Dice el refrán que quien va a por lana vuelve trasquilado. Para el desgobierno sanchista, Andalucía ni siquiera va: pone la lana mientras otros manejan la tijera en despachos oscuros, cediendo ante el chantaje del independentismo más insaciable.
Lo que estamos viendo con el cupo catalán y los privilegios fiscales no es política: es trilerismo. Un juego de manos en el que María Jesús Montero mueve la bolita de la financiación sobre la marcha para intentar que los andaluces no veamos cómo nos quitan lo nuestro. Montero nos pide, además, que aplaudamos mientras vacía la caja de la recaudación del trabajo de los andaluces para llenar la de sus socios. Su supuesta "creatividad" no es más que improvisación para que Sánchez siga un cuarto de hora más en la Moncloa.
Aquí es donde duele de verdad. La ministra, que en su etapa como consejera en Andalucía clamaba por los millones que Andalucía perdía cada año, eso ya se le ha olvidado y se ha convertido hoy en la farmacéutica de guardia del Gobierno. Es la encargada de administrar el “analgésico” fiscal: una anestesia momentánea para intentar ocultar un agravio estructural que se niega a curar porque el precio de la cura lo dictan sus socios separatistas.
Frente a este caos y los parches de Montero, emerge la vía andaluza de Juanma Moreno. Mientras desde Moncloa se mercadea con los principios y el Gobierno es incapaz de sacar adelante unas cuentas, en Andalucía ofrecemos estabilidad real. El Gobierno de Juanma Moreno ha aprobado ocho presupuestos en tiempo y forma, ocho de ocho, demostrando que aquí el dinero no se usa para comprar votos de socios externos, sino para blindar los servicios públicos, bajar impuestos y hacer nuestra tierra más atractiva para las empresas y por consiguiente para seguir generando empleo.
No deja de ser una paradoja que, precisamente, una ministra andaluza sea quien avale un modelo donde gana quien más presiona a Sánchez, y no quien más lo necesita, o incluso quien reclama simplemente lo que le corresponde. Montero ha preferido ser la escudera del sanchismo antes que la defensora de su propia tierra.
Desde Despeñaperros hacia abajo, lo que se percibe es un saqueo institucional financiado con el esfuerzo de ocho millones y medio de andaluces. Se nos pide responsabilidad mientras el sanchismo juega con cartas marcadas y las fichas salen siempre de la misma caja: la nuestra.
Tenemos un modelo propio de éxito que deja en evidencia el desgobierno del sanchismo. No queremos sedantes; exigimos respeto y la financiación que nos corresponde por justicia. La distancia entre el discurso de Sánchez y la realidad de los andaluces es ya insoportable. Los andaluces tenemos claro que no queremos el analgésico de Montero.
