La vacunación en Andalucía contada desde dentro: "Esto es nuestra salvación"

Un cuidadoso proceso estudiado al milímetro donde participan centenares de profesionales permite inyectar casi 400.000 dosis en el primer mes en la comunidad. Hablan por primera vez los protagonistas que vacunan en residencias y hospitales. Tras las dudas de los primeros días, "ya sí está llegando información adecuada. Y no, no lleva ningún microchip"

La vacunación de una sanitaria, este jueves en Jerez.
La vacunación de una sanitaria, este jueves en Jerez. JUAN CARLOS TORO

Rondan las diez de la mañana frente a la antigua cafetería del Materno Infantil en el Hospital de Jerez. Ya no hay cafés estos días. Ahora se sirven vacunas. Desde una ventana, allá por una tercera planta, dos sanitarias se asoman hacia la calle y observan. "Uf, ahora se ve gente", se les escucha decir. "Sí, sí, hay gente". La gente son compañeros de profesión que se acercan con un papel en la mano. Algunos, vestidos de calle. Otros, con sus pijamas y batas. "Se nota frío, ¿eh?". Dentro del hospital está la calefacción y lo que es bajar para un momento se convierte en diez minutos para algunos que acaban calando.

Nada más cruzar las puertas, dos enfermeros jóvenes, que apenas rondarán los 30. "Sí, esto parece una mesa electoral", comentan. Uno de ellos recibe el documento que acredita que la persona que llega es sanitaria y está llamada a su dosis. El otro subraya con fluorescentes en hojas grapadas. En vez del ¡vota! bien podría señalar alguien un "¡vacunado!". 

En Andalucía existen dos procesos diferentes para vacunar: el de los sanitarios y el de las residencias de dependientes. Van ya casi 400.000 inyectadas, que ha permitido poner las dos dosis a unas 120.000. Para el primer proceso están llamados en hospitales, adonde va la vacuna procedente de Sevilla o de Granada, centros receptores de las dosis y que comienzan a descongelarse por el camino. Parten a menos ochenta grados. Ahí comienza una cuenta atrás con neveras portátiles para que pueda inyectarse llegado el momento. La razón de la famosa congelación es que los componentes son muy sensibles y, si no se manejan con mucho cuidado ya en estado líquido, la dosis sería ineficaz. Por eso, esta vacunación es la más compleja que han afrontado los equipos encargados. Y por eso hay que ser extramadamente cuidadosos al transportar la vacuna desde los centros donde se reciben en las provincias hasta cada uno de los geriátricos.

La enfermera Ana María González vacuna en el Hospital de Jerez a una sanitaria, este jueves.
La enfermera Ana María González vacuna en el Hospital de Jerez a una sanitaria, este jueves. AUTOR: JUAN CARLOS TORO

Miriam Parral realiza también tareas en el punto fijo de vacunación del Hospital. En una mesa, tres profesionales consultan a con sus compañeros sanitarios qué síntomas han tenido con la primera inyección. Los que los tienen, van desde los ya conocidos dolores en el brazo hasta cefaleas, el genérico "mal cuerpo" tan andaluz, problemas de estómago o algo de cansancio. Pasa en un día o dos. "Yo estoy desde el 27 de diciembre aquí, y formándonos desde semanas antes. Todos somos enfermeros. Aquí somos unos 15", explica. "Hay días que vacunamos a 500, otros 200, ahora también de centros privados, además de centros de salud de todo el distrito". Reconoce que "no pensábamos que podía vacunarse a tanta gente, estamos muchísimas horas". Ella ya tiene las dos dosis en su cuerpo y sin problemas. "La mayoría de casos no tienen ningún efecto, y muy puntualmente los dolores de cabeza o del brazo. Y es muy parecido a la vacuna de la gripe. Y puede ser la de la gripe hasta más dolorosa, porque en esta vacuna se inyectan solo 0,3 mililitros".

"Si los sanitarios estamos protegidos, también podremos proteger"

A esta hora, quien vacuna es la enfermera Ana María González. Todo el flujo de personas acaban sentándose en el sillón donde ella no les tiene ni que pedir que se arremanguen. Sí pregunta en qué brazo quieren el pinchazo. "Va bien la cosa a buen ritmo". Otra enfermera prepara la disolución, en silencio, concentrada, con los ojos muy enfocados, trabajando lentamente, posando con delicadeza los viales preparados sobre gasas en su mesa, con precisión de microcirugía. Desde que llegan, existe el importante protocolo porque nada puede fallar. "Tenemos el circuito bien montado". Y en el proceso del pinchazo, "lo que no puede es quedar nada dentro del émbolo", pues siendo de tan poco líquido, apenas unas gotas, no puede faltar ninguna. Nada de desmayos, como aquella enfermera que se desplomó tras ser una de las primeras en vacunarse en Estados Unidos con la televisión grabando en directo, fruto de los nervios. "Aquí en Jerez todo bien", ríe.

