Andalucismo 'morenero'

Andalucismo de pacotilla en rebajas, es hablar de Andalucía, de su luz, de su sol, simplemente como principales o únicos motivos de orgullo para los andaluces

Vista del caudal del río Guadalquivir en Córdoba
26 de marzo de 2026 a las 07:44h

Empezaron los Trastámara seguidos de los Austria, continuaron los Borbón y la República con bandera española impregnada de Castilla. Lo remató Franco con “remake” de cancionero vestido de desnaturalizado flamenco, andalucismo de pandereta y olé, de sentimentalismo empalagoso, falseado y peor orientado. Andalucismo light para ocultar el andalucismo, es decir: cultura, historia, arte, inventiva, pensamiento, filosofía, carácter, literatura, economía… débil manifestación abrazado con todo fervor por el actual Gobierno andaluz para esconder la autenticidad y las reales necesidades físicas, síquicas, económicas, culturales y espirituales de Andalucía que, pese a la intención torcida de ese falso andalucismo, podría convertirse en primer trampolín para el resurgir de un sentimiento y un avance real, cierto, verdadero, profundamente respetuoso con su realidad social, económica e histórica. Podría ser, si sabemos darle la vuelta, el procedimiento para abrir la mente a los derechos, a la verdad de los derechos de Andalucía.

El andalucismo morenero, el supuesto andalucismo del Gobierno andaluz, tan escasamente real como el anterior del partido sustituido en San Telmo, orilla, oculta las necesidades reales de Andalucía, de la misma forma que esconde su historia y cultura auténticas, hasta el punto de haber llegado a leer en un libro de segundo de bachiller “los andaluces son indolentes y despreocupados”, entre otras “lindezas”.

Ese andalucismo, tragadera de todos los tópicos inventados para acomplejarnos, desprestigiarnos y acusarnos de todos los males y no sólo de Andalucía, olvida sus necesidades, olvida adrede promover y aprovechar debidamente sus recursos, cuando no le importa provocar una catástrofe de alcance mundial, al haber estado a punto de agotar los acuíferos y contaminar el Guadalquivir con residuos altamente, tóxicos para favorecer a sus amigos estatales e internacionales de la fresa o la minería, aún a costa de poner en gravísimo peligro de subsistencia los cultivos de fresa, de arroz y todos los cercanos a la marisma, al permitir el envenenamiento del Guadalquivir, el Gran Rey de Góngora, porque no le va a afectar en lo sanitario ni en lo alimenticio, o eso cree. Tan seguro debe estar porque, si le afectara, no será mañana. Pero ¿resultará beneficiado? Eso quisiera saber cada vez más gente. Y si así fuera, en qué.

Andalucismo de pacotilla en rebajas, es hablar de Andalucía, de su luz, de su sol, simplemente como principales o únicos motivos de orgullo para los andaluces, junto a ciertas expresiones sonoras con más tópico que pasión, sin información, sin buscarla ni quererla, sin documentación, sin más criterio que la afectación, más burbuja que criterio, lo cual denota una real falta de interés en lo verdaderamente fundamental. Así podrá ganarse alguna voluntad temporal, tan duradera como una pompa de jabón. Pero Andalucía continuará vegetando para beneficio de otros. Porque no hay que poner en regadío toda Andalucía: hay que buscar el agua para poder crear regadíos. Porque no hay que cultivar sin fin ni control: hay que comercializar bien lo cultivado y hay que exigir a los productos llegados por acuerdo comercial, los mismos requisitos de calidad exigidos a los andaluces. Porque no hay que preocuparse de si Cataluña se va o se queda, sino de la industrialización de Andalucía y el consumo de la calidad andaluza en todo el mundo.

Y hay que enseñar al mundo nuestra verdadera imagen, no la que todavía se sigue vendiendo de nosotros de folklorismo de tercera división.

Terminemos con Sebastián Cuevas: Andaluces de los campos de arroz y de garzas, marismeños del toro y el caballo, andaluces que visteis suviar el desove para la fábrica andaluza del caviar y visteis bajar la angula camino de Sanlúcar, ese barreño para la sangre del río, idóneo a esta matanza agria y cruel, ese lebrillo para refrescar los pulsos envenenados por una larga fatiga. Andaluces, ¡todos! Por la salvación del río, que es la nuestra, poned vuestra firma junto a la mía, al pie de este dolor de nuestro río. Y empecemos también con él: Nosotros, andaluces, hijos de una única Andalucía que en su cauce se amasa, no declaramos hijos legítimos y naturales del Guadalquivir, cuya defensa asumimos. 

Andaluces, levantaos, gritad fuerte ¡Queremos una Andalucía para vivir!