Hoy es Sábado Santo. En Andalucía, este es el día de la reflexión serena, ese paréntesis necesario donde el bullicio de la calle se apaga para dejar paso a la certidumbre de lo que está por venir. Observo, con orgullo, cómo nuestra tierra ha encontrado un equilibrio que muchos esperaban: el de saber avanzar hacia el futuro sin soltarle la mano a nuestras raíces.
En estos días hemos visto como se han hecho virales las imágenes de cómo un año más y según manda la tradición, nuestro presidente, Juanma Moreno, que, tras más de 35 años, continúa portando al trono de su Cristo de la Exaltación en Málaga. Y no se han compartido por el cargo de responsabilidad que ocupa, sino por la verdad y la autenticidad que desprende. Ver al presidente de todos los andaluces compartiendo el esfuerzo físico, el calor de la túnica, el compartir con los hermanos y el pulso del barrio, es el mejor antídoto contra esa política de despacho y moqueta que tanto daño nos ha hecho.
Pero Juanma sabe que Andalucía es un mosaico de sentires. Lo hemos visto en Sevilla, acompañando como un padre más para que sus hijos cumplieran con su estación de penitencia en la Borriquita y presenciaba la salida de la Hermandad del Cerro donde se ha puesto en las manos del Señor de la Humildad a las víctimas de la tragedia de Adamuz; lo hemos visto en Málaga, junto a sus hijos, en las Reales Cofradías Fusionadas en la tierra que lo vio nacer; y lo hemos visto en Granada, donde se siente como en casa, en Cádiz, en Cabra, Jaén … donde la gente no lo ve como a un político al uso de imagen y protocolo, sino como a uno de los suyos. Su presencia en cada rincón no es una agenda de marketing político y de campaña; es un ejercicio de respeto a las personas, ya sea ante un trono malagueño o ante la parihuela sevillana.
El andaluz es sabio, crítico y, sobre todo, valora la lealtad. Mientras algunos se han perdido en el algoritmo de la crispación, Andalucía reconoce en Juanma a un gestor que pisa la misma tierra de todos. El éxito de su figura humana no es un diseño de consultoría; es la suma de miles de manos apretadas, de abrazos y de una cercanía que no se ensaya porque nace de la piel y le brota del corazón de forma natural.
Hoy, en este sábado de espera, los andaluces respiramos con la tranquilidad de saber que estamos en buenas manos. La gestión de nuestra tierra ha dejado de ser un titular de confrontación para convertirse en una realidad de solvencia, de estabilidad y, sobre todo, de rostro humano.
Gobernar es saber llevar el peso, y en ese caso no el del trono o la parihuela, sino el de la responsabilidad. Es entender que la verdadera estabilidad de una tierra está en la gestión y en la confianza de un pueblo que se siente escuchado y respetado. Juanma Moreno ha demostrado que tiene la fuerza, la capacidad y la ilusión para cargar con las esperanzas de nuestra tierra, pero también la humildad suficiente para no olvidar nunca que es un vecino más en esta tierra cargada de humanismo y tradiciones que es Andalucía.
Mañana será Domingo de Resurrección, pero hoy, en el silencio del sábado, la mayor esperanza es saber que tenemos a un presidente que no nos mira desde arriba, sino que camina a nuestro lado y eso le da el valor de ser uno más.
