Leo con una mezcla de estupor e indignación el “artículo”, más propiamente soflama, perpetrado por Raúl Solís, bajo el título “Tú también eres el asesino de Laura”, el pasado día 17, en este mismo medio.

El panfleto de marras aprovecha el tristísimo desenlace de la desaparición de Laura Luelmo, que mantuvo en zozobra el ánimo de todos los españoles bien nacidos durante los últimos días, tras el hallazgo de su cadáver con signos de muerte violenta y, quizá, de agresión sexual (a la hora de escribir estas líneas aún no se conoce el resultado de la pericia forense), y la detención de un sospechoso con antecedentes penales por homicidio y agresión sexual, en estos momentos pendiente de una resolución judicial sobre su eventual imputación criminal, para cometer la vileza de atribuir la autoría (¿moral?) del asesinato de Laura Luelmo nada menos que a la sociedad en general y, más específicamente, también nada menos que a los medios de comunicación y políticos que han lamentado el reciente fallecimiento de Chiquetete, a quienes cuestionan y se oponen a la ley de violencia de género, a los partidos que están negociando un pacto de gobierno con VOX, a quienes cuestionan que haya mujeres que salgan solas a correr, a los medios de comunicación que convierten los asesinatos machistas en una mercancía, a los periodistas que le ponen el micrófono a VOX, a los directores de los medios que entrevistan a los vecinos de la víctima, a quienes se sienten violentados por el movimiento feminista, a quienes recortan recursos contra la violencia machista, a los “canallas” que piden la derogación de la Ley de Violencia de Género y a quienes piden la cadena perpetua; todos ellos un “ejército de infames” por plantear un debate sobre el Código Penal, en palabras del Sr. Solís. Sorprendentemente, no se ha atrevido a incluir explícitamente a los votantes de VOX, aunque es evidente que los incluye implícitamente en los mencionados rótulos de asesinos culpables. Como tampoco se le escapa al lector perspicaz que en esa categoría de “ejército infame” asesino, definida por el Sr. Solís, quedan incluidos, entre otros muchos, los padres de Marta del Castillo y de Diana Quer, quienes también se han pronunciado públicamente a favor de la prisión permanente revisable; así de enorme es la barbaridad sostenida por el Sr. Solís, quien nos deja con el interrogante de saber en cuál de dichos grupos sociales se considera él incluido para auto inculparse.

Vaya por delante que soy jerezano residente y empadronado fuera de Andalucía desde hace muchos años, por lo que no he sido elector en las recientes elecciones andaluzas y, en consecuencia, no he votado a ninguno de los partidos que concurrieron a las mismas, tampoco a VOX, y que no voy a perder mi tiempo, ni el de los lectores, en el sencillísimo ejercicio de rebatir con pormenor las evidentes falsedades, los palmarios excesos, que vierte el Sr. Solís en su libelo. Mejor me centraré en la causa, el motivo, que le ha llevado a proferir semejante exabrupto, ya que eso es, a mi juicio, lo realmente ilustrativo.

Pese a lo que insinúa el Sr. Solís, es evidente que el asesinato u homicidio (la calificación del delito la decidirán, en su momento, los tribunales de justicia) de Laura Luelmo no se puede encuadrar en la mal llamada violencia de género, pues, que se sepa, no ha sido perpetrado por alguien que sea o haya sido cónyuge de la víctima o que esté o haya estado ligado a ella por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia (artículo 1.1 de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género), sino que es un asesinato u homicidio probablemente por motivos sexuales y quizá (ya se determinará

