Las combatientes. Las olvidadas. No las olvidemos

Las mujeres y las niñas son las que viven eternamente en peligro por los extremistas. El riesgo lo llevan desde que nacen por ser mujer, tanto que en Afganistan el suicidio quemándose es el método más utilizado

La concentración en apoyo a las mujeres de Afganistán en la plaza del Arenal de Jerez
La concentración en apoyo a las mujeres de Afganistán en la plaza del Arenal de Jerez Candela Núñez

Las combatientes son cuatro mujeres en tiempos de guerra. Cada una con su historia, su pasado y el sufrimiento que cae sobre ellas y su mundo en tiempos de una guerra infernal. Da igual que batalla sea, pero en esta ocasión les ha tocado vivir la Primera Guerra Mundial.

Ellas no se amedrantan, son luchadoras, nadie las protege salvo ellas mismas.  Las combatientes, es una serie de Netflix que se ve casi del tirón y piensas cómo pueden vivir tantas vicisitudes tan horribles. 

A estas mujeres les pasan unos sucesos tremendos,  pero tan creíbles como que en una guerra las mujeres además de ser, también, víctimas se colocan al frente para salvar vidas y son parte activa del horror de la batalla y sus consecuencias.

Las mujeres han sido las grandes olvidadas a lo largo de la historia, en las guerras también. Las silenciadas, pero sus vidas han sido de lucha, coraje y supervivencia, de resistencia y protección a la familia. En los trabajos que los hombres abandonaban cuando se iban al frente; en el campo, fábricas, industrias sector bancario, conductoras de ambulancias y transporte público o camiones, operadoras de radio y cómo no enfermeras. 

En la guerra civil española miles de milicianas estuvieron en el frente

junto al ejercito republicano, optaron por luchar para que no se perdieran los derechos conseguidos en tiempos de la Republica.  Cuántas mujeres participaron en la resistencia arriesgando sus vidas o sufriendo las consecuencias cuando el bando enemigo llegaba a la población vencida.

Todas las guerras traen sufrimiento humano y las mujeres directa o indirectamente la han padecido y la siguen sobrellevando, porque son el último eslabón de esta catástrofe. 

Si miramos atrás vemos fotografías en blanco y negro, nuestra memoria nos lleva a otros siglos. Pero actualmente en pleno siglo XXI y entrado ya el 2023, cuántas mujeres hay padeciendo ese olvido, enterradas en vida en unas guerras eternas e inútiles o en una formas de existencia que ni en la Edad Media. 

Ellas, encerradas, privadas de total libertad, obligadas al mandato y decisiones crueles del hombre que ejercen todo poder sobre su cuerpo y mente, libran una batalla aún peor porque no tienen el poder de decidir.

No tienen rostro, no tienen voz y viven con mucho miedo porque viven con la decapitación o la lapidación sobre sus pobres y míseras vidas. 

Las mujeres, siempre las más afectadas cuando se violan y se limitan los derechos humanos.

Si tenemos que estar en alerta para no retroceder en ninguno de los derechos que tanto dolor y esfuerzo costó conseguir a lo largo de los años, en el caso de las afganas o iraníes es un inferno. Por la represión en la que viven, por el tipo de régimen cruel que gobiernan sus países basado en una interpretación de la Ley Islámica que se remonta al siglo VII. Una disquisición que sufren con mano de hierro y de muerte.

Las mujeres y las niñas son las que viven eternamente en peligro por los extremistas. El riesgo lo llevan desde que nacen por ser mujer, tanto que en Afganistan el suicidio quemándose es el método más utilizado. 

Condiciones, que por mucho que nos cuenten, no podemos ni imaginar cómo será su día a día. No olvidemos que les han quitado la identidad, la dignidad. Lo más preciado que tiene el ser humano; la libertad. 

No las olvidemos. 

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