La Junta pide que el curso que viene no se exija mascarilla en el recreo y en clases de educación física.
La Junta pide que el curso que viene no se exija mascarilla en el recreo y en clases de educación física. MANU GARCÍA

El anuncio del Gobierno de suavizar progresivamente las medidas de confinamiento empezando por los más pequeños, a partir del día 26 de abril, nos ha provocado una sensación de euforia y a la vez un gran desconcierto. ¿Por qué nos angustia tomar decisiones y nos paralizamos ante este hecho? Parece que necesitemos instrucciones claras y concisas sobre qué y cómo hacer porque no tengamos autonomía de reacción, y así es; efectivamente, es uno de los efectos de estar en una situación de alerta contenida. Para nuestro cerebro ante todo lo importante es mantenernos a salvo del peligro detectado, nuestra respuesta a la alerta anula otro tipo de conductas adaptativas a situaciones que en cualquier otro momento sabríamos resolver sin el mayor esfuerzo. De ahí que el proceso de reincorporación a nuestras vidas va a necesitar de unos recursos nuevos que no utilizábamos anteriormente, como son la planificación, el ensayo mental y la previsión de errores:

1-Planificamos nuestras salidas según la prioridad de nuestros intereses: por ejemplo, hemos decidido salir los martes porque podemos hacer la compra de pescado a la vez que las demás compras, o elegimos la hora de salida en función de cuando hay menos gente en el súper, llevamos una lista de compra que vamos confeccionando toda la semana para que no se olvide nada…

2- Con el ensayo mental, visualizamos antes de salir de casa si llevamos todo: mascarilla, guantes, llaves, lista… Incluso decidimos mentalmente el recorrido que haremos, si nos interesa más ir primero a la farmacia y luego al súper…

3- Nos hemos vuelto precavidos y tenemos un plan B por si nos falla algo establecido con anterioridad.  Buscamos en nuestra mente alternativas de donde ir si nos encontramos cerrado el comercio que necesitamos o llevamos encima la receta para enseñársela a la policía por si nos requiere justificante…

Ahora funcionamos así ante las nuevas exigencias externas.

Pues bien, vamos a adaptar ahora estas reglas adaptativas  a las salidas de nuestros hijos de casa

1.-Planifiquemos.

Lógicamente, esta planificación va a ser diferente en las familias de  dos o más hijos  de distintas  edades que en  las de uno solo. Igualmente según la edad de los niños y las condiciones de nuestra vivienda y de nuestro barrio. Y por supuesto,  según la situación de vulnerabilidad de nuestra comunidad: no es lo mismo vivir en una gran ciudad con alto indicie de afectados,  que en un pueblo con  cero  casos de Covid-19 detectados. Pero sí podemos seguir una serie de reglas generales  y desarrollarlas con el sentido común según todas las circunstancias que nos rodeen.

La salida no es un abrir las puertas y “¡vamos a correr!”, porque ante todo hemos de ser responsables con la salud de nuestros hijos y no podemos olvidarnos que si hemos soportado esta cuarentena ha sido para preservarla por encima de todo. Así que sigamos haciéndolo. El objetivo de la salida infantil es doble, por una parte para reforzar su salud, mediante la exposición al aire libre y al sol, y por otra para posibilitar su desarrollo psicológico con normalidad, al estar en contacto con estimulaciones externas a las familiares, pero con una reducidísima posibilidad de estimular la socialización. 

Según esto vamos a ver las posibilidades que tenemos en nuestro entorno en relación a la edad de nuestros hijos. Si tenemos azoteas o patios o jardines (particulares o comunes) los utilizaremos para promover el movimiento y la relación estimular. Sobre todo si son pequeños, tendremos que salir con algún juguete que proporcione esa posibilidad de movimiento: ciclos, balones, coches, lanzadores…, e incluso podemos tirar de imaginación y de recuerdos, y llevar una tiza para dibujar rayuelas en el suelo,  un elástico o cuerda para jugar a la comba (mira por donde recuperar los juegos de nuestra infancia nos va a ser útil).

Hay que tener en cuenta que en la salida los compañeros de juego de vuestros hijos sois vosotros, pues los tenéis que tener cerca y controlados en todo momento,  por lo tanto más vale que lo llevéis todo preparado, pues  no es una salida para “relajarnos nosotros”; si bien el padre/madre que se quede en casa   puede aprovechar para relajarse, de ahí la necesidad de turnarse en las salidas. 

Si vuestros hijos tienen edades muy diferentes, y por tanto  necesidades y  motivaciones distintas, podéis alternaros en las salidas,  para  satisfacer las necesidades de cada uno adecuadamente. No pretendáis que un niño de 12 años salga para acompañar a su hermano con el autociclo por la acera, o que uno de dos años  salga de  “paseo” por el barrio durante  30 minutos agarrado de la mano del hermano.

