El nervio del flamenco, el artista con más personalidad en la sangre, estrena mural en la caseta de lavozdelsur.es. Tomás Moreno se autoproclama "libre" tras más de 30 años de carrera artística y solo pide "no aburrirme".

Los escasos 50 kilos de esqueleto y fibra de Tomasito aguardan inquietos en el 14 de la calle Cantarería. Porta una sudadera psicodélica, un pantalón marrón tostado y sufre una molesta tendinitis en su pierna derecha. “Estuve jugando con el niño a la pelota y me he lastimado. Del deporte también se sale”, comenta burlón. Como es él todo el tiempo. Nos montamos en el coche y emprendemos el camino hacia el parque González Hontoria. Hace ocho años que no pisa la Feria del Caballo, confiesa mientras se lía un cigarrillo. Habla de sus proyectos y de su vida en Madrid, donde se estableció hace ya unos quince años, con brillo en esos ojos tan vivos, con una amplia sonrisa pícara de trilero del compás.

El hijo de la Bastiana apenas ha tenido tiempo de pisar el albero y ya lo asedian a selfies sus seguidores. Gente joven que jamás escuchó a Tío Borrico pero que se lo pasa pipa con Camino del Hoyo y La cacerola. Tiene un premio de la Unión Fonográfica Independiente (UFI); ha cantado en el Sáhara, en Senegal y Sudáfrica. Aparece en Calle 54, de Fernando Trueba, junto a Chano Domínguez. Miguel Bosé le ayudó a buscar piso cuando aterrizó en Madrid. Ha grabado un tema de Rosendo por alegrías; ha versionado en uno de sus discos (Y de lo mío, ¿qué?) a AC/DC; ha sido telonero de Tears for fears; ha actuado en el Espárrago Rock; ha estado de gira con Ketama y Javier Barón, Premio Nacional de Danza. Ha hecho tantas y tantas cosas sobre los escenarios y en los estudios de grabación que es difícil seguir enumerándolas.

Este camaleón jondo acude un viernes noche de preferia a la caseta de lavozdelsur.es para inaugurar el mural que le ha dedicado el artista y fotoperiodista Juan Carlos Toro. Posa con sus dos botas de bailaor (sus “pimientos”) y emula con sus manos las garras de un fiero felino Azalvajao, como llamó a su séptimo disco. Tomasín, el niño al que Diego Carrasco colocó en el tablao madrileño de Los Canasteros con 13 años, en el cuadro de Caracol, es puro nervio. El artista con más personalidad en las venas. Cervecita en mano, toma sitio en la caseta. En 20 minutos vamos a hablar con el artista inclasificable al que llaman Tomasito pero también vamos a intentar conocer mejor a Tomás Moreno Romero. Ese fino de su casa que nació hace 46 años en la calle Guarnidos, en la frontera con San Miguel, y que se hizo niño robot en Santiago antes de dar el salto a los escenarios de medio mundo. Mezcla reflexiones, salta de pensamiento en pensamiento, desgarbado, sui generis. Su madrina, Lola Flores, le dio un consejo que intenta seguir a rajatabla: haz lo que te dé la gana. Y ahí sigue. Flamenco, rumbero, canalla y libre, muy libre.

¿Cuánto cuesta la libertad, mantenerse azalvajao?

Cuesta un montón, la verdad, y no lo soy del todo del todo, soy un 99% de azalvajao porque siempre depende uno de otros. Pero hay que mantener la postura de no tener complejos, de intentar ser libre, un salvaje es una persona limpia, ¿no? Libre en cantar lo que quieras, libre en que una compañía no intente hacer lo que quiera contigo…

¿Con usted lo han intentado o ni se les ha pasado por la cabeza?

Conmigo lo han intentado y la verdad es que no. He cedido con cosas que las compañías a lo mejor me lo han puesto por delante con la buena vista de ayudar al artista, y hay veces que me ha convencido pero hay veces que he dicho: mira, esto no es para mí, y la verdad que lo han entendido. Hay que tener hoy en día ese punto y la autoridad de decir las cosas y no tragar. Tiene guasa cuando cantas cosas que no te gustan porque luego se quedan grabadas.

¿Hay mucha tragadera en este mundillo?

