Andaluces y andaluzas celebrando los resultados del referéndum del 28F.
Andaluces y andaluzas celebrando los resultados del referéndum del 28F.

A 41 años de 1980, del triunfo memorable de la democracia y el andalucismo sobre las trampas impuestas por los dos partidos mayoritarios en número de votos, es hora de reflexión. Debería ser hora de aprender, pero eso parece más difícil. Más que eso: parece imposible. El 28 de febrero de 1980 fue una lección. Superó las expectativas de los partidos mayoritarios y rompió los esquemas preparados por UCD y PSOE para frenar la autonomía de Andalucía. Andalucía hizo el esfuerzo transmutado en milagro. Pero no descubrió la traición. ¡Qué lástima!

Recién muerto el dictador, mientras dominaba el deseo de cambio, al mismo tiempo que se intentaba aunar a toda la oposición democrática en un mismo esfuerzo para romper con el pasado e imponer una democracia representativa, el PSOE preparaba e iba imponiendo su estrategia hegemónica; el que pronto sería principal partido de la izquierda adoptó una estrategia muy alejada de la izquierda con el fin de alcanzar su objetivo supremacista. La oposición democrática quería romper con el fascismo. El PSOE rompía con la oposición democrática; cuando todos pedían ruptura, ellos optaron por las reformas.

Parejo a la lucha por la libertad, una inmensa mayoría en todo el Estado quería trabajar por la autonomía. Pero quienes presumían de federalismo al tiempo que practicaban el más feroz centralismo sólo reconocían dos comunidades, ampliadas a tres al basar ese derecho en la presencia de idioma diferenciado. En esas condiciones llegó Andalucía al 4 de diciembre. Desde las primeras elecciones democráticas del 15 de junio, las reuniones de la autoproclamada Asamblea de Parlamentarios ocupaban el tiempo en decidir que Ceuta y Melilla —a las que llegaron a tratar de "colonias"—, dejaran de formar parte de Andalucía.

Ni una sola vez fue pronunciada la palabra autonomía hasta el 12 de octubre. Fue esa inacción, ese desinterés por la Autonomía, pese a que ya se estaba redactando la Constitución, lo que movió al grupo cultural Averroes Estudio Andalusí, a convocar a todos los partidos, asociaciones, sindicatos y personalidades independientes a preparar una gran manifestación que, en principio, se había fijado para el día 15 de octubre, aniversario de la llamada “Pacificación de Andalucía” del General Pavía, aplazada al 4 de noviembre, ante la negativa de UCD y PSOE y finalmente desconvocada tras la reunión de los parlamentarios del día 12 de octubre, para evitar la división de los andaluces en dos manifestaciones coincidentes.

Figurar entre los convocantes y ocupar espacio en la cabecera, no impidió al PSOE mantener su política antiautonómica para Andalucía. Y el 28 de diciembre de 1979 votó a favor de la Ley de Referéndum, en la seguridad de hacer imposible la superación de consulta alguna, dadas las condiciones impuestas en dicha Ley.

Así se llega a 1981 con la autonomía en manos de los antiautonomía. Y es que el pueblo es soberano y su dictamen es indiscutible. Pero soberanía no es igual a sabiduría. La confianza en unas siglas produjo la contradicción que más daño ha hecho a Andalucía, con unos gobiernos de supuesta izquierda y derecha real que han tenido 41 años para desmontar la autonomía; para llevar a los votantes a la conclusión errónea de que la autonomía "sólo es útil para gastar dinero". Porque la autonomía, realmente, no ha servido para resolver sus problemas. Han llevado a la gente a la desilusión, al desconcierto y para eso han contado con un aparato administrativo, policial y propagandístico orientado a decepcionar a la mayoría que han vuelto a hacer silenciosa.

En 41 años Andalucía, lejos de prosperar se ha alejado más de las comunidades ricas, ha perdido industria, ha perdido capacidad comercial, ha sido invadida por entidades comerciales y financieras foráneas que se llevan sus ahorros y sus impuestos a otros lugares. Y la respuesta de la autoridad (in)competente ha sido la de Manuel Chaves a la creación de un banco andaluz: "No hacen falta más bancos". Ya estaba en marcha la operación fusiones para acabar con las cajas de ahorros y concentrar el poder en media docena de entidades bancarias que ahora tienen más fuerza para imponer sus condiciones.

La mayoría no llega a hacer el análisis. Eso es lo malo. Solamente ven que en 46 años no se ha avanzado pero en muchas cosas se ha retrocedido. Y eso requiere un cambio. Y como los que han hecho eso se titulan de izquierda, pues…

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Comentarios (1)

Gavilán Hace 3 meses
¡Cuanta verdad! y, ¡que pena que no hayamos aprendido nada en estos 41 años!. Gracias por decir algo que ningún otro político, ni medio se atreve a decir.
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