Susana Díaz, en un acto de las primarias del PSOE A.
Susana Díaz, en un acto de las primarias del PSOE A.

Cuando se preparaba para el exilio, Isabel II reconoció haber perdido legitimidad porque se había puesto de una parte. Y era Borbón. Sólo nos dejó un rey algo menos “tocado”, porque tuvo la habilidad de traerlo al mundo sin mezcla de sangre familiar. Esta otra señora, para traer al mundo su vástago, en medio de recortes salvajes que merman la sanidad, “necesitó” vaciar toda una planta del hospital Virgen de Valme. Y nos ha dejado el regalo: multiplicado: paro, abandono y ERE y un partido neofranquista, provocador, capitalista empeñado en resucitar, no dos, tres cuatro y cuantas Españas pueda inventarse, preparado, para crear mucho conflicto, todo el posible, que ese es su oficio. Y su estilo. Mejor, su plena ausencia de estilo.

La acaparadora de plantas de hospital para un parto (vaya parto) podría haber hecho limpieza y haberse desligado del desprestigio. Pero ha preferido arroparse en la herencia —ella, que castigaba las herencias y a los herederos—, y a lo más que ha sido capaz de llegar es a adelgazar la sanidad, la enseñanza, la cultura y todo cuanto signifique mejora y dignificación de lo andaluz. Porque, caso excepcional entre los nacidos en Triana, Triana la trae al pairo. Y Andalucía, incómodo accidente que se ha visto obligada a soportar para mantener su camino pretendidamente «ascendente», en dirección a la capital del reino. Porque eso es lo único que, para la señora, tuvo razón de ser y de estar. De Madrit al cielo. Aunque a nadie le habría importado que se ahorrara el paso intermedio. A ver si el inactivo Espadas blande siquiera una y pone orden.

Quietos. No confundan. Que sus socios han puesto muy de actualidad llamar odio a todo cuanto no acepte fielmente sus postulados totalitarios e imperialistas. No deseamos ver a la señora Díaz en un jardín, el cementerio más hermoso del mundo, si no es de visita voluntaria. No va por ahí el juego de palabras. Estuvimos dispuestos a pagarle el pasaje de ida a cualquier destino placentero, pero para su desgracia y sobre todo la de Andalucía, no había llegado su momento. Mala suerte. Peor suerte: que tampoco ha llegado. Y doña Susana Díaz, presidenta porque alguien tenía que serlo, heredera de la peor etapa de gobierno con ERE sangrantes y eras pasadas, no ve mejor salida que adelantar las elecciones. Como de momento no veía mejor forma de dar el salto a su adorado y añorado Madrit, parece lógico que quisiera renovar mandato, aunque fuera con el colmillo de los naranjitos, creadores de conflictos y enfrentamientos, clavado en el cuello. Con lo bien que le habría venido una jubilación anticipada, ¡qué descanso! para Andalucía, y qué difícil se lo ha dejado a don Juan, pese que los “otros”. Que venían “a arreglarlo todo”, lo están rematando todo. Adelantar las elecciones puede ser una forma —puede ser, tal vez, ¿quién sabe?— de obtener los votos perdidos. Podría ser. Lo único seguro y claro, es que la reacción azul-naranja-verde, que está quemando etapas demasiado rápido, puede ser una sorpresa, aunque tal como lo están haciendo poco peligro pueden suponer para su oposición. Y eso duele. Pero da igual. En San Telmo se está muy bien, junto al “río de la gracia y el salero, que en eso da lecciones hasta al mar”, que dijo Cavestany, ante el parque, protegidos por la naturaleza de las calimas agosteñas, y de los juicios decembrinos, por el aforamiento.

¿Quién puede perder semejante oportunidad? ¿Quién? La podría ganar Espadas, pero más que nadie la gana Ciutadans. La pierde Andalucía. Pero cuidado. Otra vez la advertencia: no se equivoquen. También puede ganarla Unidas Podemos. También puede ganarla un grupo de partidos unidos en defensa de los derechos de Andalucía. Que el bipartidismo se tambalea para bien de todos, y, en estas condiciones, cuando mucha gente empieza a notar que “voto útil” es aquel que sirve para verse representados, unos miles de votos más a opciones arrinconadas por el juego de dos, puede significar la ruina de uno. O de los dos. Cómo mínimo, va a significar que el pueblo andaluz cada vez está más harto de la inactividad, de la inacción y de la mala praxis de los inquilinos de San Telmo. Que el pueblo andaluz está reclamando cada vez más, trabajo, cultura, sanidad, educación. En definitiva: dignidad. Unas condiciones que ni los últimos cuarenta años de San Telmo ni sus supuestos opositores son capaces de dar. Porque ellos piensan en Madrit, Madrit, Madrit, Espanña, Espanña, Espanña. En sus patrocinadores: oligarquía alemana e IBEX 35. Todo lo contrario de lo que necesita Andalucía.

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