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Si una mujer fuese asesinada por su marido con un objeto punzante, bien con un punzón o un destornillador, 15 días después de su casamiento, y el marido hubiese estado casado previamente con otras tres, la última fallecida de forma violenta, habría múltiples manifestaciones protestando en la calle por ser un asesinato machista y se pediría a gritos que se investigase también la defunción de su anterior consorte, por si su acción fuese reincidente.

Pero esto ha ocurrido al revés. En Alicante, hace unos días, una mujer, recién casada, que supuestamente necesitaba silla de ruedas, fue vista por una agente de Policía forcejeando de pie contra su marido en un aparcamiento que daba a un acantilado, y le clavaba varias veces el arma en el cuello y en el pecho. Cuando la Policía accedió al lugar de los hechos pilló a la mujer de pie, vestida de negro y con unos guantes de látex enfundados, pero ya era demasiado tarde porque el marido yacía en el suelo, muerto, producto de múltiples incisiones.

Ya en mi artículo Presuntas asesinas, en este medio, relaté varios casos famosos de mujeres asesinas ocurridos últimamente a los que habría que añadir el espeluznante episodio de la mujer de Mallorca que mató en 2016 a su marido , lo despellejó y se los dio de comer a sus perros.

De 100 casos de personas asesinadas por sus parejas, casi 15 son hombres. Incluso, esa misma criminalidad se produce desgraciadamente también entre parejas homosexuales, sean féminas o varones. Por otro lado, la población reclusa es mayoritariamente y esencialmente masculina, menos del 9% es femenina. Si este último dato lo extrapolamos al ámbito doméstico, demostraría que hay un ensanchamiento de la criminalidad femenina en las relaciones de pareja. Circunstancia esta que han obviado tanto la Administración como nuestros legisladores, ya que han preferido centrarse exclusivamente en la violencia masculina, por la presión de los lobbies feministas, y no, en cambio, en todo tipo de violencia, marginando una parte de la realidad social.

Estos sucesos nos demuestran que la sociedad en su conjunto falla, al no dar respuesta a todos los problemas. No se puede permitir tantas muertes de hombres sin que se haga nada al respecto. Si solo se visualiza una parte de lo acontecido se falsea la situación. Al poner todo el peso en un lado de la balanza, no se da una solución integral al problema de la violencia en el hogar.

Estos hombres que han fallecido a manos de perversas mujeres se merecen el mismo respeto, el mismo dolor y la misma atención informativa que si fuese al revés. Se echa en falta un plan global contra la violencia doméstica para la protección de todos, independientemente de que se tomen y se acentúen las medidas adecuadas contra la violencia de género (es decir contra las mujeres) por ser de mayor incidencia y número.

Incluso la violencia contra los hombres también afecta indirectamente a las mujeres, porque estos hombres también tienen hermanas, hijas, madres, amigas que también lloran su muerte. No se puede decir que el dolor sea distinto por el mero hecho de ser un varón o una hembra, pero desgraciadamente lo parece. Si queremos una sociedad más igualitaria y justa habría que tomar medidas ante la muerte de tantos hombres. Cada nuevo fallecimiento es un nuevo fracaso. También hay que respetar a las minorías y darles amparo.

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