Recientemente un reputado periodista se preguntaba en un programa de televisión por qué motivos a la manada original (jóvenes que violaron a una chica en grupo)1 habían sucedido otras “manadas” en distintos puntos del país La operativa es similar en todos los casos: violación grupal, grabación, subida a las redes sociales.
En el trabajo de psicología de las masas, Freud estudia el fenómeno que produce esta repetición. La identificación con el grupo: mecanismo muy frecuente en los adolescentes que están en plena búsqueda de su identidad, diferente a los modelos que puede proporcionar la familia.
La difusión masiva del comportamiento de estos grupos les otorgan publicidad, más allá de la intención informativa del periodismo. Es preciso puntualizar la delicadeza y extrema cautela con que deben tratarse estos temas.
La criminología puede dar buena cuenta de los imitadores de asesinos, como de otros delitos. Esas personas buscan de forma consciente la fama aunque lo sea por un hecho execrable. Los líderes de las bandas juveniles y de adultos no se caracterizan por sus virtudes. Muy por el contrario, cuanto más brutales sean sus actos delictivos más puntos adquieren en el ranking del grupo de pertenencia.
Entre los jóvenes el mecanismo es el mismo: la identificación con el líder idealizado, el temor de ser tachado como un cobarde.
Por tanto, información si, pero teniendo en cuenta siempre que están buscando notoriedad y que, cuando más se difunda el delito mayor será el sentimiento de omnipotencia. “Si no puedo ser famoso por mis buenos actos, lo seré por mis gamberradas”. Ese es el sentimiento.
Recientemente he tenido noticias de cárceles en las cual se permite a los presos con buena conducta cuidar de gatos. La fragilidad del animal, la obligación de ocuparse de un ser hace aflorar en muchos de ellos sentimientos de ternura y compasión que puede ayudar a la reinserción. El gatito puede funcionar como el oso de peluche que tal vez nunca tuvieron en la infancia. El felino puede representar al propio preso en su indefensión infantil.
En el Centro Correccional de Pendleton en Estados Unidos se implementó el programa Forward (Felines and Offenders Rehabilitation With Affection, Reformation and Dedication) adoptan gatos que pueden ser cuidados por los presos. Experiencias similares se han llevado a cabo en Santiago de Chile y en el sur de Indiana. En todos los casos se observa una reducción de la reincidencia y mayor bienestar psicológico en los internos.
En mi experiencia con adolescentes delincuentes (Can Cuguls, Vilafranca, Catalunya) pude comprobar que detrás de la máscara de prepotencia y poder se suele esconder un niño carenciado afectivamente con historias familiares muy duras.
La ternura sin palabras del animal, el acercamiento afectivo que se produce de forma espontánea, puede servir sin lugar a dudas para restañar antiguas heridas emocionales. Los gatos intuyen los momentos emocionales humanos y silenciosamente dan cariño. Una idea excelente.
1. San Fermines de Pamplona, 2016.



