que de ir con el lanzallamas). A lo mejor el debate que hay que abrir es otro. Es el debate de siempre, el de un país donde los niños crezcan rodeados de educación, cultura y respeto. Eso que tanto se echa en falta al leer los comentarios de estos días a favor o en contra de los Reyes Magos y las cabalgatas.

Los Reyes Magos forman parte del acervo cultural de este país y eso no puede uno saltárselo. Porque las tradiciones son cultura y deben respetarse. Pero precisamente la cultura es también inquieta y no se acomoda en el inmovilismo. Y en esta línea creo que los niños deben poder mirar igual con sus ojos de niño la “Adoración de los Magos” de Velázquez que los vestidos de la cabalgata de Madrid, sin escandalizarse ni de lo uno ni de lo otro. Aprender a valorar lo tradicional, como la increíble cabalgata de Alcoy bien de interés cultural, y las propuestas más innovadoras, siempre que estén hechas con criterio y sin que se pierda la esencia.

Todos los años tengo mi propia lucha interior cuando veo la cabalgata de Reyes en Jerez. Siempre voy con la ilusión de ver algo que me asombre. La magia está porque es un día mágico, porque los niños y los mayores llevamos la alegría 'puesta' y porque ese día a Melchor, Gaspar y Baltasar le brillan los ojos más que nunca después de llevar varias semanas de agotador e impagable reinado.

Tengo que confesar que en los últimos años vuelvo de ver nuestra cabalgata con la sensación de que las cosas se pueden hacer de otra manera. Encuentro una justificación en la crisis y lo limitado del presupuesto pero también pienso en que con imaginación y voluntad se puede. Pienso en una renovación estética. En qué pasaría si se le diera la  oportunidad de involucrarse a artistas jóvenes locales. Pienso en si se le podría dar una dimensión más cultural a una manifestación popular con los niños como protagonistas, más allá del chimpun pachanguero y los mismos muñecos de dibujos animados de todos los años. Y en si al hacer algo distinto la 'nueva' cabalgata gustaría y se entendería.

Luego aterrizo y me acuerdo del adulto que me empujó y se llevó a tres niños por delante por estar en primera fila a la hora de ver pasar las carrozas. En el que tenía al lado y pisaba los caramelos para que los niños de alrededor no pudieran cogerlos, o en el que abría el paraguas para colocarlo del revés sin importarle ir repartiendo paraguazos. Y vuelve a mi cabeza el mismo debate que al principio: educación, cultura y respeto. Y el deseo de que los niños de ahora se conviertan en adultos educados, cultos y respetuosos. Adultos que seguramente estarán por encima de polémicas sobre reinas magas y vestidos de mago Merlín.

Y después de todas mis reflexiones de estos días, hoy me da por preguntar a los niños que les parecen a ellos los trajes de los Reyes Magos de Madrid. “Feísimos”, me dice uno. “A mí me indignan”, me dice el otro. Y se me queda cara de boba y pienso, ¿y ahora qué? Vuelvo a aterrizar. Toca esperar al 5 de enero del año que viene…

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