Hay mucha tragadera, sí, compadre. Hoy en día como hay menos compañías lo que hay es mucho crowfunding, pero antes sí, tenías que pasar por ahí a veces. Hay que ser libres, cantar lo que quieras en un disco, lo mismo rock, rap, flamenco, bulería, seguiriya o soleá…

"Siempre he ido a mi rollo y la verdad que los flamencos siempre me han querido. Yo los he respetado y nunca han tenido queja"

Acumula más de 30 años de carrera. ¿Se ha sentido alguna vez incomprendido?

La verdad que una vez me sentí incomprendido en Los Canasteros, cuando tenía 13 o 14 años. Era un extranjero que dijo: '¡esto no es flamenco!... como hacía breakdance, era un loco… Me vio los pies haciendo breakdance y no lo comprendía. Siempre he ido a mi rollo y la verdad que los flamencos siempre me han querido. Yo siempre los he respetado y nunca han tenido queja. Las críticas son aceptables y yo tengo suerte con los flamencos.

Usted lo mismo encaja en un festival indie que en uno de flamenco. ¿Ha arriesgado mucho para llegar a eso?

La vida tiene sus riesgos y yo me he atrevido a hacer otro tipo de músicas. De repente, he estado haciendo rock, rap, funky... Entonces es muy fácil, si lo haces bien, entrar en un festival de indie, de rock, punk o flamenco. Es lo bueno, es lo que tiene estar salvaje, ser libre y hacer diferentes tipos de música. A Festivales de jazz también voy… Me meto en cualquier historia, me junto con el G5 o con La Pandilla Voladora. O me encuentro con Los Deliqüentes para cualquier historia…

Ha colaborado con multitud de artistas, ¿qué experiencia le ha resultado más gratificante?

Pues, todas, pero muy gratificante, el G5. Fue un puntazo. Reunirnos con Kiko, con Muchachito y Los Delinqüentes... Aprendí mucho. Componer juntos, aprendí mucho con ellos, en el sentido de componer y estar ahí arriba juntos, nunca había tenido esa experiencia. Y luego la experiencia con Albert Plá y Lichis. Pero soy un músico que me llama Chano Domínguez y me voy de gira, o me llama Carlos Benavent, que estoy ahora con él, e igual; o Wynton Marsalys y Chick Corea… Ahí aprendo un montón. 

¿Alguno le impactó de manera especial?

Lola Flores.

Bueno, ella es mención aparte.

(Risas) Es mención aparte, pero bueno. Con Chano Domínguez la verdad que se aprende un montón; y simplemente hacer tres bolos con Chick Corea, pues también. Pero para gratificante, quizás, el G5. Fueron mucha risa y locura. Se cumplen ahora diez años y a ver si nos juntamos otra vez.
¿Y de aquellos flamencos antiguos que tuvo la suerte de conocer, quién le infundía más respeto?

Manuel Morao, eso para mí era un respeto. Él fue el que nos sacó con España-Jerez, con Loli Carpio, La Macanita… Más pequeño... es que he conocido a ese tío Sordera, a tía Anica La Piriñaca, que la veía en la casapuerta y me llamaba la atención… Hombre, era un privilegiado porque me llevaban con ellos El Torta, Capullo, Luis de la Pica, el Periquín, mi tío Fernando de la Morena, Diego Carrasco… Se aprendía un montón con ellos, estaba en las fiestas callado y me decían venga niño, arráncate. Hoy en día estoy aquí por ellos también, he vivido muchas fiestas y festivales con ellos... vamos a llevarnos al niño, vamos a llevarnos al niño; les debo mucho. Yo era el llaverito, me sentía muy arropado y me querían como si fuera su sobrino.

¿Qué se considera de Santiago o de San Miguel?

Yo en cierta manera me considero de los dos barrios porque de pequeño mi colegio era el de Sancho Vizcaíno y fui monaguillo de San Miguel, y me echaron porque me comí todas las hostias. No había merendado y me dijeron ya estás tú en la calle

En la Iglesia aprendió a rapear por bulerías.

Sí, claro, le he sacado su partido a la Iglesia, en lugar de sacármelo ella a mí. Aprendí rap con un cura: [empieza a rapear atropelladamente pero a compás] enelnombredelpadrelagraciadelseñorJesucristoelespíritusanto… Entonces eso yo lo metía por bulerías en las bodas y en los bautizos. De alguna manera tenía mis colegas en la calle Guarnidos, porque yo nací allí, pero luego me iba a Santiago a ver a los otros. Y entonces tenía una libertad que me pasaba de barrio a barrio agustisimísimo, y eso mola. Lo mismo estaba en la calle Baro que estaba en la calle Nueva, y eso me molaba un montón.

