Una concentración del 15-M en Cádiz.
Una concentración del 15-M en Cádiz.

A mi generación. La de las dos crisis en menos de 30 años. La que reúne monedas para pagarse una terapia y resolver los conflictos emocionales familiares, única herencia que reciben. La que cobra cuatro y cinco euros la hora poniendo copas y desayunos. La que va a la universidad arañando becas cada vez más escasas. La que tuvo que salir a defenderse contra los planes educativos neoliberales de Bolonia. La que sufre el precio del alquiler sin control alguno. La que estudia y trabaja a la vez. La que está aprendiendo a cuidar en un sistema que sólo te enseña a producir. La que con una tienda de campaña y un altavoz vive las mejores vacaciones de su vida. La que monta en bici, se cuestiona el consumo de carne, se preocupa por el agua y se moviliza contra el cambio climático. La que ya no tolera comentarios homófobos y machistas en la cena de Navidad. La que no compra los discursos de Mr. Wonderful ni la doctrina individualista.

A mi generación. La de la incertidumbre permanente, la ansiedad perpetua, el estrés continuo. La que sabe que tiene que compartir habitación hasta los 35. La que nunca tendrá un trabajo estable. La que cotiza y paga pensiones que probablemente nunca llegue a cobrar. La que se esfuerza en imaginar un mundo diferente. La que adopta y no compra. La que se enfada por la muerte de Lloyd en Estados Unidos pero también por los abusos a las temporeras en nuestra tierra. La que se conmueve con las historias de las personas refugiadas. La que no compra los discursos xenófobos de quien ve en las pateras a peligrosos invasores en lugar de personas que necesitan ayudan. La que intenta escuchar más que hablar.

A mi generación. Heredera inmediata del 15M. Hacedora incombustible de los 8M. La que compaginó las pancartas en la universidad con las noches de estudio eterna. Y la que no quiso ir a la universidad porque cuestiona que haya que estudiar una carrera para aprender, trabajar, formarse y ser feliz. Y la que no pudo ir a la universidad porque desde el principio tuvo que ayudar económicamente en casa. A mi generación, hija de la burbuja más devastadora de Europa. Nieta de la Transición más mentirosa del mundo. La que se emociona con la memoria histórica, la que sigue enfadada porque Lorca esté en una cuneta, la que no quiere aceptar a Queipo De Llano en una Basílica, la que aún llora con el genocidio de la Desbandá.

A mi generación. Andaluza, castellana, vasca, gallega, murciana o catalana. La que quiere existir. La que quiere ser nombrada. La que está harta de todo y corre el peligro de bajar los brazos y morir. No os resignéis. Viene otra crisis y ahora nos tocará a nosotras poner el cuerpo para evitar desahucios. Viene otra crisis y ahora nos tocará a nosotras defendernos las unas a las otras. Viene otra crisis y ahora nos tocará a nosotras arremangarnos y morder. Sigamos juntas. Sigamos cuestiónandolo todo. A mi generación, gracias por todo. La batalla continua.o

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