En relación a la reunión que se convocó bajo el nombre ¿Hablamos? para el sábado 7 de octubre frente al Ayuntamiento de Jerez —y todos los de España—, me gustaría recordarles a algunos de los que allí estuvieron lo siguiente: En primer lugar, el texto de la convocatoria dejaba claro que lo idóneo era ir vestido de blanco, también con pancartas blancas. Es cierto que el texto tenía el buen gusto de no llegar a decir explícitamente "por favor, sin las habituales banderas de siempre", pero creo que era un mensaje bastante claro respecto a la naturaleza de la reunión: el blanco era un blanco metafórico, es decir, vamos a hablar sin las insignias y banderas habituales de cada uno.

Segundo, el derecho de expresión de cada persona no permite hacer lo que cada uno quiera en todo momento. Desde la familia, el bloque, el barrio, la ciudad o el país, todos necesitamos ciertas normas de convivencia. Si acordamos una reunión sin banderas es increíblemente violento que alguien la lleve. Lo repito, también es un tipo de violencia. Si yo voy a un lugar en el que hemos decidido ir de blanco y sin insignias, ¿por qué tengo que aguantar que alguien las lleve? ¿De verdad es tan fuerte el deseo de esgrimir la banderita de turno siempre y en todo lugar? ¿En serio para hablar de tus ideas tienes que ir con una bandera por delante? Sinceramente, creo que a algunos les haría bien escuchar a Julio Anguita sobre lo conveniente en estos casos, ya que creo que es un buen ejemplo de alguien con sus ideas y sus banderas, pero que a la vez es capaz de dejarlas de lado si la situación lo requiere.

En tercer lugar, y por poner el ejemplo con la bandera de la República, hay que decir que llevar una bandera de la República no te hace republicano —lo siento, pero es así— y que más cerca está uno de esos valores teniendo la humildad y la valentía de dejar las insignias a un lado para ponerse a hablar. Personalmente, siento simpatía por los valores republicanos y la bandera republicana me parece ideal en manifestaciones por la República —que ojalá hubiese más de ellas— o en cualquier otro evento en el que queramos mostrar la pluralidad de opiniones o ideologías que existen, o al menos en una reunión en la que no se haya pedido de forma explícita el dejar las banderas detrás. Esto es solo un ejemplo, pero vale igual para todas las banderas que allí se enseñaron.

Sí, lo siento, lo sé, todo esto es muy básico. Uno se sonroja al tener que escribirlo. Uno se sorprende de los argumentos o de la superioridad moral con la que algunos justifican el llevar banderas donde hemos pedido que, por favor, no las lleven. Finalmente, tuve que largarme de la citada reunión al no cumplirse los requisitos o las razones por las que yo había decidido ir. Las banderas se quedaron allí. Por lo que luego he podido saber, hablar, tampoco se habló mucho.

Artículo de José Miguel García.

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