Una cuadrilla de jornaleros de la vendimia. FOTO: MANU GARCÍA.
Una cuadrilla de jornaleros de la vendimia. FOTO: MANU GARCÍA.

Estoy escuchando desde mi terraza, mirando a un Jerez silencioso y azul, canciones italianas de otros veranos. Parole parole de Iva Zanicchi. Era una niña, no crean. Pero se acordarán los más mayores, aunque algunos jóvenes puede que también porque todo vuelve. Las canciones, los grupos que resurgen desde el olvido y los vemos por los escenarios cantando aquellas canciones de los años 80, 90 pero ahora dando saltos con arrugas y menos pelo.

Agosto es una película que vi ayer con una Meryl Streep soberbia y donde subyacen problemas familiares no resueltos. La muerte de su marido reune a todas sus hijas con las parejas y todo estalla por los aires, incluso la falta de cariño. Dicen que en verano, porque se pasa más tiempo juntos, aumentan las separaciones de parejas y conflictos familiares.

Agosto está a punto de comenzar y es como el fin del verano, al menos para mí. Ya se irán notando los días cada vez más cortos, oscurece antes pues. Cuando se va agosto todo vuelve a empezar. Los cursos, las clases, el gimnasio, las promesas, los objetivos. Es como otro enero pero con calor.

Agosto bien explosivo, radiante y lleno de luz con nuevas miradas. Cuentan las revistas de moda que con color flúor, rosas y accesorios que se sumergen en un arcoiris de tonalidades. Vamos que lo mejor está por llegar. La llamada de lo nuevo.

Son revistas parecidas a los libros de autoayuda. Te van dando pautas, te hacen una lista de lo que se lleva y lo que no. Lo que puedes comer o no. Qué ejercicios hacer para ser como esas mujeres que han sido recientemente mamás y lucen unas figuras espléndidas. Claro que a lo mejor tu presupuesto no alcanza para ir a un Instituto de estética como ellas, donde regeneran la piel y remodelan el cuerpo o un entrenador personal que te exige y obedeces hasta la extenuación.

Para mí agosto son canciones. Días de campo en familia. Coger uva de la parra. Caminatas largas con mi madre para después darnos baños con risas en la piscina de El Romero. Agosto también son playas de aguas turquesas en Bolonia o entre Dos Mares y de levante fuerte en el Estrecho que no deja ni acercarte a la orilla.

Este verano fresquito apenas se ha asomado ese viento cansino. Pero los que vivimos por esta zona ya estamos acostumbrados a sus locas, y dicen los entendidos, que también necesarias visitas.

Agosto es para no sentirse solo. Es para ir y volver. Para perderse y volverte a encontrar. Hacer kilómetros en la carretera sin planes fijos. Correr con el viento en la cara y el sol en la espalda.

Ay aquellos agostos de niña que se hacían tan largos. Aquellos otros de adolescentes con los exámenes en septiembre... Las vacaciones del primer trabajo cuando septiembre era el mes de los membrillos que arrancaba mi padre de los árboles de mi campo para comérmelos a bocados. Regaba la huerta y mi madre hacía gazpacho en la cocina. Yo escuchaba el ruido de la batidora y esto me hacía feliz. Simplemente esto me  hacía feliz.

Algo tan sencillo puede ser ahora tan difícil. Porque los veranos que ya son distintos, para siempre. Que no volverán. Aquellos que no nos dábamos cuenta que eran tan hermosos o sí, pero no tanto como cuando los pierdes.

Agosto, verano de recuerdos y de ahora mismo. Escribo y revivo.  Han pasado minutos y nuevo programa en la radio. Se fue la música de aquellos años pasados y ahora suena lo actual. El rap de una gitana que se siente orgullosa de serlo cómo no, por supuesto. Voy a disfrutarla. La rapera de Jerez, Mala Rodríguez: "Quién me protege". Movimiento #MeToo. No dejes de escucharlo te entusiasmará, te dará vida. ¡Vamos!

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