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En la última época de Teófila Martínez en la Alcaldía, lo habitual era que durante los plenos municipales se insultase y se impeliera al equipo de gobierno desde la zona reservada para los ciudadanos. Casos como el de Milagros Arzúa u otros similares acapararon la atención incluso de los medios de comunicación nacionales. Algunos de estos ciudadanos indignados consiguieron su propósito: conseguir una vivienda saltándose los protocolos, obtener licencias de venta ambulante u otras muchas cosas.

Con el cambio del equipo de gobierno tras las municipales de 2015, en las que José María González (no me parece apropiado dirigirme a mi alcalde con un mote tabernario) alcanzó la Alcaldía gracias a la abstención del PSOE y a la coalición con los comunistas (que ahora se presentan como Ganar Cádiz en Común), los altercados en los plenos cesaron, entre otros motivos porque algunos de los que los instigaban se habían convertido en concejales y ahora estaban al otro lado.

Sin embargo, muchos de los ciudadanos que gritaban enfervorizados el día de la constitución de los consistorios Kichi Salvochea (a la vez que intentaban agredir a la alcaldesa saliente), al ver que el equipo de gobierno no llevaba a cabo nada de lo que había predicado, pasaron de ser aliados a convertirse en adversarios de los que hasta hace poco les habían acompañado o incitado a dar la nota en los plenos; llega un momento en el que la simpatía y vestir la camiseta del Cádiz no es suficiente.

Como no podía ser de otra forma, los miembros de los partidos que gobiernan en coalición tacharon de "intolerables" las interrupciones en los plenos cuando algún ciudadano les increpaba mientras estaban en el uso de la palabra. Los que con Martínez defendían a ultranza el derecho al insulto y la descalificación amparándose en la libertad de expresión, pasaron a censurar estas conductas e incluso a desalojar a los ciudadanos díscolos, utilizando para ello a la Policía Local.

Es cierto que el Ayuntamiento de Cádiz había acumulado desde que comenzó la crisis una deuda importante, y que el actual equipo de gobierno ha logrado reducirla y equilibrar las cuentas, aunque la realidad es que poco mérito tiene reducir el pasivo en una época de crecimiento económico a base de paralizar la inversión y reducir el gasto social (un 20% en 2016 según los datos de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales). Como dice el refranero: pan para hoy y hambre para mañana.

Lo que es innegable es que José María González está haciendo todo lo posible por ser el alcalde de todos los gaditanos y no sólo de sus votantes. Prueba de ello es su actitud en la concesión de la medalla a la Virgen del Rosario y su respetuosa actitud ante cualquier tema cofrade o eclesiástico, a pesar de no ser una persona creyente. En cualquier caso, y coincidamos mucho o poco con González, la realidad es que es un hombre que se muestra coherente con sus postulados y que es capaz de respetar a los que no piensan como él, algo poco habitual en política. Bienvenidos todos a estas Esquinas de Cádiz.

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