2.- Ensayo mental.

Una vez que hemos planificado cuándo vamos a hacer la salida, a dónde iremos, quiénes vamos a ir juntos,  quiénes se quedan en casa, qué vamos a llevar, cuántas veces vamos a salir a la semana y cuánto va  a durar la salida…, lo  ponemos en común con nuestros hijos y  repasamos todo para que  quede claro. Sabremos antes de salir que:

-Llevaremos o no guantes, o mascarilla (en principio nada aconsejable por la imposibilidad de que hagan buen uso de ella y se convierta y un agente de riesgo)

- Iremos al lugar previsto y NO a OTRO.

- Saldremos las personas que hemos decidido y se entenderá que no podemos ir todos a la vez.

- Un día  llevaremos unos  juegos y otros días otros, pero no todos cada  vez.

- El tiempo que vamos a estar fuera ha de explicarse según la edad y el nivel de comprensión de cada niño/a,  y dejar  claro que cuando se ha acabado el tiempo hemos de volver, no hay prorrogas.

- Se establece cuántas veces y con qué periodicidad saldremos a la semana, para que sepan que volverán a salir pronto.

Una vez lo tenemos puesto en común y consensuado con ellos estamos casi listos para nuestra salida. 

Hasta los más pequeñitos van a entender lo que le digáis y van aceptar mejor volver a casa si tenemos todo bien aclarado antes de salir. Tened en cuenta que “pasear”, cómo nos dicen en las noticias oficiales, sólo lo van a hacer  los bebés,  que aún no son autónomos en sus movimientos y los llevareis en carritos o en mochilas. A partir de que hay movimiento con autonomía hay cerebro evolucionado que acepta y entiende indicaciones y responde en consecuencia.

3.-Previsión de errores, o plan B.

Con una programación  tan detallada   ¿qué puede salir mal? Pues para empezar podemos coincidir en la salida con vecinos y con otros niños y generar una situación difícil, ¿Qué hacer? Pues ante todo ser los adultos los responsables de cualquier situación imprevista. No podemos responsabilizar a los niños  de cumplir con las medidas de distanciamiento social  y con lo acordado en casa. Somos   los adultos los únicos responsables del éxito de la salida y de que sea un momento feliz para todos. 

Hay que evitar volver a casa enfadados diciendo “no volveremos a salir, porque  no sabes compórtate”. (Claro que no saben comportarse en estas circunstancias, son tan nuevas como para los adultos y necesitan su tiempo para aprenderlo e interiorizarlo).

Puede haber accidentes y que se produzcan daños leves (heridas, rasguños, magulladuras...) Podemos llevar recursos como tiritas o desinfectante para que este esperado momento de salida no se nos fastidie y  evitar el  “te dije que no corrieras, lo ves, ahora tenemos que irnos a casa”… ¡Cómo no van a correr…!  Para qué hemos salido si no,  se preguntará nuestro hijo. ¿No  puedo correr en casa, ni en la calle…?

Un plan B siempre es un seguro para que nuestras salidas sean un momento positivo en la relación con nuestros hijos/as y no un elemento de estrés más de esta etapa que estamos viviendo. Si no  lo llevamos apuntado podemos tirar de paciencia y creatividad y,  serenamente,  decidirlo sobre la marcha siempre desde la comprensión y la empatía con las necesidades de nuestros hijos e hijas,  y dejando a un lado ese sentimiento de impotencia que nos invade a todos por estar enfrentándonos a algo desconocido.

No olvidemos dos cosas, que las salidas han de ser algo positivo y bueno para los niños y niñas, por lo tanto tendremos que preguntarles si quieren salir y cuando, no se trata de una obligación. Sobre todo en los ambientes donde ellos están disfrutando de juegos y la compañía permanente de sus padres, puede que nos encontremos con la sorpresa de que haya que convencerlos y para ello necesitaremos de nuevo creatividad y hacerles ver que es una oportunidad de juego y de pasar un rato divertido.

Y por otra parte, los niños no están ajenos a las informaciones que se escuchan en casa y a los comentarios de los adultos, llevan días escuchando que es peligroso salir, y puede que nuestros hijos hayan interiorizado ese mensaje de peligro, si es que en nuestras casas se ha vivido con angustia y con excesiva preocupación, ellos tendrán su propia idea de “peligrosidad” que no sabrán comunicarnos de otra manera que con su rechazo a la salida, y de nuevo aquí necesitamos , empatía y saber transmitirles seguridad, con amor y paciencia como lo estamos haciendo hasta ahora.

María Ángel García Cardenas es psicóloga y directora del Centro de Educacion Infantil La Tortuga (Jerez).

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