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Siempre que hablamos de Derechos Humanos suele ser para reivindicar los que vamos perdiendo, para denunciar violaciones flagrantes de esas que, año tras año, se siguen produciendo en cualquier país de este planeta. En esos casos, damos nombres concretos, nombres de personas que sufren violación de sus derechos y que convertimos en prototipo, en símbolo de los miles o millones de personas que ver mermados, como ellos, sus derechos. Pocas veces lo hacemos para dar buenas noticias en cuestiones de DDHH. Otros sí, a los líderes políticos los oiréis hablar muchas veces de DDHH, de su política favorable a tal o cual derecho humano. A ellos, sin embargo, nunca los oiréis hablar de personas concretas. Ellos suelen hablar de manera difusa, darán muchas cifras de buenas intenciones que, en la mayor parte de los casos, quedarán en eso, en buenas (o falsas) intenciones.

En esta ocasión, sin embargo, sí quiero recordar algunas de las buenas noticias de lo que hemos conseguido quienes hemos apoyado con nuestra firma las campañas de Amnistía Internacional. Nuestra primera buena noticia se produjo el día 7 de enero: tras siete años de pelea pidiendo firmas, denunciándolo en todos los foros, conseguíamos que la empresa Shell pagará 55 millones de libras por los vertidos en el delta del Níger. La última, hace apenas unos días: el 22 de diciembre Grecia reconocía las relaciones entre personas del mismo sexo con una votación en el parlamento que extendía las uniones civiles a las parejas entre personas del mismo sexo. Entre estas dos noticias hemos conocido otras muchas, repartidas por todo el planeta y que tienen algo en común: Amnistía Internacional estaba allí luchando para que se produjeran.

Casi todos los motivos de preocupación de Amnistía Internacional están en estas buenas noticias. Hemos asistido a la abolición de la pena de muerte en Zambia y Mongolia, pero también a la aparición de un condenado a muerte por delitos cometidos siendo menor que estaba en paradero desconocido en Irán, y a la revisión de su pena. Este año también fue indultado Mosés Akatugba, un nigeriano, por el que nos movilizamos en 2014, torturado y condenado a muerte por el grave delito del robo de tres teléfonos móviles cuando tenía 16 años. Otra de nuestras preocupaciones, los presos de conciencia, también  ha estado presente en estas buenas noticias. Desde la noticia de la posposición de la flagelación de Raif Badawi, un bloguero condenado a 1000 latigazos en Arabia Saudí por opinar en internet, hasta el indulto, también en Arabia Saudí a presos condenados por cargos sobre derechos públicos, o la libertad bajo fianza de 5 activistas chinas que defendían los derechos de las mujeres, o la liberación de tres hermanas, en Emiratos Árabes Unidos, que habían pasado tres meses en detención secreta por tuitear, o los indultos en Egipto a personas presas por manifestarse pacíficamente. Y también la liberación de una activista de Sochi, en Rusia, encarcelada por cargos absurdos o la liberación de Leyla Yunus, presa de conciencia de Azerbaiyán.

No podemos olvidar tampoco la libertad de expresión, presente en la liberación de un grafitero en Cuba, la retirada de cargos al periodista Rafael Marques de Morais en Angola o la sentencia del Tribunal Supremo de India defendiendo la libertad de expresión en internet. La lucha contra la tortura y la impunidad ha visto sus frutos en Uganda y República Centroafricana, con el traslado a la Corte Penal Internacional de Dominic Ongwen, ex comandante del Ejército de resistencia del Señor. También en Guatemala se condenó a un ex jefe de policía por el ataque a la embajada de España en 1980 y en México fueron llevados ante la justicia policías que torturaron a una mujer para que confesara un crimen y fueron liberadas víctimas de tortura acusadas con pruebas falsas.

Han sido muchas más las buenas noticias, muchas de ellas en relación con los derechos sexuales y reproductivos. Este ha sido el año del reconocimiento del matrimonio homosexual en Grecia, pero también en Irlanda y Estados Unidos. En este año Noruega ha hecho más fácil y accesible el reconocimiento legal de la identidad de género y Perú ha creado un registro de víctimas de esterilización forzosa o se indultó en El Salvador a una mujer por un aborto espontáneo y se despenalizó el aborto en determinadas circunstancias en Chile.

No han sido solo estas. Y esto nos alegra. Nos alegra saber que en cada uno de estos casos ha habido un drama personal que ha acabado o se ha suavizado. Nos alegra saber que muchos de estos casos abrirán la puerta a cambios legislativos que defenderán mejor los derechos humanos en algún rincón del planeta.

Sin embargo, somos conscientes de que las malas noticias son muchas más en nuestra web, somos conscientes de que, a pesar de los avances, también se producen retrocesos permanentes en otros lugares. Nosotros somos más conscientes que nadie de que cada derecho tenemos que pelearlo cada día, de que cada persona a la que se violan sus derechos, nos necesita a todos y, por eso, pedimos que nos alegremos todos por estas buenas noticias pero que no dejemos de luchar cada vez con más fuerza por convertir en buenas todas las malas noticias del año. Sin ti y sin tu firma, no podemos hacerlo.

 

Juan Francisco Villar Caño

Coordinador de Medios de Comunicación de Amnistía Internacional Andalucía

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