Martín Gómez: "En la política falta todo lo que debe tener un costalero, verdad y honestidad"

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Reniega de ser el capataz más mediático de Jerez, pero desde 1984 está al frente de los martillos y actualmente dirige a más de 500 hombres en seis hermandades. Eso sí, una cosa tiene clara: "No hay ningún paso por encima de mi familia".

Afirma que llegó “de rebote” al llamador de la Sagrada Cena cuando solo tenía 21 años. Apenas llevaba tres años poniéndose la molía y solo uno bajo las trabajaderas del impresionante misterio de San Marcos cuando Manuel Muñoz Natera, el eterno hermano mayor de la corporación blanquiroja, confió en él para esos menesteres. Desde entonces han pasado 34 largos años en los que Martín Gómez Moreno (Jerez, 1963) se ha ido curtiendo con el martillo, de manera autodidacta y aprendiendo de algunos de los grandes capataces que ha dado la ciudad, pero también mucho, según dice, de sus propios costaleros. Después de tres meses de ensayos en hasta siete pasos de seis hermandades (Mortaja, Cristo Rey, Cena, Defensión, Encarnación y Soledad) en los que dirige a más de 500 hombres, y tras superar a duras penas una artritis soriática que a punto ha estado de hacerle andar con bastón, encara una nueva Semana Santa en la que, además, verá a su hijo estrenarse al frente del martillo en la hermandad del Consuelo.

¿Qué queda de ese Martín que se estrenó en la Cena en 1984?

Queda la esencia, la ilusión, las ganas, pensar que siempre puede ser la última vez y como tal hay que vivirlo. Yo empecé en la Cena creyendo que era mi primer y último año y así sigo pensando, y eso creo que te ayuda a hacer las cosas mejor y a preocuparte más por las cosas y a vivirlas intensamente.

¿Cómo llega al martillo de La cena?

Llego de rebote prácticamente, o porque quiso Dios que fuera capataz. Nací con esa ilusión y luego se alinearon los astros. El capataz del misterio decidió ir al palio, la hermandad busca un capataz dentro de la cuadrilla, encuentra a quien creía que era esa persona, pero esta no acepta el cargo por una serie de motivos personales. Luego le llega el rumor que bajo el paso hay un costalero que lleva varios años yendo de contraguía en Vera-Cruz y Loreto, y entonces piensan en mí. De eso hace ya 34 años.

¿Dudó?

Dudé por un instante, porque soy muy responsable y no quería fallar. Le dije al hermano mayor, Manuel Muñoz Natera, que me probara y a partir de ahí, me dijera. Él prácticamente me reta y me dice “o sí, o no, porque aquí no hay probaturas”. Y decidí que yo sería el capataz. Perdí el miedo y los complejos.¿De quién aprende?

Yo siempre he dicho que he sido autodidacta, aunque he aprendido de todo el mundo. Me ha gustado salir fuera de Jerez a conocer formas nuevas, no solo en las herramientas de la carga, también en la técnica, en la forma de mandar e incluso en la manera de tratar a la gente. He ido cogiendo siempre algo de los capataces a los que he admirado y en Jerez ha habido muchos: Diego García de los Santos, la familia Sacrificio, los Olmedo, a los que les tengo un gran cariño porque fue con los que empecé a cargar… He ido aprendiendo de ellos lo bueno y lo menos bueno, simplemente por tener un criterio propio. Y sobre todo he aprendido de la gente que me rodea. Del costalero he aprendido muchísimo. En la vida, y ya hablo de la vida en general, uno sabe mejor que nadie cuándo las cosas están bien o mal hechas, cuando actúa bien, cuando se puede dormir tranquilo o intranquilo. Y el mundo de la costalería es la vida misma llevado a una pasión, a una vocación, pero al final es actuar como se actúa en la vida, y así se aprende. Igual que aprendemos a vivir día a día y a crecer día a día, yo aprendí a crecer como capataz en el entorno en el que me movía y con la gente con la que me movía.

