Cerdos para las perlas

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Óscar Carrera

Estudió filosofía y estética en las universidades de Sevilla, París y Leiden. Ha publicado, entre otros, El dios sin nombre: símbolos y leyendas del Camino de Santiago (2018), El Palmar de Troya: historia del cisma español (2019), Mitología humana (2019) y la novela Los ecos de la luz (2020). oscar.ca[email protected]

Nam June Paik- TV Buddha (1972).
Nam June Paik- TV Buddha (1972).

Dentro de una misma cultura suele suceder que la sabiduría de una época es la superchería de la siguiente. Pero cuando las culturas se cruzan se puede dar el efecto contrario: que la más básica y elemental de sus ideas nos parezca increíblemente profunda. Hoy en día es habitual encontrar conmovedora cualquier declaración de lo que podríamos llamar un inmanentismo dogmático. Las omnipresentes citas de los maestros espirituales más populares dan vueltas en torno a la misma idea: "La Verdad está dentro de ti"; "Toda la realidad es sagrada"; "Todo el mundo es un Buda"; "El verdadero Ser es el Ser esencial de cada uno"... Todo está dentro, todo está ya, no hay nada que hacer salvo darse cuenta. Nos asombramos de lo sabio de tales afirmaciones, y aún más cuando las localizamos en figuras de un pasado remoto, sin darnos cuenta de que más que pensamientos originales y extraordinarios son tópicos de nuestro tiempo, el saber recibido que queremos oír. Esos maestros zen que viajaron a Occidente tras décadas de entrenamiento monástico en Japón se sorprenderían, quizás, al ver que los mayores y más difíciles descubrimientos de sus vidas intelectuales y espirituales eran tomados inmediatamente como evidentes por una audiencia que seguramente se esperaban más difícil de domar.

Esta suerte de inmanentismo nutre una cierta espiritualidad de la complacencia. Las Upanishads y el vedanta hindúes dejan meridianamente clara la correspondencia entre el atman, el núcleo  individual de cada uno, y el brahman trascendental, pero la comprensión intelectual o el deleite emocional en torno a esta idea de que de, algún modo, somos el Absoluto no justifica su realización completa, que tradicionalmente requiere de una vida de estudio y práctica… y probablemente de más de una.  En otras palabras: yo puedo afirmar que la Verdad está dentro de ti, pero estoy seguro de que no está dentro del que te representas cuando digo "ti". La traducción de los conceptos de una cultura a otra se ve viciada por una diferencia de sustratos: uno habla desde la teoría y con suerte la experiencia de un trascendentalismo que rehúye, cuando no rechaza vigorosamente, todo lo contingente y mundanal, y el otro escucha desde la mentalidad moderna según la cual somos poco más que materia y lo que importa en la vida es disfrutarla, no escapar de ella. Así, una misma frase, el famoso "tú eres Eso" (tat tvam asi, en sánscrito) puede ser, en función de cómo se la entienda, tanto una lección que dé un giro de 180 grados a la vida tal como la habíamos conocido hasta ahora como una frase inspiracional más a coleccionar. Lo que se dice y lo que se oye son, en tal caso, cosas distintas.

Otro ejemplo: cualquier maestro espiritual que hoy glorifique, siquiera tolere, la sexualidad, en lugar de, como ha sido tradición en Europa o India, abominar ferozmente de ella, recibirá un seguimiento entusiasta. Puede que se trate de otro gurú calenturiento de escándalo garantizado, pero en ocasiones han llegado a esa conclusión tras numerosos y prolongados experimentos con el ascetismo, el aislamiento o ejercicios espirituales de la tan incomprendida sexualidad sagrada o tántrica. Por supuesto, cabe esperar de una buena parte de sus discípulos que no estén dispuestos a pasar por algo semejante, sino que sólo necesiten el visto bueno de un gurú a que su vida siga como antes.

Un último ejemplo de esta incomprensión mutua la representa la figura del Buda. Como arquetipo, el Buda representa al individuo iluminado, el que ha descubierto la verdad última sobre las cosas. Por ello se presta fácilmente a que cada cual ponga su verdad particular en los labios de aquel que comprendió la Verdad (que, a lo sumo, es la de la llanura gangeática de hace veinticinco siglos). Vemos entonces a respetables académicos representar a Buda como el primer marxista, el primer feminista, el primer científico, el primer ecologista, el primer ilustrado y una interminable serie de extrapolaciones que confirman lo que ya sospechábamos.

Y me da a mí que, en el contexto actual, cuanto más lejos situemos el Ser de ese individuo que con tanto esmero repeinamos cada mañana, tanto mejor para nosotros.

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