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"Todavía recuerdo cuando jugaba con mi hermano a la pelota, cuando pasaba seis meses al año en casa de mis padres y era la encargada de cocinar, cuando la Navidad significaba viajar para verle".

Mañana se celebra el Día de los abuelos. Hay demasiados Días de… en el calendario y algunos de ellos se han convertido en una estrategia comercial. Los días de la madre, del padre o San Valentín han perdido parte de su encanto entre otras cosas por las campañas de los grandes almacenes. Pero el día de abuelos todavía no está implantado de la misma manera, de hecho hay quien todavía no sabe que se celebra. Ese desconocimiento es un reflejo de lo que ocurre con la figura de unos miembros que son fundamentales en la familia. Estoy de acuerdo con la postura de que todos los días debe celebrarse el amor o hay que agradecer a los padres lo que hacen por sus hijos y no solo un día al año. Lo mismo debería ocurrir con los abuelos, pero normalmente pierden ese reconocimiento en favor de sus hijos y sus nietos sin pedir nada a cambio. Por eso me parece bien que haya una fecha en la que se conviertan en protagonistas. Se merecen eso y más. ¿Qué sería de muchas familias sin los abuelos? Son los encargados de cuidar a sus nietos en verano y durante el curso escolar. Son sus aliados tanto de pequeños como de mayores porque pueden permitirse darles los mejores caprichos y guardarles secretos sin traicionarles o defender lo que no hubieran defendido como padres.  Es una palabra complicada de definir porque engloba demasiadas cosas bonitas difíciles de explicar con palabras. Hay quien no tiene la suerte de tener abuelos o por circunstancias de la vida la relación no es la que debería ser, en la mayoría de ocasiones por culpa de terceros. Esas personas se pierden una de las sensaciones más bonitas de la vida.  

Si me permiten quiero tener un recuerdo especial hacia la mía. Hace cinco años y medio que ya no está pero acordarme de ella, aunque me provoca nostalgia, me hace más fuerte. Siempre pienso qué me diría en según qué situaciones. Los consejos de unos padres son de vital importancia, pero los de los abuelos son de un valor incalculable. Los ofrecen desde un punto de vista diferente, desde la experiencia, la responsabilidad y el amor. En el caso de mi familia ella continúa siendo la que mantiene la unión. Mis padres, tíos, primos y hermano siempre la recordamos. Lo que más me fascina es que ninguno tiene malas palabras. Supo adaptarse a cada uno de sus seis nietos, a sus tres hijas y a sus tres yernos. Todavía recuerdo cuando jugaba con mi hermano a la pelota, cuando pasaba seis meses al año en casa de mis padres y era la encargada de cocinar, cuando la Navidad significaba viajar para verle, cuando a sus ochenta y muchos años daba paseos por la playa y comía helados con una sonrisa que le rejuvenecía. Y como estos cientos de instantes especiales. Y me acuerdo de cuando me hacía arroz con leche. Sobre todo eso. Nunca una receta fue tan importante para mí. Confieso que entre mis facultades no está la cocina. Pero si para algo enciendo el fuego es para cocinar mi postre preferido. Un postre que todavía me cuesta probar si la receta es de otra persona. Los abuelos son la sencillez convertida en las mejores sensaciones. Disfruten de ellos si pueden, que tiempo pasa muy rápido. Mañana y siempre es un buen día para decirles que les queremos. 

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