Ya no existe el principio universal según el cual ningún ser humano está obligado a cumplir órdenes que repugnen a la moral. Lo confirmaba, serio, el “coach”; una definición incomprensible para algo tan familiar como entrenador, pero el “modernismo” manda y hay que ser modernos si no queremos parecer obsoletos y por tanto inútiles: “Tú te debes a quien te paga”, afirmaba el entrenador, afirmación claramente desmentida por los jueces que en Munich condenaron a los autores materiales del genocidio nazi. ¿Han cambiado los tiempos o los queremos cambiar? ¿O cambiamos los principios humanos, sociales y éticos? Aquellos acusados también se ampararon en la figura retórica “obediencia debida”. Pero no les sirvió. No coló. En estos casos no existe “obediencia debida”, ellos sabían que estaban haciendo mal, que aquello eran crímenes, que estaban incumpliendo una ley universal llamada ética profesional, por la que un médico está obligado a curar por lo que de forma recíproca tiene prohibido matar, o un policía está obligado a cuidar el orden pero no está obligado a maltratar, menos aún a torturar.
Sin embargo, ochenta años después de Nüremberg y Munich, la nueva psicología del “coaching” retrocede y afirma que el informador debe manipular, torcer la información, incluso falsearla, si es la orden recibida de un superior. Buena forma de liberar de culpa a los pilotos que envían bombas atómicas a sabiendas o a los responsables directos de provocar cualquier masacre, o al periodista que manipula la información para colocar la razón dónde no hay razón, siempre que tengan un jefe dónde poder ampararse, porque les exculpa, al parecer, por haber recibido órdenes. Realmente el concepto no es nuevo: más de un sanitario se ha negado a curar en teoría porque el enfermo o herido “no cumplía las normas del centro sanitario”.
Pero con eso ya no hay normas, ya no hay reglas. Ya no hay ética, ni moral, y se puede pisotear la dignidad humana. Ahora, por fin, todo depende del poder, y como el dinero es poder, todo depende del dinero. Ahora te debes a quien te pague, ni principios morales ni siquiera legales. Ya pueden ir cerrando los juzgados, que el poder del dinero está por encima.
De esta forma se invalida la sentencia del Tribunal Universal de Derechos Humanos contra Netanyahu y la que podría venir contra Trump si consumara su amenaza de destruir totalmente la vida en Irán en una noche, masacre impensable, e ilegal, como le ha advertido la ONU y sólo posible con el uso del más terrible arma de destrucción, como es la bomba atómica. En este caso en plural.
No sólo Netanyahu. Estaríamos justificando a todas las dictaduras por más sanguinarias que fueran y con simultaneidad desautorizando a Trump que, aunque fuera cierto el intento y no una burda excusa, carecería de derecho para “imponer la paz y la democracia” a golpe de missil o de secuestro de presidente extranjero.
Al final todo se reduce a dilucidar quien tiene más dinero para imponer su ley, para saltar por encima de La Ley. Entonces habremos legitimado los abusos, las mentiras, la tergiversación, las noticias falsas, hasta las masacres, salvo que no se disponga a mano de un superior que pueda haber dictado la orden. Lo cual en principio, justifica a todos excepto a quien haya dado la orden, es decir el supremo que haya puesto en marcha la máquina, continúa responsabilizado. Volvemos al principio, por tanto.
Volvemos al principio Menos mal. Queda un responsable, los demás sólo tienen que buscarse el amparo de un superior, pero no hay superior por encima del superior. Sin embargo el petróleo sigue subiendo antes de que la escasez llegue a los almacenes, pero cuando vuelve a llegar no baja de inmediato. Tendrá que esperar “a ver”.
Será eso. Si quiere explicárselo es fácil: vuelva al principio, revise el ciclo de la razón, como podría llamarse este fenómeno que no es fenómeno.
