Aida Lafuente. FOTO: EHK
Aida Lafuente. FOTO: EHK

Por razones familiares voy y vengo mucho a Granada y comparto coche con otros pasajeros, algo muy común ahora sobre todo entre la gente joven, porque resulta más cómodo, más rápido y más barato que los transportes públicos. Otra de las ventajas de este sistema de desplazamiento es la posibilidad de conocer gente de lo más variopinta y conversar con ella sobre cualquier tema durante las tres horas que dura el trayecto, lo que a veces da mucho de sí.

En una de las últimas ocasiones que utilicé este medio coincidí con una chica muy espabilada, con una voz maravillosa y unos increíbles ojos claros que nos confesó que había nacido y se había criado en el Sacromonte, pero que iba y venía con frecuencia de Granada a Jerez para actuar, ya que era cantaora. Tuvimos ocasión de escucharla por el camino y realmente nos tocó el corazón con su voz potente y desgarrada. Nos dijo que su nombre artístico era Tani de Jerez, que de pequeña la llamaban Tana, pero que Tani le parecía más apropiado para una artista de su edad.

Si buscamos en YouTube podemos encontrarla cantando una rumba por tangos de Granada, con Juan del Canastero al toque y al fondo, un precioso patio -creo que es el patio de los Perfumes del palacio del marqués de Sálar, en la carrera del Darro- y el paisaje de la Alhambra y el Albaicín. La letra es de Almudena Pardo, a la que nos contó que había conocido casualmente en el Mirador de San Nicolás cuando esta poeta gallega buscaba una voz y una mente creativa para componer musicalmente sus poemas. Tani aceptó el reto, que ella califica de “colaboración poética”, aunque nos contó que le había costado trabajo encajar el texto de Almudena en un palo flamenco. La rumba por tangos, que la cantaora del Sacromonte desgrana profunda y cadenciosamente, se titula Amor de género, forma parte del poemario Zarpando en el sentir, de la citada poeta viguesa y está dedicado a la libertad de la mujer dentro de la pareja y a las víctimas de la violencia de género. Comienza así:

Dice la chanera María del Mar:

si me quieres tanto déjame volar,

dame, dame, dame mi libertad.

Hoy estoy contigo, mañana Dios dirá.

Libre, libre te quiero yo.

Libre, encerrado en jaula

se muere el amor...”

Le pregunté a Tani que cuál era su verdadero nombre, y nos dijo que se llamaba Aida. Me sorprendió ese nombre en una persona de raíces gitanas y en el curso de la conversación nos comentó que a su bisabuela le gustaba mucho “por una republicana que se llamaba así”, pero que a su abuela no habían podido ponérselo “porque entonces no se podían poner esos nombres”. La verdad es que me dejó intrigada y con ganas de investigar quién sería esa republicana que le gustaba a su bisabuela. Busqué información sobre ella al día siguiente, y me encontré con Aida de la Fuente, una figura totalmente desconocida para mí y me imagino que para la mayoría de la gente de este país.

Merece la pena recuperar su figura, porque fue una mujer valiente que defendió hasta el final sus ideas con una constancia y un arrojo increíbles, cualidades que suelen atribuirse sólo al sexo masculino, aunque en absoluto sean patrimonio exclusivo de los hombres.

Aida de la Fuente Penaos, la Rosa Roja de Asturias, también llamada La Libertaria, había nacido en León en 1915 y era militante comunista, igual que sus padres, Gustavo y Jesusa. Su padre pintaba carteles y decorados para el teatro Campoamor, el mismo donde hoy se entregan los premios Princesa de Asturias, y había fundado el PC de España en Oviedo. Sus hermanos -dos hermanos y cinco hermanas- militaban también en las Juventudes Comunistas. A ella se la veía con frecuencia haciendo cuestaciones en las calles de la capital asturiana a favor de los presos políticos o simplemente ayudando a gente necesitada. Organizó la Federación Cultural Deportiva Obrera y la sección femenina de Exploradores y fue destacada figura en la sección local del Socorro Rojo. Era risueña, agraciada y de cuerpo alto y delgado, un cuerpo que nadie pensaría pudiera contener tanta fuerza revolucionaria.

