Muchas de las fiestas que en España celebramos, tienen una procedencia pagana. Fiestas paganas reconocidas del Catolicismo fueron absorbidas por el calendario católico paulatinamente.
La celebración de origen celta del Samhain se remonta al siglo I antes de Cristo, y continuó hasta los comienzos de la cristianización en Europa, era una fiesta pagana en la cual celebraban el fin de la cosecha y el comienzo del invierno.
Esta celebración es la llamada hoy en día Halloween, palabra derivada de la frase inglesa All Hallows' Eve, que significa "Víspera de Todos los Santos" (31 de octubre).
El calendario católico remplazó esta oscura fiesta pagana de Sahain aproximadamente en el siglo V d.C de una manera gradual por el Día de Todos los Santos.
Previamente, El Papa Bonifacio IV (609 d.C.) ya había establecido una fiesta dedicada a la Virgen María y a todos los mártires en una fecha distinta en el Panteón Romano, y posteriormente el Papa Gregorio III (siglo VIII d.C.) fue quien cambió la fiesta al 1 de noviembre, coincidiendo con la dedicación de una capilla en San Pedro a todos los Santos.
De esta manera la Iglesia Católica redimió esa fiesta pagana.
La celebración de Halloween como se conoce actualmente con disfraces, dulces y calabazas, se hizo popular en Estados Unidos en el siglo XIX con la inmigración de los escoceses e irlandeses, extendiéndose paulatinamente por otros países, incluyendo España.
Otros festejos que procedentes del paganismo seguimos celebrando es la fiesta de los Carnavales.
Sus orígenes algo turbios proceden de las fiestas paganas de la Europa precristiana como las romanas dedicadas al dios saturno y las bacanales dedicadas a Baco.
En ellas se hacían todo tipo de excesos, celebrando la fertilidad y la vida renovada, con disfraces y máscaras cambiaban su identidad y estatus social.
Otras teorías de estudiosos de la historia, opinan que el Carnaval procede de la palabra Carna Baal, fiesta en honor al dios mitológico fenicio y cananeo Baal, los rituales igualmente se realizaban para la fertilización y la renovación, realizando sacrificios hasta de carne humana (niños).
Si nos vamos al latín, la palabra Carnaval vemos que proviene de “carne vale” que significa adiós a la carne, disfrutar de todos los placeres antes de la Cuaresma (cuarenta días de ayuno y penitencia antes de la Pascua).
Al llegar el cristianismo, la Iglesia Católica, ante la imposibilidad de eliminar la tradición tan arraigada de las fiestas, decidió cristianizar el Carnaval; así quedaban los festejos previos a la Cuaresma.
En muchas partes del mundo tienen una importancia turística económica y popular impactante. En nuestro país durante el periodo franquista, se decretó la prohibición total en 1940, temían que disfrazados con máscaras fueran una dificultad para que la policía reconociera a las personas y así anónimamente los (rojos) se aprovecharan para hacer críticas políticas.
La censura política del régimen no permitía burlas a las instituciones o a la Iglesia.
Los carnavales hoy día sirven de crítica de situaciones políticas y sociales ridiculizando a muchos personajes; se utilizan igualmente como ocasión de querer aparentar y ser lo que no se es.
En mi caso, como persona de confesión cristiana protestante respeto, pero no celebro los carnavales.
Como exponente pictórico representativo de los carnavales de la época del gran pintor español Francisco de Goya, podemos ver en el Museo del Prado de Madrid, el famoso cuadro El entierro de la sardina (1812-1819) Representando el cierre del carnaval, la alegría y la locura antes de la Cuaresma quedan en el cuadro perfectamente plasmadas.
Finalmente, la fiesta que me impacta más por su seguimiento entre grupos cristianos, a pesar de llamar a la fiesta con otros nombres, es la fiesta de S. Valentín. Se remonta a las celebraciones romanas de las Lupercales en honor a Lupercus, dios de la fertilidad y que se celebraban el 15 de febrero, igualmente antes de la Cuaresma.
Durante las celebraciones, hombres jóvenes, solteros y mujeres jóvenes solteras, iban desnudos. Los hombres azotaban a las mujeres con tiras de cuero de animales sacrificados en rituales, para así según sus creencias aumentar la fertilidad entre ellos.
En el Museo del Prado en Madrid, podemos ver una representación de la escena de estas fiestas a través de una pintura de Andrea Camassei (Fiestas Lupercales) del año 1635.
En estas escenas se ven rituales sexuales de fertilidad.
Personalmente, creo que no tiene cabida en el mundo cristiano, es celebrada por protestantes, católicos y agnósticos de la misma manera, aunque la llamen los distintos grupos cristianos con otros nombres, como el día de la amistad, etc.
Su carácter comercial rompe el molde del amor desinteresado y diario, y pienso que es por la ignorancia de donde procede esta fiesta antes de que fuera adaptada y adoptada por el calendario Católico.
En el concilio vaticano II, Pablo VI, reformó el calendario litúrgico y retiró la fiesta de San Valentín que hasta entonces estaba incluida como fiesta obligatoria.
Previamente a este dato, se especularon con otros orígenes a fin de redimir esta fiesta pagana igualmente que en otras más que acontecieron.
Podemos ver en la información del portal de la diócesis de Málaga lo siguiente a pesar de relacionar la muerte por martirio de este clérigo llamado Valentín.
Dice el Martirologio Romano (catálogo en el que se contiene la vida sumaria de los santos en la fecha de su fiesta) acerca de San Valentín:
En Roma, en la vía Flaminia, cerca del puente Milvio, san Valentín, mártir.” Por tanto, sabemos que fue un mártir romano del s. III condenado, según la tradición, por casar a jóvenes soldados, algo que estaba prohibido, pues las nupcias hacían que estos jóvenes “no rindiesen en el campo de batalla” como atestiguaban emperadores de la época.
Hechos 17-16 Pablo en Atenas
16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.
