Susana Díaz, en una captura durante su rueda de prensa de este viernes en la sede del PSOE-A.
Susana Díaz, en una captura durante su rueda de prensa de este viernes en la sede del PSOE-A.

El debate abierto en el PSOE-A sobre su futurø secretariø general tiene sus similitudes con lo ocurrido en Alemania y muestra que Andalucía necesita una nueva articulación política a la izquierda de la socialdemocracia, dado que esa socialdemocracia no es capaz de articularse en la sociedad.

El sábado ocurrieron varias cosas, en Alemania, que van a tener consecuencias sobre toda la política europea. La elección telemática del nuevo presidente de la Unión Cristiano Demócrata, CDU, en primer lugar, hará posible pensar que las elecciones telemáticas son posibles, y no solo por correo postal, sobre todo en la presente situación de pandemia. La segunda es la presencia activa de un trumpismo iniciado por las extremas derechas y que ha contagiado a las derechas extremas. La tercera, que las políticas neoliberales europeas conducen sin excepción al trumpismo, gracias a las llamadas políticas de austeridad y que vienen empobreciendo a las capas medias y a las trabajadoras, que votan en reacción contra las figuras que representan los miedos señalados y a favor de los candidatos chamanes de la actual sociedad. Las figuras que representan miedos y peligros son los extranjeros y, por extensión, todos los diferentes.

La CDU, como la socialdemocracia, han venido practicando políticas neoliberales y de austeridad con diferente intensidad, pero esas dos opciones políticas han beneficiado a las grandes fortunas en detrimento de las clases medias y trabajadoras, que no se sienten representadas por los partidos clásicos, no se sienten escuchadas y se sienten maltratadas por ellos. Sean los precios de la luz y el agua, sean los de la vivienda o sea el problema del desempleo y la pérdida del poder adquisitivo. Cuando las personas no solo no son escuchadas ni tomadas en cuenta, sino que resultan engañadas en la materialización de las promesas electorales, solo les queda la rebeldía o votar a la rebeldía. Lo vimos en Andalucía, lo vimos en Thüringen, Alemania, donde la derecha tradicional y los llamados liberales votaron junto a los trumpistas de la extrema derecha alemana para elegir su nuevo ministro presidente. Los liberales y la derecha, CDU, de Thrüringen votaron trumpistas; los liberales y la CDU desde Berlín obligaron a desandar el camino, en marzo de 2020, y volver a votar otro nuevo ministro presidente, esta vez al no turmpista. Pero la primera elección puso de manifiesto la realidad espontánea de ese estado federado. O sea, la rebeldía contra un sistema que predica trigo pero no lo da, y facilita la aparición de la extrema derecha, la xenofobia y el futuro fascismo, de nuevo. La CDU y los liberales votaron para no seguir perdiendo pie, para no seguir perdiendo espacio y poder, pero no solo. En la vieja Alemania comunista, la gente se sigue sintiendo no tomada en cuenta, ninguneada y empobrecida.

Durante la campaña para la elección del presidente de la CDU, la derecha tradicional alemana, hubo tres candidatos: el de la continuidad, el buen yerno y el trumpista. Los tres candidatos son el oeste, son católicos y pertenecen a la política neoliberal de la austeridad. Más del 80% de los delegados que debían elegir al nuevo presidente son del oeste. El este hubiera preferido al candidato trumpista, Merz, pero se impuso el candidato merkelista y del oeste, Laschet. Y el problema continúa donde estaba y con pocas posibilidades de ser resuelto. La CDU del este es capaz de imponer a sus candidatos, y la CDU del este hace caer a los del oeste: el caso de la presidenta Annegret Kramp-Karrebauer, AKK, que iba a ser la sucesora de Merkel y cayó con el asunto de Thüringen.

En realidad hay poco que hacer excepto cambiar radicalmente las políticas sociales y económicas y aumentar el bienestar social en detrimento del aumento desaforado de las grandes fortunas. Esta es la trampa en la que han caído los partidos tradicionales por falta de inteligencia política a largo plazo y porque han caído dominados por el capitalismo salvaje al que nos han traído ellos mismos. Los partidos tradicionales han dejado de representar a la gente y representan intereses que la gente no entiende.

Una primera solución para Alemania sería incorporar a más personas del este en los órganos del oeste. La segunda, seguramente, alcanzar un pacto nacional por el bienestar y la democracia.

El caso andaluz tiene algunas similitudes, quizá. El PSOE-A se desmorona y al mismo tiempo debe elegir una nueva secretaria general, ante lo cual la vieja secretaría general se aferra a sus posiciones de poder: el aparato. La solución pasa porque las izquierdas puedan articularse sin el beneplácito de Madrid y las personas no se sentirán ninguneadas o no tanto. En el caso andaluz el clientelismo de décadas ha producido la reacción contra el llamado establishment político representado por una Junta socialdemócrata eternizada en el Poder, neoliberal también, y una sociedad claramente empobrecida.

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