pericialmente) con agresión sexual; así, con la información disponible en este momento, la “violencia de género” nada tiene que ver con este horrible crimen. Además, el actualmente detenido como sospechoso de su autoría (que según las más recientes informaciones de prensa, ha confesado su autoría del horrendo crimen) es un exconvicto por otros delitos anteriores de asesinato y agresión sexual, recientemente excarcelado tras una larga, aunque, por lo que se ve, insuficiente, condena. Esta realidad demuestra que, si el detenido llegara en su día a ser condenado mediante sentencia judicial firme (como parece que ocurrirá), dicho exconvicto no se habría rehabilitado en la prisión de sus anteriores crímenes y ello es un torpedo en la línea de flotación de la concepción que tiene la izquierda sobre la primordial (y exclusiva) función rehabilitadora de las penas de privación de libertad, consecuencia de la idea marxista de que los delincuentes no lo son por maldad, sino porque la sociedad (capitalista, por supuesto) los ha llevado a delinquir, que la culpable es la sociedad (teoría que bebe del mito del buen salvaje, principalmente de Rousseau, aunque también en Locke y antes en la Escuela de Salamanca, en Bartolomé de las Casas e, inclusive, en Cristóbal Colón; mito sobradamente desmentido por la moderna antropología), y precisamente por ello viene la frontal oposición de la izquierda a la prisión permanente revisable. Sin embargo, la maldad (y la bondad) existe y hay determinados criminales que jamás se rehabilitarán y que, libres, son un verdadero peligro público, como tantas veces se ha visto. A mayor abundamiento, España es uno de los países más seguros del mundo y de Europa, especialmente para las mujeres, con menos de la mitad de homicidios de “género” que Francia y Reino Unido, inclusive mucho menos que los mitificados países nórdicos; aunque todo ello no nos consuela cada vez que hay un crimen de esta naturaleza tan perversa, es insostenible la afirmación de que la sociedad española actual esté enferma de violencia de género ambiental, como viene a decir gratuitamente, sin datos, el Sr. Solís.

No obstante, ni la izquierda acepta que la cruda realidad contradiga a sus mitos ideológicos ni el Sr. Solís ha dejado pasar la ocasión de escribir una perorata en la que, mediante la burda treta demagógica de desenfocar el verdadero debate social que plantea este luctuoso suceso (la imposible rehabilitación de determinados criminales y la función social de seguridad pública que deben tener las penas), pretende colar el crimen como (imposible) violencia de género e inculparnos a todos, singularmente a los varones en general, en la muerte de Laura Luelmo para, así, implícitamente, sin decirlo, diluir la responsabilidad criminal del verdadero y único autor (presunto, aunque ya confeso) en toda la sociedad. Con ese planteamiento falso, todos (o muchos) seríamos “culpables” del crimen o, lo que es lo mismo, nadie sería culpable, tampoco el detenido, que solo sería una pobre “víctima” de la sociedad (capitalista, por supuesto), y, de paso, se trata torticeramente de criminalizar a quienes osan plantear el debate sobre determinadas premisas ideológicas del pensamiento único de la izquierda actual, al adversario político, como si en un régimen democrático pudiera haber ámbitos vedados al debate público, todo ello en la mejor tradición propagandística de la extinta Komintern soviética.

Una mentira es una expresión contraria a lo que se sabe y una falsedad es lo contrario a la verdad. Pues bien, el “artículo” del Sr. Solís es un sectario compendio de mentiras y falsedades interesadas para no tener que reconocer el fracaso de la supuesta función rehabilitadora de las penas privativas de libertad para determinados tipos de criminales, aun a costa de ofender gravemente a la única y verdadera víctima de ese crimen, Laura Luelmo (cuya condición de víctima queda devaluada), a sus familiares (a quienes preventivamente se les intimida con la “culpabilidad” si se atreven a pedir la prisión permanente revisable) y a toda la sociedad, especialmente a los varones; un producto pseudo-periodístico radicalmente contrario a la más elemental ética profesional, pues no busca servir a la verdad, sino a determinados intereses políticos. Sobra decir que si al detenido (ya autor confeso) del asesinato de Laura Luelmo le

hubieran aplicado en sus anteriores delitos la pena de prisión permanente revisable, ahora estaría aún en la cárcel y Laura estaría viva; así que ¿quién es el que defiende de verdad a las mujeres frente a esta clase de criminales?, ¿Quiénes apoyan o quienes se oponen a esa pena agravada? Y sobra también decir que ninguno de quienes son aludidos por el Sr. Solís es culpable del brutal crimen; él, usted y yo tampoco. El verdadero culpable lo determinarán los tribunales de justicia, como debe ser en toda democracia; por fortuna para todos, el Sr. Solís no es juez... ni fiscal.

Antonio Ribelles Calderón.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído