Manifestación en El Salvador contra el Bitcoin. El pan se ha convertido en algo digital.
Manifestación en El Salvador contra el Bitcoin. El pan se ha convertido en algo digital.

Como muchos otros artículos de opinión, este es uno de esos que se basan en noticias que el escritor vio casualmente y le llamaron la atención. Anecdóticamente, esta también era una de las formas que John Lennon tenía para inspirarse y componer canciones para los Beatles. Volviendo al tema, en el canal 24 horas de RTVE durante los diez minutos antes del telediario de las 4 suelen poner reposiciones de informe semanal. Así fue como acabé viendo que a principios del mes pasado en El Salvador se adoptó el Bitcoin como moneda de curso legal. Es una noticia que pasó ligeramente desapercibida debido a la poca importancia que tiene aquí, y si ha llegado ha sido gracias a las protestas masivas contra la medida. A pesar de su omisión, es una noticia cuando menos curiosa.

Es difícil encontrar algo que en comparación con el bitcoin sea igual de volátil. Podría hablarse de utilizar como moneda títulos sobre barriles de Brent, pero ni siquiera eso, ya que el petróleo cuenta con cierto respaldo. Lo complicado del bitcoin es que no tiene el respaldo de ningún banco central, circunstancia que facilita su especulación. Y es que, de hecho, ni existe. Podría empezar a escribir aquí una larga tesis sobre política monetaria, pero realmente me interesa otra cosa. La cuestión está en que esto es otra pequeña evidencia de como el sistema financiero se está cargando la economía imponiendo su criterio e imperio.

Desde hace algún tiempo se habla de la financiación de la economía. Si bien hace décadas el objetivo de las empresas era invertir para producir mercancías y luego venderlas con beneficios, ahora únicamente es invertir en valores que generan intereses. Dinero que crea más dinero. Es una situación absurda posible gracias a la especulación y un sinfín de técnicas de contabilidad financiera, y la vez que absurda, encierra una lógica aplastante. ¿Quién va a querer montar una fábrica de bicicletas para obtener un beneficio del 5% pudiendo meter ese dinero en un fondo de inversión que le garantiza una rentabilidad del 15?

Se da así una desviación de recursos que explotará de un momento a otro, si es que no lo ha hecho ya. La tendencia de los países ricos ha sido ir desarrollando sus servicios financieros en detrimento de la industria o la agricultura. Con sus suculentas ganancias sale más rentable importar de otros países todos los bienes básicos que ponerse ellos mismos a plantar lechugas. Pero imaginen por un momento que a uno de esos países (no señalo a ninguno) se le va la cabeza y decide romper todas sus relaciones internacionales, poner fronteras al comercio para dificultarlo y expulsar a los extranjeros, que casualmente (vaya por Dios), hacían todos los trabajos básicos sin ninguna relación con el mercado financiero.

Luego faltan componentes para hacer coches, stock de bicicletas y hasta alimentos. Realmente vivimos en nuestra versión particular de una distopía. Quizás es lo que nos merecemos por darle más importancia al dígito que aparece en una pantalla que a lo tangible que podría resultar de él. Puede que sea consecuencia de que algunas personas hayan ganado más dígitos virtuales de los que podrían gastar en varias vidas, sin importarles que otros anhelen tener estos dígitos en positivo en su cuenta a final de mes. Y mientras tanto, la espiral se hace mayor, convirtiendo dígitos envenenados en moneda de curso legal o bombardeando con publicidad que dice que cualquiera puede hacerse rico con ellos. Pero la verdad es que el bitcoin y la bolsa es un mundo de grandes tiburones, y todo el que se lanza al mar es para ser devorado.

 

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