Una mujer camina, con mascarilla incluida, cerca de plaza Esteve. duarante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA
Una mujer camina, con mascarilla incluida, cerca de plaza Esteve. duarante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA

Hay tres prácticas que hemos recuperado y fortalecido en esta pandemia aunque ni siquiera sepamos que las hemos recuperado. Estas tres prácticas son: (a) La necesidad imperiosa de la acción colectiva, (b) La necesidad imperiosa del apoyo mutuo y la cooperación, (c) La necesidad imperiosa de los bienes comunes.

No son ideas o creencias sino dispositivos prácticos, eso que los entrenadores deportivos llaman automatismo. Algo cuasi instintivo en momentos de alta incertidumbre y riesgo. Es esta tendencia innata a la cooperación que hemos detectado en numerosas ocasiones en muchas otras especies, y también en la especie humana, cuando medimos reacciones tempranas ante la injusticia o la desigualdad, como se ha demostrado en la teoría de juegos evolutivos o en los juegos del ultimátum, del dictador o en el dilema del prisionero.

La pandemia ha supuesto un formidable entrenamiento de estos dispositivos innatos que conocíamos muy bien en comunidades locales pero no a escala planetaria como en esta pandemia. Los precedentes más cercanos han sido las movilizaciones populares en tiempos de guerra. El estado del bienestar europeo se consolidó a partir del fin de la II Guerra Mundial como nos mostró Ken Loach en el El espíritu del 45. Y si la guerra es el lado oscuro de la cooperación social (la cohesión agonística contra el enemigo común), en este caso no se trata de una bando o contra otro; sino de una movilización de especie, la primera de la historia.

No ha sido el producto de ningún programa de ideas y de acciones en defensa de algo o de alguien, sino una reacción instintiva de una humanidad globalizada por las redes de comunicación. Antes de que exista una globalización política o jurídica, hay ya un pueblo digital mundial y la reacción ante esta pandemia ha sido su primera acción colectiva. Si las movilizaciones contra la invasión de Iraq fueron la primera manifestación de una opinión pública internacional, la respuesta ante la pandemia es la primera acción colectiva global de un entidad que ya no es solo opinión sino acción, pueblo.

Estamos ante el primer estadio de la última fase del ciclo democrático y republicano que comenzó con la aparición del concepto de soberanía popular en las revoluciones francesa y norteamericana. El pueblo ya no es la nación sino la especie. Tener conciencia política de especie es fundamental para superar el especismo y poder formular una estrategia de cooperación con las otras especies y la totalidad de la comunidad biótica. Esto es lo que hemos adquirido en esta pandemias la primera forma de conciencia política de especie.

La materialidad donde se ha encarnado esta conciencia política de especie ha sido digital. A pesar del enorme caudal de ruido que fluye en las redes, solo en el espacio virtual era posible la coordinación reflexiva de una especie enormemente compleja y cortocircuitada por la caótica globalización neoliberal. La general inteligencie de la especie hecha pueblo solo podía articularse en el espacio digital y por eso no debería de extrañarnos que esta reacción haya venido forzada por la globalización digital, que es el reducto de inteligencia colectiva que hay dentro de la globalización económica.

La respuesta inaudita a la violencia policial en USA hay que situarla en la cola de este destello luminoso. No ha sido solo una reacción de la comunidad negra contra el racismo como hemos visto otra veces, va mucho más allá de la etnia y del país, es un grito de especie por la universalidad de los derechos. Mauss hablaba del hecho social total, para referirse a acontecimientos que implican a todos las dimensiones, estratos y espacios de las relaciones sociales, pues bien la reacción contra la pandemia es el primer hecho social total de la humanidad como especie. Un salto civilizatorio se está alumbrando en medio del caos. Hegel ya nos dijo que cuando la noche era más oscura, es cuando el lucero del alba está más cerca.

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