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En memoria de un buen hombre y un buen amigo. Manuel Sánchez Rebolledo, Manolito. En el aniversario de su fallecimiento, vuelvan a servir estas letras como modesto homenaje. El día 30 de noviembre de 2013 falleció súbitamente Manuel Sánchez Rebolledo y sus compañeros de la central térmica del Hospital del SAS de Jerez le recordamos como si fuese ayer. A sus 47 años nos privaba, a todos, de su benefactora presencia. Por una indisposición cuando iba a recoger a su hijo. Una parada cardíaca, irrecuperable, le apartó prematuramente de la vida.

En estos tiempos de malas artes en que prevalece el engaño, destacaba su honestidad. Aún más valioso cuando incluso, cuando hoy día son evidentes las carencias de los más elementales valores humanos y el altruismo imprescindible. Porque  con su calidad humana, Manolito, es alguien del que siempre se puede estar orgulloso de ser su hermano, su hijo, padre, compañero, o amigo... Y es por ello una pérdida irreparable para su familia y sus chavales, que en plena adolescencia, despuntan a un mundo incierto, en el que su padre, con su compañera, los conducía por los avatares y la senda sinuosa de la vida. Como él mismo. Con el respeto a los demás como procede de un hombre íntegro y leal a su condición.

Mucho se puede escribir sobre este compañero/amigo singular. Pero no concluir sin dar constancia de la imborrable huella de un hombre que, sin grandes elocuencias, deja un vacío en su entorno. Hoy tan necesarias las personas como él. Vecino, compañero, amigo... Sin más complicaciones. Sin mentiras ni provecho personal. Seguía el principio de que para "arreglar el mundo, hemos de empezar por nosotros mismos". Cercano y cotidiano como es la vida misma y nosotros. Pero cambiando en el día a día las malas vivencias para que mañana sea un día mejor. Con su forma de pensar, hacer o creer, Manolito es una de las grandes lecciones que hemos de aprender.

"La vida es como los ríos, que van a dar a la mar...", decía Jorge Manrique lamentando la muerte de su padre. Lamentable que Manolito sea arrebatado cuando aún no acabó el curso de su vida. No llegó al apacible ocaso de sus dias. Se dice que "se van los buenos", y es absurda la muerte así, como lo es la vida sin vivir. Porque la "buena gente", esa sin prejuicios, solidarios, tolerantes con los demás, es la que debe quedarse para acallar las maledicencias y la codicia que nos domina. Porque era de esas personas que hacen que este mundo sea mejor. La buena gente que nos hace menos confusos y vulnerables en esta supervivencia. La buena gente que como Manolito trae la luz donde la oscuridad nos ciega.

Compañero, fue un honor compartir contigo un trozo de mi vida. Y creo que no me equivoco si lo digo por los demás compañeros y amigos de la central térmica. Si hay algo más allá, nos veremos. Si no es así, sin falta, estás en nuestro corazón y nuestros recuerdos. Imborrables.

Artículo de José Caballero Iglesias.

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