"El flamenco puro es lo que nos tiene aquí. Si no existiera, qué haríamos nosotros los flamenquitos"

En todo caso, Lola fue decisiva en su carrera.

Sí, claro. Yo sin darme cuenta estaba en Santiago y, de repente, el teléfono sonaba y mi madre me chillaba: ¡Que te ha llamado Lola Flores! Me llevaba a la tele y una de las veces le comenté que tenía mi rap y mis cosas, El fino de mi casa… y me puso en contacto con una compañía discográfica, con una manager, y ya grabé mi primer disco, Torrotrón (1994), con Antonio de los Ríos El Madriles, con el que hicimos Camino del hoyo y tal. Casi todos los discos están descatalogados, menos dos o tres, por eso grabé con Nuevos Medios, que nunca descataloga flamenco y te tiene el disco para siempre. Las multinacionales, ya sabes. Bueno, no me puedo quejar tampoco.


¿Cómo respira el mundo de la música?

Está muy variante, muy loco. Hay cosas que suenan mucho a lo mismo hoy en día. En esta vida es difícil ser original y sacar cosas, todos dependemos de la influencia de gente. Sí veo que, bueno, todo está muy variable. Pero no soy quien para hablar, imagínate yo con las fusiones que hago. Yo me infusiono solo, como una manzanilla. La música va avanzando un montón, pero si me tengo que quedar, me quedo con lo antiguo. 

¿Los flamencos de antes eran más libres?

Sí, la verdad que sí. Puede ser que antes no te veías tanto, no veías a tanta gente, y era más el momento, la realidad, lo que vivía el cante. El cante va avanzando y la guitarra, y hay que estar siempre ahí. Desde luego en la música, para mí, lo que manda a nivel nacional es el flamenco. Hay otro tipo de músicas pero tenemos que reconocernos en él, que es patrimonio de la humanidad.

¿Utiliza Spotify y ese tipo de plataformas digitales?

No, yo no lo utilizo. No entiendo mucho. 

¿Existe el flamenco puro? 

Claro, siempre. El flamenco puro es lo que nos tiene aquí. Si no existiera, qué haríamos nosotros los flamenquitos, como nos dicen.

"Soy antisano. Haciendo footing me aburro y el golf es un deporte que lo veo 'camino del hoyo"

¿Usted se considera puro?

Yo sí, me considero puro y me fumo puros (risas). Yo sí. Cuando canto la soleá punki o la seguiriya del 2000 estoy cantando puro. Estoy ayyyyyyyy ofú (hace el quejío de su tema Soleá punk). No lo hago de mentira. Es un quejío puro.

¿Qué duele más esa soleá punk tan bestia, tan gore, o la seguiriya de la crisis?

La soleá punk es muy dura, es una letra muy punki, los flamencos somos con las letras muy heavies, tu madre es una judía me ha tirao a la calle esta niña mal nacía, te den una puñalá, la barrita en la boca te la va a llevar… Entonces ese no me importa que me claves... lo acompasamos por soleá aunque es una letra muy punki. Pero desde luego la seguiriya de la crisis es peor, aunque ya te digo, que vivan los jerezanos que se adaptan a lo que hay. Lo ven todo con buena cara. Jerez está muy falta de curro pero la gente es alegre y tira para adelante con lo que hay.

Otra vez elecciones. 

Yo paso de esa gente, de los cuatro paso un kilo. No puedo hablar de ellos, se comen todo, las noticias se las comen todas y se lo comen todo.

¿Hace falta más compás en la política?

Sí, hombre. Necesitan más compás hablando. Les hace falta compás, escuadra y cartabón. Si no, no veas. Lo llevaba Pitágoras y también Cristóbal Colón.

¿Qué hacemos con tantos casos de corrupción?

Estamos todo el mundo atentos a ellos, y son el enfoque, dan un poco de vergüenza. Toda la basca está atenta a cuatro individuos. Pero sabes qué te digo, que estamos mejor sin presidente. ¿Lo ves? No pasa . Todo el mundo va pa' delante... [se arranca a compás otra vez] con bajar un par de cositas, el IVA y no sé qué, no sé cuánto… pa' qué. A la que haya un presidente, todos a por él: hijo puta, tú tienes toda la culpa, te vamos a matar, te vamos a coger… ¿No hay? ¿A quién le echamos la culpa? Alegría. Me cago en las mulas.
¿Los teléfonos con cámara y las redes sociales están acabando con las juergas flamencas?