El levantamiento obrero la sorprende a punto de cumplir veinte años estudiando para convertirse en aparejadora. Durante aquellas jornadas, Aida participa activamente: organiza comedores en la periferia de Oviedo para abastecer a los combatientes, a los que lleva café, tabaco y comida a las barricadas, monta hospitales de campaña y ayuda en todo lo que puede, sobre todo en asuntos relacionados con la información y la logística. El día trece de octubre de 1934 sería su último día.

Por toda Asturias se luchaba sin cuartel contra los soldados de la Legión y los Regulares, enviados desde Marruecos para sofocar el levantamiento de los mineros y comandados desde Madrid por el general Franco. El gobierno republicano, dirigido por Alejandro Lerroux, había dado un giro a la derecha y estaba formado en ese momento por miembros del Partido Republicano Radical y de la CEDA.

No está demasiado claro cómo ocurrió la muerte de Aida de la Fuente, -pronto abreviado su apellido en Lafuente-, pues había una fuerte censura gubernamental, y evidentemente después no hubo ningún interés en averiguarlo. La versión más verosímil es la que cuenta que murió luchando heroicamente en las inmediaciones de la iglesia de san Pedro de los Arcos, parapetada tras una ametralladora y haciendo frente a legionarios y regulares dirigidos por el teniente coronel Yagüe. Parece que fue capaz de resistir en su posición durante varias horas, sorprendiendo a sus atacantes y matando a varios hombres antes de caer derribada. Otras versiones relatan que fue detenida con vida y fusilada allí mismo y que antes de recibir los disparos, le preguntaron: “¿Cómo te llamas, niña?” y su respuesta fue, simplemente, “Comunista Libertaria”. Fue enterrada en una fosa común que se abrió en las inmediaciones de la iglesia. Sus restos no se han encontrado.

Sea como fuere, Aida de la Fuente se convirtió pronto en un símbolo de la lucha revolucionaria, de los principios feministas y del comunismo. Muy pronto llegó a ser un personaje mítico al que dedicaron poemas Rafael Alberti (Libertaria Lafuente) y muchos otros, entre ellos Raúl González Tuñón:

Estaba toda manchada de sangre,

estaba toda matando a los guardias,

estaba toda manchada de barro,

estaba toda manchada de cielo,

estaba toda manchada de España.

Ven, catalán jornalero a su entierro,

ven, campesino andaluz a su entierro,

ven a su entierro, yuntero extremeño,

ven a su entierro, pescador gallego,

ven, leñador vizcaíno a su entierro,

no dejéis solo al minero asturiano...”

(1936, en La rosa blindada)

María Teresa León escribió un relato titulado Liberación de octubre, incluido en su libro Cuentos de la España actual, publicado en 1934, en el cual la protagonista, Rosa, está claramente inspirada en la joven comunista asturleonesa.

Una vez iniciada la guerra civil, el batallón de Asturias fue bautizado con su nombre. Nunca cayó del todo en el olvido, pero su figura empezó a ser de nuevo destacada durante el tardofranquismo y la transición. La han cantando Víctor Manuel, Nuberu (en bable), Xana y Nacho Vegas, y el mito llega hasta la actualidad, especialmente en Asturias.

En Oviedo hay un monolito con su efigie que fue levantado en 1995 por acuerdo unánime del Ayuntamiento de la ciudad, que además decidió poner su nombre al paseo principal del parque de San Pedro de los Arcos, al pie del monte Naranco, cerca del lugar donde aquel trece de octubre de 1934, a los diecinueve años, la joven guerrillera encontró la muerte.

No he visto ese monolito, pero me ha parecido que hay un hilo sutil que une a Aida Lafuente, defensora de la libertad y la igualdad, a quien no conocía, y a Tani de Jerez, cantaora de la libertad de la mujer, que en los posts que cuelga en Facebook se despide con un “Salud y libertad”, y a quien conocí por casualidad en un viaje a Granada.

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