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Juzgar a alguien en función de su tallaje es algo que tristemente continúa ocurriendo y aunque hoy sea una utopía hay que hacer lo posible para que finalice.

El otro día leí en este periódico una noticia sobre la polémica que había generado que en Málaga se celebrase un concurso de belleza de modelos de tallas grandes. Coincidió con otra noticia que situaba por primera vez a Ashley Graham, reconocida modelo de tallas XL, en la lista de las diez modelos mejor pagadas del mundo. Y al mismo tiempo una modelo de talla grande parodió el desfile de Victoria’s Secret luciendo la misma ropa interior que las chicas que desfilaron en el prestigioso pase, unas imágenes que se hicieron virales. Continuamente se habla de que las mujeres con sobrepeso también son bellas y a la vez se rechaza a las que poseen una delgadez extrema. El del peso de las mujeres es un tema que está a la orden del día y no somos conscientes de que esa moda de hablar y criticar el cuerpo de las demás lo que consigue es dividirnos, crear etiquetas y fomentar algo que no es saludable. Tenemos que darnos cuenta de que en el fondo la celebración de estos concursos, que las firmas cuenten con modelos curvy para protagonizar sus promociones o que las campañas estén representadas por mujeres influyentes que cuentan con unos kilos de más, esconden algo que va más allá del hecho de humanizar el mundo de la moda. Lo que la mayoría intenta es llegar a las mujeres de forma emocional para llamar la atención y que compren sus productos. Hacen del peso y de las tallas un negocio. 

"No debemos dejarnos influir más de la cuenta con marcas que al fin y al cabo ven en los cuerpos una industria"

Todo esto tiene su pequeña parte positiva. Reivindicar que la belleza y el sentirnos bien con nosotras mismas no depende de nuestra talla a la hora de vestir es fundamental. Juzgar a alguien en función de su tallaje es algo que tristemente, en una sociedad que presume de avanzada, continúa ocurriendo y aunque hoy sea una utopía hay que hacer lo posible para que finalice. Por eso no está del todo mal que se suban a la pasarela y sean imagen de firmas mujeres que rompen con los cánones de belleza actuales. 

Pero que el tema del peso se utilice para según qué fines cuenta con varios aspectos negativos que no se deberían permitir. El más relevante es el de normalizar algo que puede ser un problema de salud. Por lo general en este tipo de certámenes y campañas publicitarias no se habla de lo importante que es llevar una vida saludable. Se olvida (o no interesa) comunicar que el ganar o perder peso va más allá de una cuestión estética. Se fomenta que algunas mujeres deseen perder peso para lucir cuerpos como el de las top models Gisele Bündchen o Alessandra Ambrosio. Se reivindica que el sobrepeso es sinónimo de belleza y eso provoca que haya mujeres que no se preocupen por su salud. No hay cabida para concienciar sobre lo que supone tener una talla por debajo o por encima de lo que es sano para cada una, que al final es lo importante. El cuerpo perfecto no existe y lo primordial es que tanto la obesidad como la delgadez no afecten a nuestra salud. Mientras que las mujeres que son delgadas u obesas por constitución lleven una vida saludable y su peso no les perjudique en su día a día no hay más que decir ni criticar.

Otra de las cuestiones que consigue esta división entre delgadez y obesidad es etiquetar a las mujeres y generar conflictos entre nosotras. Parece que tienes que estar de un lado o de otro. Si no te puedes poner la misma ropa que la que tiene un cuerpo diferente al tuyo o si una firma en cuestión solo hace prendas del tamaño de uno de los dos "bandos", la que no es como tú tiene la culpa. El hecho de que el tema del peso se lleve a los extremos me hace pensar que los que pretenden normalizar lo excesivo, dejan a un lado lo "normal". ¿Dónde quedan las tallas 38-40-42? Seamos sinceros (nunca con la intención de ofender a nadie). Esas son las tallas que se consideran normales entre las mujeres de nuestro país. Se habla continuamente de los dos extremos pero el punto medio queda en el olvido. ¿Por qué en los desfiles o concursos de belleza no hay cabida para que participen mujeres de lo que se considera un tallaje "estándar"? Si estuvieran presentes no generarían polémica y los que hacen negocio no venderían tanto. Necesitan el conflicto y nosotras caemos en la trampa.

Por todo esto a la hora de pensar si me resulta positivo o negativo que día sí y día también nos topemos con la reivindicación de las tallas grandes y con la idea de que las modelos a las que vemos desfilar con las creaciones de los diseñadores más prestigiosos poseen la belleza perfecta, me inclino más hacia lo negativo. Llego a la conclusión de que a la mayoría de organizadores de los concursos de belleza, a los diseñadores o a los responsables de decidir el tamaño de las tallas de la ropa que se comercializa en las tiendas no les interesa concienciar sobre lo que supone un peso no saludable. Lo que vende es lo extremista. Por eso no debemos dejarnos influir más de la cuenta con marcas que al fin y al cabo ven en los cuerpos una industria. Otros, aunque llamen la atención sobre aspectos necesarios y lo hagan con buena intención, no son conscientes de que en lugar de ayudar lo que pueden conseguir es perjudicar. Por eso lo importante es que cada una esté feliz con su cuerpo y sobre todo que esté sana. Y que ninguna mujer se crea superior a otra porque el número que indica su pantalón sea mayor o menor.

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