Cosas de mujeres

Voy a seguir hablando durante mucho tiempo de las múltiples temáticas que en torno a las “cosas de mujeres” existen y son de interés para mejorar una sociedad en la que estamos todos y todas.

Diana Quer, en una imagen de archivo.
Diana Quer, en una imagen de archivo.

Esta semana se inicia uno de los juicios que seguro será el más mediático de la temporada, con su buena dosis de amarillismo y mala literatura: el de El Chicle, José Enrique Abuín, por el asesinato y violación de Diana Quer.

Prepárense para ver, paso a paso, cómo se disecciona y analizan todos los detalles de la vida y la salud mental de la joven asesinada, la del presunto asesino y especialmente la de lo que queda de la mal avenida familia de la joven Quer, convertida por múltiples y atractivas razones –entiendan mi ironía— en carne amarilla de cañón.

Pero no desvíen, por favor, la atención de lo que verdaderamente importa en este caso: una mujer más asesinada por el hecho de serlo, probablemente tras ser violada, aunque es muy posible que este extremo no pueda demostrarse, dados los casi 500 días que pasó el cuerpo escondido y sumergido.

Un asesinato –aunque El Chicle siempre ha sostenido a través de diferentes versiones que fue accidental— que sirve para recordarnos que en lo que llevamos de año ya van otras 49 mujeres asesinadas en nuestro país. Unas cuantas más que en todo el año pasado.

Alguien de mi entorno me ha preguntado si iba a escribir otra vez de “cosas de mujeres”, como si las cosas de mujeres no fuesen cosas que nos competen a toda la sociedad en su conjunto o como si no tuvieran interés en sí mismas.

Es curioso percibir cómo nos empeñamos en diferenciar dos realidades: la que tiene que ver con lo relevante, con lo que cuenta o marca; y luego está la de las cosas de las mujeres, que se empeñan, nos empeñamos, en destacar, opinar, quejarnos, reivindicar el valor de nuestro trabajo y, sobre todo, pedir que dejen de matarnos.

Por duro que suene, así parece que es la cosa.

Está el fútbol, sin más calificativos; y después el aburrido fútbol de las mujeres – José María García dixit—; la política y luego las cuotas en las que nos encajan, porque sí, aunque no sirvamos; la historia de la literatura con grandes nombres masculinos y luego algunas autoras sueltas por ahí, que han escrito cosillas. Por supuesto, están en el lenguaje y en la mente el “cabeza de familia” y después quienes se han dedicado “a sus labores”, a “no trabajar”, es decir, a todo lo demás. Síganme la ironía de nuevo, por favor.

Hace ya cerca de medio siglo que la investigadora, economista y socióloga Ángeles Durán puso cifras al valor del trabajo doméstico y a lo que ella llama “economía de los cuidados” en nuestro país; y aunque yo no diría que las cosas siguen igual, continúa siendo absolutamente imprescindible poner el foco sobre las múltiples desigualdades, desde la más aparentemente inocua hasta la más brutal y asesina, de las que somos víctimas las mujeres por el simple hecho de serlo.

Por cierto, la de Durán es una trayectoria absolutamente impresionante, que merece la pena conocer y reconocer, sea mujer u hombre. Y dado que todas las disciplinas adolecen de un sesgo histórico y estructural masculino; si no les parece mal, yo voy a seguir hablando durante mucho tiempo de las múltiples temáticas que en torno a las “cosas de mujeres” existen y son de interés para mejorar una sociedad en la que estamos todos y todas.

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