De cómo se destruye el mundo, pero podemos sobrevivir

Debemos volver al multilateralismo, es nuestra única posibilidad. Parece fundamental salir del eje de los Estados Unidos y espolear a la vieja y moribunda Europa

05 de enero de 2026 a las 09:40h
Una concentración en apoyo a Venezuela.
Una concentración en apoyo a Venezuela. MANU GARCÍA

Se comprende que la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente hayan ensombrecido la terrible catástrofe de Crans-Montana, en Suiza, aunque sería irresponsable olvidarla. Lo ocurrido en el bar Le Constellacion no es solo una tragedia, como si simplemente se hubiera tratado de una catástrofe natural. No lo fue. Como no lo fue lo ocurrido en República Cromañón el 30 de diciembre de 2004, y las líneas paralelas entre lo ocurrido en la ordenada Suiza y en la desordenada Buenos Aires son, en muchos puntos, cercanas.

La catástrofe en dolor y vidas humanas me compungió y un mecanismo de defensa y de empatía me hizo seguir la noticia; pronto brotó en mí un grito de indignación. Cuando un periodista preguntó a la Fiscala General de Wallis, cantón suizo, si la única escalera de salida no sería demasiado estrecha, la Fiscala saltó como accionada por un resorte y repreguntó al periodista, con injustificable porfía, “defina usted qué es estrecho”. Aquí el video, minuto 4:40. La misma fiscala que acusó luego por presuntos delitos a los propietarios del bar, entre otras cosas, por la eventual estrechez de la maldita escalera. Un recubrimiento del techo prohibido en Austria, según informaba ZIB2, ¿y en Suiza?: en República Cromañón el falso techo inflamable fue el acelerador del incendio y convirtió la sala de conciertos porteña en una cámara de gas. ¿Inspecciones? Menores de edad. “Defina usted qué es estrecho”. Nunca olvidaré la porfía arrogante de quien debía haber mantenido discreto silencio, en mi opinión.

Desde hace tiempo se vienen desarrollando tics de uso del poder, en casi cualquier nivel, que lo han convertido en solo agresión, cuando el poder podría y debería ser posibilidad para crear el mayor bienestar posible a la mayor cantidad de personas posible. Es aquí donde se cruza el puro uso retórico del poder que, no nos engañemos, siempre tiene consecuencias, y el uso de la violencia más despiadada disfrazada de poder gracias al uso de una retórica que ya Platón calificó de sofisma. O sea, según Trump, Maduro sería un narcoterrorista que amenaza la seguridad de los Estados Unidos y la vida de sus ciudadanos, al mismo tiempo que el mismo Trump indulta al condenado a cuarenta años por narco Juan Orlando Hernández, aquí, y lo libera de una cárcel estadounidense.

Del sofista, sin embargo, hemos pasado a escuchar argumentos de brocha gorda que, sorprendentemente, convencen a demasiada gente muy poco avisada pero con arrogancias catedráticas. Demasiado lugar para decir cosas a todas horas, y cuando se habla tanto solo pueden ser muchas y muy graves las burradas; el burrismo se extiende y las fuerzas oscuras hacen su agosto. Esta es la razón por la que merece la pena seguir defendiendo las verdades. Una señora era entrevistada en la estación de Retiro, Buenos Aires, mientras negaba que la economía estuviera hecha un harapo, y glorificaba desaforada que Cristina Fernández estuviera presa, once personas saltaban detrás de ella los molinetes porque no se pueden pagar el boleto del tren. Que alguien esté preso es triste, y Cristina Fernández lo está por un proceso todo lo contrario que justo.

Un venezolano entrevistado en el Obelisco de la Avenida 9 de Julio, glorificaba a Trump y a Milei, protestaba contra sus anfitriones argentinos y los llamaba a trabajar y dejar de quejarse, aquí, porque Milei es lo más, y para quien quiere trabajar hay laburo. Los datos oficiales del Indec desmienten tajantemente al venezolano desagradecido y poco amigo de la democracia liberal: debe poder opinarse contra Milei también. Los liberales son cada vez más neoliberales y los neoliberales, más fascistas: en esto sí funciona la teoría del derrame. La idea de que el liberalismo es legítimo y el comunismo no lo es, según no pocos gritadores, es la demostración más clara de la idea de libertad que tienen los liberales: una que no implica libertad. El problema de Venezuela es que Maduro se robó las elecciones y los Estados Unidos lo vienen sometiendo a un bloqueo-embargo ilegal, como a Cuba, aparte de las limitaciones para la gobernanza que su gobierno y él mismo presentan. Que Maduro es un dictador, para mí, no tiene duda. Fue Pinochet, en Chile, quien se robó las elecciones en nombre del liberalismo y de los EE. UU.