Regina es médica del servicio de Oncología del Hospital de Jerez. "Tuve un poco de dolor de cabeza en la primera dosis, lo normal con las vacunas". No tuvo dudas en hacerlo "desde que leí el estudio. Antes era prudente, quería ver los resultados", dice mientras recibe su segunda dosis. José María Pérez, con su pijama blanco y en mangas cortas a pesar del frío, explica que es supervisor general del Hospital de Jerez. "No he tenido dudas, cero. Tenemos que transmitirlo a la sociedad. El número de aceptación está creciendo de hecho. Es segura, tenemos que transmitirlo". La también sanitaria Lele César insiste: "La gente que no se lo piense. Es la única solución que tenemos". En su caso; "si los sanitarios estamos protegidos, también protegemos". Los contagios que están sufriendo en el centro "son sobre todo en la planta covid, que con cualquier cosita que falle...". Esos brotes entre profesionales irán quedando atrás a medida que finalice el proceso de la segunda dosis. 

José María Pérez, tras recibir la segunda dosis. Autor: JUAN CARLOS TORO
José María Pérez, tras recibir la segunda dosis. Autor: JUAN CARLOS TORO

Los equipos de vacunación están formados por tres profesionales de Enfermería. Primero, se formó a los formadores capacitados por la Escuela Andaluza de Salud Pública (Easp) -la que ahora la Junta plantea desmantelar-, y luego éstos formaron a sus compañeros de servicio. Gema Caraballo es enfermera y una de esas formadoras. Compone un equipo junto a Vanesa Real. Ambas son roteñas y se sientan en una mesa a charlar después de una mañana de vacunaciones precisamente en su localidad, en un centro de mayores.

Cada una de las vacunas tiene un proceso diferente, aunque la principal diferencia está en las de ARN mensajero, una molécula muy sensible: por esa razón se transportan ultracongeladas

Cuentan que tienen vocación innata. "No sé por qué surgió", dice Real. "Yo igual, siempre lo he tenido presente". Ambas trabajan en centros de salud de la Costa Noroeste. Real llegó a tener el covid tras ir a un domicilio a una urgencia en marzo. "Lo pasé peor psicológicamente". Al principio fue un golpe. "Teníamos miedo, nos faltaban entonces materiales de protección. Luego no". Le cogió la explosión de aplausos a las ocho confinada y "lloraba todos los días". a la vuelta le esperaban "dulces y pizza todos los días" que regalaba la gente. Luego llegaría, cuenta Caraballo, "el cansancio de la pandemia", el colapso "de los centros de salud, porque la gente tenía miedo al hospital pero no a la Atención Primaria". Y, "como para la mayoría de los sanitarios, no ha existido la Navidad", sin familia más que la del día a día. Por eso, inciden ambas, vieron venir la actual tercera ola, la más grave en cuanto a contagios y también en muertes en Andalucía, con los ingresos disparados.

En esas llegó la llamada. Caraballo fue llamada por la Escuela y a Real le ofrecieron formarse para entrar en estos equipos. El nuevo reto, el de llevar en una nevera esas vacunas que son la salvación de toda una sociedad. "La vacunación no es solo el acto de pinchar, recibimos formación semanalmente, exponemos nuestra experiencia y ahora se forma a todos los sanitarios que quieren, abierto a todos", más allá de los actuales grupos de tres. "Hay un trabajo bastante grande desde el transporte hasta tener la aguja".