¿Cómo ha evolucionado el mundo de la costalería?

Ha evolucionado muchísimo. Obviamente no tiene nada que ver el costalero de antes con el que hoy conocemos, que tiene una mentalidad infinitamente distinta a la de antes. El de hoy viene con una idea de la técnica muy depurada, con la lección bien aprendida. Hay muchos que dicen que es afición, yo digo que es vocación, porque es un oficio en definitiva y los oficios son vocacionales, porque además para meterte debajo de un paso sin cobrar hay que tener mucha vocación, porque no es divertido, aunque puedas tener muy buenas sensaciones. Así que hoy el costalero viene con esa sabiduría. Cuando llegamos nosotros éramos el eslabón entre los profesionales y los hermanos costaleros. El costalero profesional, al que le debemos mucho, era una persona denostada, que no estaba bien mirada y que entraba por la puerta de atrás de la iglesia. Y a raíz de que empiezan a entrar hermanos costaleros, la gente empieza a verlo como algo que se pone de moda. Y esto hace que la gente, al ver que hay gente ‘normal’ debajo de un paso, se fije en el oficio.

"Se puede ser costalero sin ser creyente. Siendo capataz del Prendimiento, uno me dijo que no era cristiano, pero que creía en el Prendimiento. Yo creo que con eso está todo dicho"

¿Qué le falta al costalero de hoy?

A veces al costalero de hoy le falta esa honestidad, esa lealtad que antes sí había, una verdad transparente y absoluta, y eso a veces puede ser que se eche en falta. También es verdad que el costalero de antes era muy talibán y pensaba que el cristo era suyo, y de esa manera tampoco se crece la devoción ni acercas a la gente a los pasos. Puesto en una balanza, tiene tantas cosas buenas como malas esa evolución. Y los que vamos delante de los pasos tenemos que tener claras las cosas y tener claro cuál es el camino en el mundo del costalero, cuál es el trabajo que tiene que desarrollar y cuáles son las formas de actuar, cómo tiene que comportarse, y exigirle eso.

¿Se puede ser costalero sin ser creyente?

Se puede ser. Siendo capataz del Prendimiento, uno una vez me dijo que no era cristiano, pero que creía en el Prendimiento. Yo creo que con eso está todo dicho. ¿Tú crees que de verdad ese hombre no tenía fe? Yo siempre digo, y hablo desde la fe, que tiene que haber un fundamento en todo, y si no lo hay nos podemos ir a un gimnasio y coger unas pesas. Aquel que se mete debajo de un paso no solo le mueve la vocación costalera, aunque muchos se metan para descubrir un mundo.¿Es honrado con su capataz y con sus compañeros un costalero que cargue cuatro, cinco o seis veces en una semana?

Sí, ¿por qué no? Sí es verdad que siempre me he preguntado eso, y la lógica dice que si estás cansado el martes, el miércoles vas a estarlo aún más. Una de las virtudes que tiene que tener un costalero es tener vergüenza, además de ser una persona de verdad y ser amigo de la gente que te rodea. Si esto se cumple, el costalero que no puede más te lo va a decir, y a mi me lo han dicho más de una vez, porque es mejor eso que seguir arrastrándose debajo del paso y perjudicar a sus compañeros. Si una persona, por su trabajo, descarga sacos de lunes a viernes, ¿por qué un costalero no va a poder hacer lo mismo? Ojo, siempre que esté físicamente preparado. Yo tengo costaleros en seis cofradías y cumplen. Y bien.

¿Ha tenido que dejar a mucha gente fuera de los pasos que dirige?

