Boda entre hombres en el PP, ¿irá Mariano?

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Por mucho que se esfuercen los ‘progres’ del Partido Popular en diseñar una imagen idílica de que el partido insignia de la derecha española es un partido tolerante con la vida íntima de las personas en cuestión de conducta sexual o de género, lo cierto es que el partido fundado por Don Manuel Fraga, no parece avanzar mucho en este tema. Así como el baile de la Yenka, el Partido Popular da un pasito para adelante y otro para detrás.

Es actualidad en diversos medios en estos días, la ‘boda gay’ del Vicesecretario de Acción Sectorial del PP, Javier Maroto. Entrecomillo lo de ‘boda gay‘ porque realmente la boda gay en sí no existe. No existen bodas gais, ni bodas lésbicas, ni bodas azules, ni bodas marrones. Existe el matrimonio como derecho para toda la ciudadanía de España. Y punto pelota. No hay más que discutir, por mucho que a algunos, como veremos, les pese.

Según cuenta El Mundo, Mariano Rajoy está invitado a dicho enlace matrimonial aunque aún no ha confirmado su presencia. El presidente se encuentra ante un dilema: si no va, malo. Si va, peor. Y todo, porque el Partido Popular tiene dentro de su esencia, la homofobia pegada a su ideología.

No podemos olvidar que éste partido –y asumido personalmente por Rajoy– interpuso un recurso al Tribunal Constitucional en el año 2005 contra la ley del Gobierno del presidente Zapatero. Recurso que no prosperó, pero que tardó siete años en resolverse. Siete años de tortura psicológica para todas las personas casadas que veían como un partido político podía romper su matrimonio. Fuerte ¿eh?

Matrimonio, porque se llama matrimonio, aunque a Mariano Rajoy no le guste la palabra como ya dijo en 2010. No quiero ni pensar en qué palabra se le ocurriría para definirlo. Mejor obviamos esta cuestión.

El caso es que existe al parecer, aunque negado por destacados miembros populares, un debate en el seno interno del partido sobre si Rajoy debe o no asistir.

Realmente, que vaya o no vaya, sólo le debe importar a los novios. Pero a la ciudadanía, que vemos asombrados cada día como nuestros políticos siempre nos sorprenden con algo, no dejamos de percibir que realmente la homosexualidad no ha sido aún asumida por una parte del partido del gobierno.

Deben aclararse sus militantes. O extirpan esa parte ultraconservadora de su partido o mal van. No me extraña que haya una huida cada vez más grandes a partidos de derechas más blandos como Ciudadanos. Al final todo esto servirá para separar los lobos de las ovejas y conocer con exactitud que miembros del Partido Popular están en contra de los derechos de igualdad en algo tan íntimo como es a quién amas, a quien besas o a quien duermes. Serán los que se queden. Porque si te quedas en el PP al lado de quienes no quieren aún el matrimonio para toda la ciudadanía, te conviertes en exactamente lo mismo que ellos. Con quien te vi, te comparé, dice el refrán. Qué verdad más grande.

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