…una sola Andalucía. Fue lema en los 70 y 80. Se intensificó ante los intentos de ciertos políticos de dividir Andalucía de distintas formas, según cada invento y antes, en y después del referéndum del 28 de febrero de 1980. Andalucía única y plural. Y es que muchos no han alcanzado a conocer en profundidad la verdad histórica, cultural y geopolítica, ni siquiera la importancia, unidad y el valor de nuestra cultura común. Se han hecho diversos intentos de despiezar Andalucía. Aparte de ciertos aspavientos más provincianos que provinciales, movidos algunas veces desde alguna capital y muchas desde fuera de la propia Comunidad, promovidas por determinadas figuras o figurillas de la política de su tiempo y de su partido, en todos los casos manifiestamente opuestos a la Autonomía de Andalucía.
Estos movimientos de tipo micro-patrióticos, porque intentan depreciar la Comunidad de Andalucía para al mismo tiempo ensalzar la idea de España, en realidad son solamente disgregadores. El más importante fue el enfrentamiento de una capital de provincia con otra, lo cual llegó a mover un sentimiento relativamente fuerte pero minoritario. Aunque cuajara en algunos pueblos y ciudades con regidores incapaces, fue claro el interés capitalino de un alcalde, después de catorce años de gobierno sin ideas ni proyecto, manejado por su partido, de corte centralista y manifiestamente incapaces ambos de mejorar la vida de sus ciudadanos.
No existe ninguna razón real y racional, para justificar la posibilidad de partir Andalucía en más de una comunidad. Cuando alarifes granadinos fueron a trabajar en el Palacio del rey don Pedro del Alcázar de Sevilla, aportaron su saber y recogieron el de las zonas ya construidas, algunas hoy casi perdidas, del tiempo de al Mutamid. Por ejemplo. La historia, la cultura y la sociología están repleta de casos que, como este, demuestran la estrecha relación de todo tipo, lo que jamás podrá tomarse por igualación, mejor definida por el término rasurar.
Nadie, desde que empezaron estos intentos disgregadores ha sido capaz de aportar una sola razón sensata, es decir, con base científica, documental sobre la historia, la cultura y el “genio” andaluz. (Puede verse el artículo anterior Como somos mayoría lo queremos de Almería). Por el contrario todos los datos coinciden en reforzar la existencia de rasgos comunes en todos los aspectos, sin que eso menoscabe en absoluto la variedad, los detalles, ya se explicó en aquel artículo el caso del mosaico: Andalucía es el mosaico.
Los distintos matices particulares de cada pueblo o cada zona son los azulejos, o los roleos, en definitiva: los elementos que complementan y completan el mosaico. También es bueno recordar que las provincias, amén de un invento nefasto y quizá precisamente por eso, no son uniformes como lo son las comarcas naturales; por eso las provincias no son, no pueden ser identidades compactas sino múltiples cada una de ellas. Otro ejemplo: no todos los andaluces hablamos exactamente igual. Mejor. Pero la línea de la “h” aspirada sí es una realidad. Y todos estamos al sur de esa línea, junto con Badajoz, Murcia y Orihuela.
Cuando los precursores de la cultura del Argar traspasaron las cumbres de la Penibética y dieron nacimiento a la nueva cultura de los Curetes, justo junto al lago Ligustinus, cuando los fenicios instalaron sus factorías para vendernos su artesanía o su colorante y cambiarlo por mármol, aceite o melva y los griegos despertaron el interés por esta tierra y le dieron el nombre de “Atlántida” (ATL = lugar del agua), cuando misma la palabra, traducida a Ándalus terminó convertida en Andalucía, durante todos esos siglos estábamos creando una Comunidad.
Y cuando para conservar su independencia y su dignidad, los andaluces lucharon dirigidos por el almeriense Tahir al Hor, o el sevillano Rafael del Álamo, o cuando desde todos los puntos marchaban a la Alpujarra a resistir el ataque castellano, estábamos reforzando nuestra Comunidad, nuestra conciencia y nuestra soberanía, manifestada con fuerza el 4 de diciembre de 1977 y refrendada el 28 de febrero de 1980, dónde Almería, a pesar de las trampas impuestas, obtuvo una mayoría aplastante superior al noventa por ciento sobre los votos emitidos.
Coinciden muchos autores en esto: Cuando el conquistador quiere asimilar al conquistado, primero oculta su cultura y su historia y le crea una historia y una cultura distinta a la suya, pero acorde con el interés del colono. Nuestra cultura, la que ofrecen los libros, ha sido diluida, prostituida para hacernos creer que somos lo contrario de lo que somos. Estudiemos bien nuestra historia. Analicemos con detalle nuestra cultura y no hagamos caso a sirenas que ni siquiera saben cantar.
