11006: el barrio se cae

Vivo en el barrio Santa María. En el 11006. Y de aquí es la asociación feminista, Cádiz Abolicionista. Y lo que está pasando no lo leo en las noticias: lo escucho y me lo cruzo cada día

Patrulla vecinal contra la droga en el barrio de Santa María en Cádiz.
Patrulla vecinal contra la droga en el barrio de Santa María en Cádiz. REYNA

Dicen que la droga ha vuelto.
Pero aquí nadie es tan ingenua.

Aquí lo que pasa es que nunca se fue del todo.
Y lo que sí se ha ido es todo lo demás.

Se han ido los comercios.
Se han ido las oportunidades.
Se ha ido la vida que hacía barrio.

Y muchas vecinas también. Expulsadas poco a poco, sin ruido, sin titulares.

Mientras tanto, Cádiz se vende bonita, turística, limpia. Para quien pueda pagarla. Para quien venga de fuera. Para quien no tenga que quedarse.

Y en barrios como el barrio Santa María, lo que queda es esto.

Cuando la situación se hace imposible de esconder, entonces sí: aparecen los titulares, la alarma, la presencia policial.

Pero aquí hay memoria.

El barrio Santa María ya ha pasado por algo parecido.
Y eso aquí no se olvida.

Porque sí, esto es un problema.

Es tener la venta debajo de tu casa todos los días.
Es salir al portal y encontrarte consumo donde debería haber vida.
Es no descansar, vivir en alerta constante.
Es que tu casa deje de ser refugio.

Y es desde ahí desde donde hay que hablar.

No desde fuera.
No desde quien pasa y se va.

Sino desde quien tiene que volver a casa.
Desde quien no recupera el aliento hasta que entra por la puerta.

Porque ni la casapuerta es ya un espacio seguro.
La mía, por ejemplo, está rota desde hace años. Es una finca de la Junta de Andalucía y no invierte un euro en arreglar lo básico de la finca.

Y desde ahí también hay que hablar.

Y luego está lo que no se dice.

Aquí no solo hay quien vende. También hay quien viene a comprar.
Motos y patinetes en dirección contraria, coches entrando y saliendo. Gente que no vive aquí. Gente que no se queda.

La droga no se sostiene sola. Se sostiene con dinero.
Y ese dinero muchas veces no está en el barrio.

Y mientras tanto, las vecinas. Las que siguen aquí.
Las que lo viven. Han dicho basta.

Y no, no es que “cuidemos mejor”.
Es que cuando todo falla, somos a quienes les cae encima lo que nadie más asume.

Pero esto no va de cuidados.
Va de vivir con dignidad.

Y ahora llega la intervención, con dos coches atravesados en la Calle Botica
Pero llega como llega.

Y en medio de todo, otra vez, las mismas: mujeres, niñas, niños.
Las que no se han podido ir. Las que vuelven a quedar en medio.

No como problema.
Sino como quienes cargan con todo.

No se puede hablar de seguridad sin hablar de dignidad.

Los recursos no se buscan cuando todo explota.

Porque lo que pasa en el barrio Santa María no es casualidad.

Es lo que ocurre cuando una ciudad decide para quién es y para quién deja de serlo.

El barrio Santa María necesita volver a latir.
Con vecinas, con vida, con trabajo, con casas abiertas y habitables.

Y desde aquí, desde dentro, lo único que se puede hacer es decirlo.

Porque vivirlo, ya lo estamos viviendo.

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