Madrid no come carroña, sin la elegancia de otras aves depreda lo mejor. El toreo actual nació en Sevilla, seguida de cerca por Ronda. Costillares y Pedro Romero consiguieron eliminar el sangriento lanceo. El flamenco nace en Andalucía, continuación de la música andaluza, condenada por el centralismo. Faltó tiempo para que Madrid se adjudique el nacimiento de ambas artes. Madrid no crea: copia. Y depreda. No pide: se autoadjudica. No piensa: se apropia cuanto le parece. Miente para figurar: por ejemplo, mintió a la Unesco adjudicándose la mayor antigüedad al Paseo del Prado, aunque está documentado, la Alameda de Hércules es anterior.
Madrid no homenajea, tritura, pisotea. Y destruye. Copia y copia mal, como todas las copias. Madrid es una depredación continua; oculta lo que no puede apropiarse y se apropia cuanto es incapaz de hacer. La “feria” de Madrid, no es la Feria, es un refrito de costumbres andaluzas amañadas, para beneficio económico directo de una empresa e indirecto de la ciudad. Un robo que es un insulto. La empresa no ha intentado llevar a cabo ningún homenaje, sino todo lo contrario: devaluar a las ferias andaluzas, empeorar o destruir su imagen, para robar visitantes; destrozar la imagen festiva de Andalucía ofreciendo una versión diluida, tergiversada, obtusa, amanerada y prostituida, lo cual no puede abrir interés por conocer los originales, sino en todo caso creer que se conoce y disminuir el interés ya despertado antes del engendro madrileño.
El problema nace con la preferencia de los gobernantes de todas las épocas con Madrid. Responsables de su espectacular crecimiento y culpables de la depresión de otras zonas, con la sola excepción de alguna Comunidad específica. Culpable de la pobreza al convertir la geografía española en dependientes servidores de las “necesidades” creadas por Madrid o para Madrid. Culpable, doblemente culpable, de la depresión de Andalucía por su depredación. Algunos ejemplos gráficos lo constituyen la cultura de Andalucía rebajada a folklorismo de segunda, la historia de Andalucía negada, en beneficio de una inventada historia general, las innovaciones y las revoluciones andaluzas aplastadas por la bota que acostumbró a los españoles a vivir eternamente en estado de excepción. O la destrucción de nuestra economía con, entre otras muchas cosas, el cierre obligado a las instituciones financieras, por dos veces en el espacio de un siglo, o el de nuestras empresas, de las que Intelhorce, Hytasa y más recientemente Abengoa por negarse a trasladarse a Madrid, solo son ejemplos de un rosario mucho más extenso.
Ya un dúo musical —no hay nada peor que un converso y en este caso se trató de dos—, el asturiano Victor Manuel y la andaluza Ana Belén cantaron el aplaudido homenaje a la obra-símbolo de Carlos III: la puerta de Alcalá. Un monumento para embellecer a la capital, para perdurar en el tiempo, como dice la canción, construido con un impuesto especial cobrado en todo el todavía en formación Estado español. Ensalzaron la “obra” del conocido como mejor alcalde de Madrid. ¿Cómo puede ser un gobernante, un rey o un presidente, da igual, “mejor alcalde” de una ciudad cualquiera? ¿Y las demás? Ahora se habla mucho de la “España vaciada”, se arbitran y se piden “soluciones” para los pueblos abandonados. Pero debe pensarse en el origen: ¿Habría salido tanta gente de sus pueblos sin su abandono institucional y sin forzar como se ha forzado el crecimiento de Madrid como si fuera una necesidad perentoria?
Madrid es una ciudad agradable en algunos de sus barrios, su gente con frecuencia amables aunque crecidos en la superioridad de “la capi”, pero tratables. Nunca es el pueblo responsable de estas cosas, o sí. Porque es el pueblo quien permite, apoya y muchas veces festeja ese crecimiento de unos a costa del hundimiento de otros. Esa es la historia de Madrid desde que Felipe II la eligió “por ser un sitio tranquilo y apartado”. Y esa historia se repite todos los días. Ahora, una vez más, le ha tocado a Andalucía, la Comunidad de dónde más han sorbido para su beneficio y dónde más hay para sorber. Si han elegido la Feria de Abril será porque es la más conocida, por eso será también la más dañada. Pero ha sido, está siendo un ataque en toda regla contra las ferias de Andalucía, cuyo prestigio se usa precisamente para disminuir su prestigio. Por extensión, un ataque a la línea de flotación de la cultura y de la economía andaluza.
¿Hasta cuándo?
Ya que nadie frena su egoísmo depredador, será porque nació de la mano del gobierno y mantenido por todos los gobiernos, confiemos que los posibles visitantes comprendan las diferencias.
