Una ciudadana china pasa por el mercado de Wuhan, durante la pandemia.
Una ciudadana china pasa por el mercado de Wuhan, durante la pandemia.

Esta semana ha sido la de las efemérides del covid, cada día salía en la prensa un aniversario diferente. Que si cuando la OMS reconoció la pandemia, que si cuando los presidentes autonómicos anunciaban la suspensión de las clases presenciales, Pedro Sánchez declarando el estado de alarma… Hoy sería el aniversario del primer día efectivo de confinamiento. 

Este último año nos ha devuelto al presente. Quizá, uno de los efectos de haber estado más de dos meses encerrados haya sido querer vivir con mayor intensidad el día a día. No sabes que te espera mañana, lo mismo te vuelven a encerrar. En cierto modo, el covid ha tirado por tierra casi todos nuestros planes de futuro, incluso los de muy corto plazo.

Recuerdo que en un día como hoy de hace un año, uno de mis amigos se quejaba frustrado porque su cumpleaños le había cogido de pleno en aquellas dos semanas iniciales de cuarentena. Ingenuo de mí, le dije que no pasaba nada, que al mes siguiente celebraríamos nuestros cumpleaños juntos. A las dos semanas de aquello, la prórroga del estado de alarma chafó también el mío, y cuando me quise dar cuenta ya era mayo y me había visto todas las películas de Clint Eastwood que echaban en TCM.

Como se puede ver, el aplazamiento no es efectivo. En este sentido, lo peor se lo han llevado los festivales. De esta última semana, el anuncio que más me ha llamado la atención ha sido el aplazamiento de la Primavera Trompetera a abril de 2022, el segundo aplazamiento que va ya. Todo el mundo se hizo ciertas expectativas de recuperación, infravalorando el virus, que como se ve poco han tenido que ver con la realidad. Yo mismo hace un año pensaba que esto iba a durar dos semanas y que en China exageraban, y luego me caí con todo el equipo.

Para algunos, los próximos días van a ser duros. Todo el mundo necesita sentirse especial por lo menos un día al año, y dos cumpleaños seguidos tirados por tierra pueden ser un trago muy amargo. También es triste y paradójico que no ha hecho falta cortar ni una flor, pero el virus sí nos ha robado mucho de la primavera. A lo mejor de esta que entra ahora no tanto, pero está claro que no va a ser lo mismo.


 

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