"Nicolás Maduro: Música" by Eneas De Troya (CC BY 2.0).
"Nicolás Maduro: Música" by Eneas De Troya (CC BY 2.0).

Cinco mil tropas a Colombia. Eso decía la anotación que el asesor de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump, John Bolton, dejó entrever durante una conferencia de prensa. Un error quizá calculado, que no hace más que agregar tensión a la situación que atraviesa Venezuela desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente de Venezuela. Si bien su aspiración política ha quedado clara, poco se sabe de cuáles serían las medidas que Guaidó tomaría para sacar al país latinoamericano de la grave crisis económica, social y humanitaria que atraviesa. Mientras tanto, desde Estados Unidos, juegan todas las fichas para desestabilizar al mandato de Nicolás Maduro, incluso amenazando con una intervención militar. “Todas las opciones están sobre la mesa”, sentenció Trump asegurando que desde el norte, harían todo lo posible para terminar con el gobierno de Maduro. Con este juego de amenazas en el foco, han quedado relegadas las necesidades de un pueblo golpeado y sus posibilidades de salir adelante.

Durante años, la situación en Venezuela ha sido objeto de análisis a nivel internacional. Con Estados Unidos al mando, la comunidad internacional ha pasado tiempo debatiendo qué hacer con Venezuela. Aunque las posibilidades de una salida pacífica a la crisis quedaron estancadas una vez que Estados Unidos tomó la posta y comenzó a imponer duras sanciones contra el gobierno venezolano, logrando así que la economía del país latinoamericano terminara de colapsar.

En palabras del primer experto independiente de la ONU en visitar Venezuela en 21 años, Alfred-Maurice de Zayas, “las sanciones matan”. Durante su misión en Venezuela, De Zayas constató que más allá de la dependencia interna del petróleo y la corrupción, la economía venezolana había sido duramente golpeada por la “guerra económica” practicada por Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá.

La escasez de alimentos y medicinas en Venezuela, causada en parte por las propias sanciones impuestas por Trump, a su vez le ha sido funcional al gobierno estadounidense para seguir sosteniendo su discurso e impulsar un cambio de régimen. Mientras las autoridades europeas seguían debatiendo sin éxito, qué actitud tomar con respecto a la situación en Venezuela, Estados Unidos sorprendió anunciando que apoyaría una eventual presidencia de Juan Guaidó. Casualmente, días después, Guaidó salió a las calles y se auto juramentó como presidente interino de Venezuela.

Rápidamente, las posturas de los diferentes gobiernos comenzaron a hacerse notar. Frente al anuncio de Guaidó, hubieron tres tipos de reacciones. La más evidente fue la de aquellos gobiernos como los de Estados Unidos y Brasil, que salieron a respaldar su presidencia. Menos evidentes, fueron la de las autoridades europeas que con cautela decidieron que tomarían una decisión en conjunto. Finalmente, la Comisión Europea decidió no darle valor a la autoproclamación de Guaidó y exigir que se realicen elecciones presidenciales inmediatamente. Otro grupo menor, decidió desconocer las acciones de Guaidó y respaldar firmemente el mandato de Nicolás Maduro, quien no hay que olvidar, fue reelecto en mayo del año pasado.

Por su parte, Nicolás Maduro ya anunció que no cumplirá con el plazo impuesto por la Unión Europea y que no celebrará nuevas elecciones presidenciales. Sin embargo, dejó entrever la posibilidad de llevar a cabo elecciones legislativas anticipadas. Maduro aseguró que esa es la única forma de establecer una discusión política y resolver la situación a través del voto popular. Pero seguramente esta buena voluntad, será desacreditada por la Unión Europea, que correrá un peligro aún mayor si decide finalmente reconocer la presidencia de Guaidó.

Estar o no de acuerdo con el gobierno de Nicolás Maduro, con su capacidad de liderazgo, con las medidas tomadas hasta el momento, no le da el derecho a ningún país extranjero a reconocer a otro presidente que no ha sido elegido democráticamente bajo un sistema de elecciones libres y transparentes. El pueblo venezolano no ha elegido a Juan Guaidó como presidente. Su respaldo se basa en el reconocimiento internacional, liderado principalmente por Donald Trump, y en las manifestaciones que transcurren en las calles. Pero la presidencia debe ganarse a través de las urnas. El reconocimiento de la autoproclamación de Guaidó, significa pasar por encima de la Constitución venezolana e interferir en la situación interna del país.

Cada día que pasa, Estados Unidos acorrala aún más a Maduro, con nuevas sanciones y nuevas formas de presión. Y ahora Guaidó alienta a Europa a hacer lo mismo. “Necesitamos más sanciones por parte de la UE, como lo decidió Estados Unidos”, pidió el autoproclamado presidente. Lo que olvida, o tal vez intenta ocultar, es que además de cercar a Nicolás Maduro, estas sanciones está aislando al pueblo venezolano.

Si hay algo que le faltaba soportar a la sociedad venezolana, era la amenaza constante de una intervención militar. Con la famosa anotación con respecto a las 5.000 tropas, Estados Unidos no hace más que infringir un temor generalizado que busca precipitar la determinación de los países que aún no han reconocido la autoproclamación de Guaidó. Pareciera que el futuro de Venezuela ya estuviese definido. En definitiva, Estados Unidos lo único que acepta es un cambio de gobierno, en sus propios términos y con su propio candidato. Pareciera que ninguna actitud de Maduro hubiese podido frenar esta campaña orquestada desde hace meses por Estados Unidos, de la cual Guaidó es un simple jugador.

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