Señores políticos: manos a la obra. El pueblo no quiere indemnizaciones tardías, sino soluciones a tiempo.

De nuevo se han repetido las terribles imágenes de todos los años cuando las tormentas arrecian sin piedad por alguna zona de España, en particular de Andalucía y la costa de Levante. De nuevo las calles se volvieron ríos y las plazas, embalses, para la furia de las crecidas que no entienden de penurias y arrasan con todo lo que ose ponerse por delante, bestia, humano o material, inundando a su antojo y penetrando en hogares, granjas y sótanos.

Y como siempre volvemos a escuchar las excusas de siempre que acusan a un desarrollo urbanístico atroz, que no respeta el medio ambiente ni el curso natural de ríos y arroyos que siempre emergen para tomar lo que es suyo y le fue arrebatado por la irresponsable mano del hombre. Una mano que solo se extiende para cobrar suculentas comisiones por construcciones faraónicas que ahora se desploman o anegan sin remedio. Una mano que no acude a expertos de la ingeniería para buscar salidas a los cauces del agua, y prefiere refugiarse en los portafolios de políticos y empresarios sin escrúpulos que buscan negocio y dinero fácil.

Ahora viene la ronda de visitas políticas para evaluar daños y las declaraciones de zonas catastróficas que supondrán el desembolso de miles de euros para devolver a la gente lo que el río les arrancó, cuando lo más sensato hubiera sido invertir ese dinero antes en estudios de impacto medioambiental y soluciones de evacuación emergentes de aguas.

La naturaleza es sabia y arrenda al ser humano el terreno a sabiendas que no hay más dueño de la Tierra que la propia Tierra, por mucho que se jacte el hombre en erigirse dominador del planeta.

Toca bajar el hocico con humildad, admitir que no somos más que inquilinos con un casero inmensamente protector pero que se está cansando de nuestras reformas sin permiso.

Toca pensar que, si somos capaces de conquistar el espacio, de encontrar curas a enfermedades mortales o de desentrañar los secretos de nuestra propia genética… ¿no seremos capaces de encontrar una solución para que nuestros pueblos no se inunden a las primeras tormentas que caigan?

Señores políticos: manos a la obra. El pueblo no quiere indemnizaciones tardías, sino soluciones a tiempo.

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