El que está grabando no está viviendo la juerga. Está ahí haciendo una movida, es igual que con los que lo hacen en los conciertos. Es una pena porque se lo pierden. Esas cosas hay que vivirlas. Y estar. Lo ves pero no es lo mismo. El momento de la fiesta es vivirla. Hoy la gente se pasa mucho colgando las cosas y tal. La autenticidad se está perdiendo, como muchas fiestas flamencas. Como cuando me juntaba en Los Juncales o en cualquier peña.

¿Cuándo vivió la última juerga?

De flamenco flamenco, tengo que pensarlo, pero en Navidades cuando vengo, sí que está la juerga flamenca de la zambomba con la familia. O si me voy a la peña del Pica a lo mejor cojo a un par de estos en chanclas de verano y se pegan dos o tres cantes y dices tú: Ole. Este veranito pasado me pegué un par de ellas. Pero vamos son las mínimas. Hay que saber escuchar, emborracharte, estar en la fiesta. En Santiago lo que queda es un poco la calle Cantarería y del almacén del Vaca en la calle Nueva para abajo. Se están perdiendo los puntos flamencos como antes.

Con La Pandilla Voladora compusieron Del deporte también se sale. ¿Se considera una persona sana?

Yo soy antisano, antisano. No soy sano, tío, te estaría mintiendo.

Pero con su hijo sí que juega a la pelota.

Claro, claro, pero me tomo mi cervecita, me tomo mi whisky. El deporte que hago es irme a la Sierra, que me da vidilla, para coger dos palos y hacer una candela. Haciendo footing me aburro y el golf es un deporte que lo veo camino del hoyo, en el que te tienen que llevar en el carro pa' acá y pa' allá. Eso es muy flojo, ompare.

¿Cómo compone?

Con una guitarra de 50 pavos de Lidl que tengo en casa... a ver si me compro otra que ya los niños han crecido... o con la boca, o con los pies… Te inventas unos ritmos (los emula, es indescriptible la transcripción)… Yo en casita hago un par de cosas que me dan el tono, y las letras salen en cualquier momento. Un colega mío escribe conmigo, últimamente van saliendo cosillas y me mola componer con gente, es más divertido. Con Víctor Iniesta o con mi colega el fontanero. Entre unos y otros van saliendo cosas. Lo mismo en el Metro que aquí en la Feria, cosas de puntos, de cosas de la gente.

"Le pido a la vida no aburrirme, que la cabeza siempre esté produciendo. Con ganas de vivir y de compartir escenario"

¿Qué ha aprendido en tantos años de trayectoria artística?

Yo que sé, compadre. Por lo menos he aprendido más de música, a ajustar cuentas, que si el asesor, el IVA, no sé qué… Aprender he aprendido sobre todo musicalmente de los compañeros y del mundo que te rodea. Tanto en la prensa o en la tele, los fotógrafos, al final todos somos iguales, y todo es una gran familia. Al final aprendes que estás en una gran familia y me intento llevar de puta madre con todos. Uno aprende a sobrevivir gracias a que no tuve un pelotazo con 20 años y no fui un niño tonto rico. Si llego a tener muchos billetes a lo mejor me hago un gilipollas inaguantable. Entonces con 46 que tengo, puedo comer poco a poco, llevo a mis niños al colegio, lleno la nevera. Y eso es lo que pido. Porque, ¿para qué quiero tanta pasta con 20 años si no me la sé gastar luego? Menos mal que no me cayó. Me pudo haber caído. Pero hoy en día, de verdad, salgo, voy pa' arriba, voy pa' abajo. Soy libre, compadre.

¿Qué le pide a la vida?

Bueno, pues que vayan saliendo cosas nuevas, que las cosas sean diferentes para hacer disfrutar a la gente... jajaja como me ha rimado. Que la cabeza siempre esté produciendo. Con ganas de vivir y de compartir escenario. No aburrime.

¿No hay demasiado ruido hoy en día? Decía Manuel Torre que el silencio es una cosa muy grande.

El silencio es mortal, es muy importante, en una canción, en un momento del día, es descansar un poco el oído, es un misterio. Hasta en directo escucho el silencio. Hago click (chasquea con los dedos) y me paro y lo escucho. Esos segundo son mortales, es un imperio. Incluso en el día a día, no escucho mucha música, tiene que ser algo espontáneo, cuando entro en un garito o algo, pero a todo el mundo nos viene bien un poquito de silencio de vez en cuando. 

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