A veces hay que decirle a la gente que no puede, porque no hay sitio, porque en un paso hay una capacidad y no hay más. Y a veces tienes que dejar a gente fuera. Ten en cuenta que en La Cena normalmente han ido a pedir sitio unas 150 personas, y yo meto a 80. No hay sitio para todos. Este año además ha sido difícil, porque cogemos la cofradía entera y he tenido que tomar decisiones que no me han gustado, porque he tenido que hacer una sola cuadrilla y gente que iba en el misterio va ahora en el palio y al revés. Ha habido gente que se ha ido, porque no ha querido cargar con el palio, y otra que han podido entrar. Estamos empatados entre los que no he podido meter y los que se han ido. Cada uno tiene sus motivos, los míos son objetivos, de capacidad, y otros tienen otros.

"No hay nadie imprescindible: ni el costalero, ni el capataz ni la propia imagen de Cristo o María"

Alguno critica a menudo su expresividad, sobre todo cuando se pone al frente del Señor de La Cena y de la Virgen de la Soledad. ¿Qué les diría a esas personas?

Solo digo que me conozcan. Tienen derecho a opinar sobre mí y yo a expresarme según dicta mi corazón. En mi vida he fingido delante de un paso, porque es imposible. ¿Quién no se emociona con todo lo que ha sido antes, con lo que ha provocado lo que eres hoy, que es la Cena. Y quién no se emociona cuando te pones delante del amor de tu vida?

¿Hay capataces y costaleros que se creen más de lo que son?

Es una pregunta muy complicada. Por ejemplo, hay gente que se cree que yo soy más de lo que soy por la forma en que me expreso, porque no permito ciertas licencias, porque soy muy duro… Y yo creo que no, no creo que haya capataces que se crean más de lo que son. Al final el tiempo pone a cada uno en su sitio y el capataz que no es bueno no va a durar mucho. Con esto no quiere decir que yo sea muy bueno porque lleve 34 años. En cuanto a los costaleros, los capataces tenemos que dirigir y educar a los más jóvenes. Y yo creo que tengo la responsabilidad de educarlos y así evitaríamos a costaleros que se exhiben con demasiada facilidad y se creen muy importantes o excesivamente importantes, porque no hay nadie imprescindible: ni el costalero, ni el capataz ni la propia imagen de Cristo o María. Lo que es insustituible es la fe, lo demás, los pasos, todo, es sustituible.

¿Se considera el Mourinho o el Guardiola de los capataces de Jerez, un capataz mediático?

(Ríe) Soy un capataz mediático porque lo dice la gente, no porque lo diga yo. Lo único que hago es hacer mi trabajo bien, como yo sé hacerlo, pero no me creo un capataz mediático. Pero muy mal no tengo que hacerlo para llevar siete pasos y llevar 34 años en esto. Soy, quitando al capataz del Huerto —Manuel Ballesteros—, el capataz más viejo de Jerez.¿Costal o molía?

Yo no entro en esas discusiones. Yo trabajo la molía porque la conozco y me va bien, pero respeto el costal igual que a la molía. Yo creo que cualquier herramienta es válida siempre que se trabaje bien y se hagan las cosas con respeto. En Jerez se quiso crear un pulso entre el costal y la molía, pero creo que cuando las cosas evolucionan para bien, si hay que cambiar se cambia, pero si se hace bien las cosas con una herramienta que es nuestra, por qué no vamos a mantener lo nuestro, aun permitiendo la entrada de otras formas que pueden convivir. No hay ningún problema. Yo no tengo ningún rechazo al costal. Para mí la herramienta no es fundamental, es hacer el trabajo bien hecho y tener una técnica.

¿Hay muchas envidias en el mundo del martillo?

(Se lo piensa) Yo no sé si la palabra sería envidia… O sí. A veces sí existe eso de los codazos para llegar a según qué sitio, aunque cada vez menos porque cada vez hay más capataces. Pero yo no concibo la envidia, ni la buena ni la mala, yo concibo aprender, evolucionar y querer siempre ser mejor. En Jerez hay capataces muy suficientes, sabiendo que su trabajo es bueno, y no les hace falta mirar a un lado. Lo que está claro es que si uno quiere ser un Martín Gómez tendrá que tener un bagaje, no digo de 34 años, pero sí de 28 o 30. Puede ser que haya muchas ganas de coger muchos pasos, eso sí puede haber. Hay de todo.

