Y el señor Moreno Bonilla responde a la pregunta de algún periodista con aire cercano, desenfadado, porque Juanma es como tú y como yo, como cualquier andaluz de a pie: "Espero no verme en ese trance y no tener que sentarme a negociar con Vox; ahora (recalca contundente), esa decisión es de los andaluces; los andaluces tienen una responsabilidad; que después a mí no me digan: oiga, que yo no sabía que usted se tenía que sentar con este señor. Yo lo digo bien claro; este es el problema que podemos tener. El que no quiera que yo me siente con este grupo político, el partido político Vox, lo tiene muy sencillo: aglutinemos el voto en el Partido Popular de Andalucía".
A mí sus palabras, efectivamente, me lo dejan claro: sin duda con esta declaración busca el voto de centro y del votante de izquierda decepcionado y enfadado con la izquierda. Estas palabras no son para el votante de derechas que tiene buena opinión de Vox, ese votante del PP de toda la vida que comulga con muchos de los principios fascistas de la extrema derecha.
Además, con esta perorata populista, Bonilla pretende hacernos creer que, ante las elecciones del próximo 17 de mayo, solo hay dos opciones posibles, el Partido Popular y Vox. No cabe otra alternativa. Que "el problema que podemos tener", que sería Vox en el gobierno, sólo lo resolvería un gobierno del PP cuando en realidad es el único que estaría dispuesto a gobernar con ellos. Pero, qué más da, el ruido despistará a los electores. En su discurso de precampaña, Moreno está evitando mencionar a cualquier otro de los más de 20 partidos que concurren a las urnas, como si no existieran más contrincantes, como si los partidos de izquierdas — PSOE, Por Andalucía, Adelante Andalucía, por ejemplo— no tuvieran posibilidades de romper con la ultraderecha, cuando, no lo olvidemos, son ellos los que negocian y forman gobiernos con Vox.
El afán didáctico de nuestra clase política me suele poner de mal humor, porque realmente no es su propósito enseñarnos, sino aleccionarnos mediante la regañina. Y es que nos toman por ignorantes. Las palabras y el tono de reproche usado por el actual presidente de la Junta de Andalucía —"que después a mí no me digan…"— es más propio de ese compañero de oficina, del enterao, que de un candidato a la presidencia de nuestro gobierno.
Si escuchamos o leemos atentamente sus declaraciones, acusa a los votantes de Vox de irresponsables porque con su apoyo en las urnas le obligarán a formar gobierno con ellos. ¿Irresponsables? ¿Qué opinión tiene Bonilla sobre Vox? ¿Por qué respondería un votante de Vox con un comentario despectivo como el lanzado por Moreno Bonilla: "que yo no sabía que usted se tenía que sentar con este señor"? ¿Qué problema vería el votante fascista a este señor? Tal vez Moreno debería preguntarse y reconocer la opinión que tiene sobre Vox. Si tan receloso está el actual presidente con ellos, ¿por qué estaría dispuesto a negociar con un partido que considera dañino? Bonilla rechaza cualquier relación con el partido socialista porque, según nos advierte el PP, está hundiendo España. Luego, si consideras nocivo a Vox, igual sería mejor no mezclarse con él, y no darle un lugar en el gobierno.
No, esas palabras no iban dirigidas al votante ultra, sino a los desencantados de una y otra tendencia. De jugar limpio, el señor Moreno Bonilla debería haber sido claro y coherente, admitiendo y explicando que de no alcanzar la mayoría tendrá que negociar con la segunda fuerza más votada, pues es lo que piden los ciudadanos, siguiendo su argumentación demagógica. Que él, en el caso de que su partido gane las elecciones —no debería olvidar este detalle, ay qué bien le habría venido escuchar en la infancia el cuento de la lechera—, atenderá a los ciudadanos que expresan su voluntad mediante el voto democrático. Claro que entonces no entenderíamos por qué tiene que gobernar con Vox si posiblemente no sea la segunda fuerza más votada. No me salen las cábalas de Bonilla.
No debería echarnos en cara nuestro voto, por muy equivocado que esté, pero dado libremente. No debería dar por sentado que el votante de Vox es ignorante ni que este con su voto lo que busca no es un tipo de gobierno sino un castigo al PP. Si fuera seguidora de Vox, las declaraciones de Bonilla me habrían ofendido.
Pero ya sabemos que tiene respuestas para todo tipo de votantes, y se saca de la manga palabras para casi todo tipo de público, hasta para los que aman las torpezas de sus candidatos. Tal vez, por eso, otro día de precampaña se le tropezaron y mezclaron las palabras: "¿Mi objetivo? Gobernar con Vox, digo, sin Vox. Bueno, en cualquier caso, gobernar con o sin Vox". Yo, ahí lo dejo, como diría otro enterao. Porque, al final, seguro que la culpa fue del chachachá.