Estos días, especialmente desde la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente; hay fuentes que hablan de alrededor de ochenta civiles y militares asesinados. Estos días leo sobre un fascismo imperial como algo novedoso, cuando el fascismo lo fue siempre, imperial: el italiano, el alemán y el español. Ni qué decir del japonés. Tampoco hay demasiadas novedades en el comportamiento de los Estados Unidos en cuanto a su liberalismo. Lo que ahora ocurre con Trump, y con Marco Rubio, la mano que mece la cuna, es solo que no creen que necesiten disimular su lenguaje tabernario violento. Un presidente, Trump, condenado al que se le levantan las condenas porque ha sido elegido presidente, cuando la lógica debería haber aconsejado, seguramente, lo contrario. Un presidente partícipe en los famosos archivos de Epstein. Un presidente déspota: L'État, c'est moi, El estado soy yo. La Ley soy yo, dicen ahora los liberales por boca de Trump.

Cañones y mantequilla, el más perverso nombre para una teoría del desarrollo económico que se le atribuye nada menos que a un secretario de Estado estadounidense, Bryan, y que más tarde resurgiría con Göring. Hoy es Trump, con su Marco Rubio, quien vuelve a comprender la economía entre los cañones y la mantequilla, y se inclina por los cañones para quedarse con el petróleo venezolano, algo dicho por él mismo, y con la mantequilla: millones de personas sin comida y sin hogar.

Casi no nos quedaba nada para empezar el 20 26 y lo poco que nos quedaba nos lo acaba de destruir Trump en Venezuela. ¿Qué hacemos ahora? Llenar las calles de protestas alegres, pacíficas, pero decididas, y abrazar a tantos hermanos estadounidenses. Exigir que nuestros gobiernos planten cara a la ilegalidad y al delito nos hará fuertes, nos permitirá salir de la frustración en que muchos se hallan, cultivaremos entre todos una alegría que fuimos abandonando desde hace demasiado tiempo. Si la ONU y la OEA no pueden más, y la UE no puede nada, ¿por qué no apoyamos a Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España? La sociedad española, en especial, debería volcarse en apoyo a ese comunicado, aquí. Llenemos las plazas hasta que toda esta locura acabe.

Debemos volver al multilateralismo, es nuestra única posibilidad. Parece fundamental salir del eje de los Estados Unidos y espolear a la vieja y moribunda Europa: espolearnos a nosotros mismos. Acompañar para que se alumbre una alianza latinoamericana. Debemos permitir que sean los propios actores de la región quienes encuentren las soluciones a sus problemas mediante el diálogo y la idea de un bienestar para todos y no solo para unos pocos. Multilateralismo no solo para el mundo sino para el interior de las sociedades.

La idea de invencible que quiso presentar Trump de sí mismo frente a Venezuela, con toda su épica de opereta, puede atragantársele y hay muchos estadounidenses deseándolo, empezando por Mamdani, aquí. Las amenazas contra la vicepresidenta venezolana, “Si no hace lo correcto, pagará un precio más alto que Maduro”, ¿qué significan? Significan esto: “Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., rechazó trabajar con la oposición venezolana porque "la mayoría no está en el país" y sostuvo: "Esperamos ver mayor cooperación y obediencia", aquí. Y al que no obedezca, Trump le promete un precio más caro que solo secuestrarlo y encarcelarlo.

La lista de fracasos que sufrieron varios presidentes de los Estados Unidos en su deseo colonizador del mundo es mucho más larga de lo que parece, aunque haya habido muchas fortunas que repartir. El caos que intenta provocar Trump en Venezuela puede ser terriblemente letal. El editorial de The New York Times, en español aquí, desde el interior de la sociedad estadounidense, debería ser atendido para darnos cuenta de que Trump no es el amanuense del destino. El caos mundial que acaba de producir la invasión de Venezuela intenta una estrategia: Rusia se queda con Ucrania, China con Taiwan, Israel con Gaza, y siga la rueda. La violencia que Estados Unidos proyectó en el pasado sobre todo hacia el exterior se convirtió con Trump en violencia hacia el interior con los ICE y la militarización con la guardia nacional.

¿Qué nos queda? Nos queda vernos juntos ante el desastre, compartir nuestra resistencia como acto de supervivencia; llenar todas las plazas y abrazarnos todos para espantar a todos esos demonios que acechan en las sombras de la política violenta y delincuente. Solo el intento nos permitirá vernos libres y cambiará enorme cantidad de cosas. Debemos volver a escribir nuestras propias leyes y hacerlas cumplir con justicia. Que cada quien haga lo que pueda.

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