"Se está perdiendo el alma de la Semana Santa. Igual que en el mundo del costal falta más verdad, más esencia, más autenticidad"

Igual que en España todo el mundo se las da que entiende de fútbol, ¿cuándo llega la Semana Santa todo el mundo entiende de costalería?

A nivel de costaleros sí, a nivel de público la media en Jerez es muy bajita. Hay gente que aplaude cuando la música suena muy fuerte, y no cuando un paso anda de escándalo, o falta ese aplauso después de que un paso ande extraordinario y termine una marcha. Esa magia falta en Jerez. Si nos preocupamos de que los pasos anden bien, que el exorno floral sea bueno, que el cortejo de nazarenos parezca dibujado, todo eso merece un aplauso.

¿Se está perdiendo cierta esencia en la Semana Santa?

La Semana Santa ha evolucionado y estéticamente es mejor que la de antes, musicalmente se ha cuidado más, el nivel de exorno floral es increíble, la manera en que se visten las imágenes es impresionante y una hermandad en Jerez puesta en la calle no tiene nada que envidiarle a Sevilla. Pero se está perdiendo el alma. Igual que en el mundo del costal falta más verdad, más esencia, más autenticidad. Y esto no lo digo para hacer daño, sino porque creo que tenemos muchísimo que mejorar, capacidad para mejorarlo y tenemos que querer mejorarlo. Y aquellos secuestradores de las cofradías tienen que desaparecer. Tenemos que descubrirlos y quitarlos de la circulación.

¿Qué opina de las cuadrillas mixtas?

No creo en las cuadrillas mixtas. No creo que técnicamente sean posibles, no son compatibles. Debajo de un paso el sudor, la oscuridad, mujeres y hombres… ¿Hasta que punto se puede evitar cualquier roce, cualquier mal pensamiento, cualquier rifirrafe que quizás no sea intencionado y se considere como tal? Las cuadrillas deben ser o de hombres o de mujeres.¿Su peor momento delante de un martillo?

Ha habido muchos. Recuerdo mi último año en el Señor de la Vía Crucis, que me enteré luego que le habían metido unos sacos de arena bajo el canasto al Señor para que no levantáramos muy fuerte, y yo tenía la sensación de ir perdiendo diez a cero y no saber cómo parar los goles. Fue una noche muy dura, porque fue además una madrugá de muchísimo frío, donde la gente iba cayendo como moscas y donde hubo un momento en el que pensé que el paso no llegaba, y fue provocado por eso, por una mala gestión del tiempo de la cofradía en la calle, de los parones. Se había trabajado previamente de una manera de caminar y cambió todo diametralmente y viví una situación grave. Hay que concienciar a las hermandades que debajo de los pasos van personas, que lo importante no son las papeletas de sitio.

¿Su mejor momento?

He tenido montones. Pero mi mejor momento es ponerme delante de la Soledad todos los años.

En su cuenta de Twitter, dice que “el éxito es la realización progresiva de un sueño”. ¿Cuál es el sueño de Martín Gómez?

Mi sueño siempre es conseguir metas. Esto es muy genérico y hablo de cualquier proyecto. Por ejemplo con la fotografía, que me encanta. Hacer una buena foto es conseguir un sueño. Cada vez que consigo mejorar en mi técnica es cumplir un sueño. Cada vez que termino un ensayo y veo el buen trabajo que se ha hecho, es un sueño conseguido. La vida es un sueño continuo, cosas por realizar, retos que ni tú siquiera sabes. El día que te falte eso, más vale que te mueras.

Ahora sacamos un paso por todo, aunque cada hermandad tenga derecho para conmemorar una efeméride, pero a veces pecamos de demasiadas procesiones

Muchos critican la cantidad de procesiones que hay en Jerez, y el propio Repetto Betes, en una entrevista en lavozdelsur.es lo pensaba. ¿Usted qué cree?

Yo también lo creo. Creo que hay demasiadas cofradías en Jerez. No puede haber gente en Jerez creando cofradías y que no esté trabajando en la suya de toda la vida. Ahora sacamos un paso por todo, aunque cada hermandad tenga derecho para conmemorar una efeméride, pero a veces pecamos de demasiadas procesiones.

Es muy activo en redes sociales y tiene hasta su propia web. ¿Se considera un capataz 2.0?

Yo creo que sí. Es importante estar en redes. Una de las condiciones básicas de un capataz es el liderazgo, y el tiempo en que vivimos te ofrece unas herramientas muy útiles si son bien utilizadas, como mi web, en la que informo a mis cuadrillas de todo lo que hago y de lo que ellos tienen necesidad de saber. Yo manejo a más de 500 costaleros y para mí es más fácil ponerme en contacto con ellos a través de Twitter o de mi página web, de Facebook o de Instagram. Y luego veo las redes sociales que mejor funcionan. Yo soy amigo de la evolución y de hecho creo que llevo 34 años de capataz porque he evolucionando con el tiempo.

Ha sido y es capataz de alguna de las grandes devociones de Jerez. ¿Tiene alguna espina clavada?

Ninguna. He sacado lo que quería, lo que amo. Ya me puedo morir tranquilo.¿Ha rechazado alguna vez a alguna hermandad?

Sí, porque he creído que no era el capataz adecuado. Ha habido hermandades de las que me he ido porque he pensado que o bien ya estoy caduco ahí o no soy el capataz que la cofradía necesita.

De momento el Miércoles Santo no saca ningún paso en Jerez. Pero imagine que lo llaman de Sevilla…

Este año no me hubiese ido, porque mi hijo se estrena con el Consuelo y no voy a faltar a esa cita aunque me dieran a la Macarena, mi hijo está por encima. Yo escuché una vez a Luis León —excapataz de la Macarena— decir que la Macarena estaba por encima de su familia, pero yo tengo claro que no hay ningún paso por encima de mi familia. Y esa es otra de las cosas buenas: hay que tener más vida que las cofradías. El que solo tiene de vida a las cofradías le hace daño a las cofradías. El que tiene más vida es el que hace que las cofradías evolucionen, que vivan libres, porque si no se las secuestra y hace que las cofradías ni tengan una buena imagen ni crezcan. Yo tengo más vida, así que ninguna cofradía es más importante que mi familia.

"Yo tengo claro que no hay ningún paso por encima de mi familia"

Pero si le llamaran de Sevilla en futuro, ¿diría que sí?

Si no tuviera nada sí cogería un paso en Sevilla, pero es muy difícil. Eso sí, tiene que ser muy bonito coger un paso en Sevilla.

¿Va Martín Gómez siempre de frente por la vida?

Siempre. No tengo dobleces. No se si soy el que merece o no estar delante de los pasos, porque tengo defectos como todos, pero voy de frente.

¿La izquierda alante y la derecha atrás?

Siempre. Siempre para una revirá (ríe).

¿Y en política?

(Vuelve a reír) No lo sé. He intentado alejarme siempre de la política, porque muchas veces se sirve de la Semana Santa y los cofrades son tan necios que se dejan servir. Yo he pensado muchas veces que es imposible hacerlo peor, pero yo ahora creo que es posible hacerlo peor a todos los niveles de la política. En la política falta todo lo que tiene que tener un costalero: esa verdad, esa honestidad, esa autenticidad, esa convicción de creencia, esa convicción de principios, que no digo que no los tengan todos los políticos, pero sí es verdad que el escaparate que se proyecta es que falta todo eso y que en política muchos van a ganar un sueldo y han pensado más en un negocio que en la política. Y al final, lo que no es vocacional termina siendo algo interesado.

Sobre el autor:

Jorge Miró

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