La actual vacuna de Pfizer, la que se está poniendo en Andalucía, la primera y seguida de las de Moderna -que aún no ha llegado a Cádiz, a fecha de 4 de febrero- y la de Oxford -que aterrizaba en España el 6-, está ultracongelada. "Una vez descongelada, el vial se mantiene entre dos y ocho grados. Está congelada porque la molécula de ARN mensajero se rompe muy fácilmente", y no es menor, entonces, el problema cuando lleguen las altas temperaturas propias del verano, lo que será un reto en el futuro próximo. "Los viales se trasladan de Sevilla y de Granada al Hospital, en este caso el de Jerez". De ahí, a cada uno de esos geriátricos donde se ha estado vacunando en enero y a principios de febrero, aunque cada vez quedan menos esperando la segunda dosis, y en algunos casos es porque han tenido brotes de covid entre media. Después de esta, el organismo necesita un periodo de unos 28 días para desarrollar verdaderamente los mecanismos para afrontar un futuro contagio, aunque desde la semana ya se están creando esos anticuerpos.

ENFERMERAS COVID VACUNA 12
Gema Caraballo y Vanesa Real, en el Hospital de Jerez tras toda una mañana de vacunación por geriátricos del distrito sanitario. FOTO: CANDELA NÚÑEZ

Antes de proceder a vacunar, hay que diluir el vial. Ahí es cuando la molécula tiene más riesgo de romperse. "Una vez diluido, la jeringuilla no se puede transportar. Es el motivo por el que no se está vacunando en domicilios, porque es muy difícil realizar el transporte". De ahí que la Junta se plantee a medio plazo instalar puntos de vacunación en estadios, palacios de Congresos o incluso centros comerciales, porque no puede llevarse la aguja al brazo tan fácilmente, porque es más fácil llevar el brazo a donde está la aguja. "Una vez diluido el vial y extraídas las seis dosis, es muy difícil. Hay varias hipótesis pero aún no se ha decidido. Con las otras vacunas no tenemos el problema", pues son más fáciles de movilizar. Cada persona vacunada entra en un registro, un control exhaustivo, especialmente por el hecho de que el proceso de inmunización consta de dos pinchazos con unos 21 días de diferencia -para los menores de 55 años, si en ese periodo se infectara, puede esperarse seis meses a la segunda inyección-. En el distrito sanitario de Jerez-Costa Noroeste y Sierra hay cuatro equipos de tres personas vacunando y uno más como punto fijo en el Hospital de Jerez, que cuenta con más personal para el seguimiento pormenorizado y para labores sanitarias a la vez que administrativas.

"Los primeros días encontramos a trabajadores de residencias que no querían. Cuando hemos ido a poner la segunda han modificado su consentimiento. Era falta de información"

Ambas enfermeras roteñas se han vacunado ya. "En la primera dosis sentí dolor en el lugar de punción, escalofríos y malestar en no más de 48 horas. Nada que no pase con un paracetamol, de hecho seguimos vacunando". Se inyecta en el deltoide y esta vacuna es intramuscular, a diferencia de otras de la cartilla infantil. En la segunda dosis, Caraballo solo tuvo cefaleas. En el caso de Real fue distinto. Ella misma se lo pensó. Porque en noviembre se hizo un test de inmunidad y "tenía bastante. Además, estoy dando lactancia a mi bebé y no sabía cómo iba a reaccionar. Pero al final ni lo pensé y me la puse". En la primera, además del dolor del brazo, malestar, e incluso "fiebre en la segunda dosis". En 24 horas estaba "como nueva".

Al estar en contacto con tantos mayores y trabajadores sociosanitarios en residencias, han visto a muchas personas convencidas de que no se la pondrían... Y rectificar posteriormente. La desconfianza existente en una parte de la población parte de ser una vacuna de tiempo récord. "La primera vez que empezamos a vacunar", los primeros días, "encontramos a trabajadores que no querían. Creo que ha sido por falta de información. Pero sí que es verdad que cuando hemos vuelto para vacunar de la segunda dosis, todos querían revocar el consentimiento a no vacunarse para hacerlo ahora. Y han podido hacerlo, pero la segunda dosis ya es en el punto fijo". Era el miedo a ver cómo reaccionaba en otros. Y así lo muestran los estudios sociológicos que revelan un aumento de la confianza a medida que avanzaba el mes de enero.

Una enfermera extrae la dosis del vial.
Una enfermera extrae la dosis del vial. Juan Carlos Toro

"Esta vacuna es la salvación. Todos tenemos que vacunarnos. Si no, no estaremos a salvo", subraya Caraballo: "El que está en contra, no sabe en qué consiste. Ha pasado todos los ensayos y está aprobada por la Agencia Europea del Medicamento. No inyecta el virus, es muy diferente al resto que teníamos, ni vivo ni muerto. Es una molécula de ARN mensajero creada en un laboratorio que se inyecta en el organismo y va a hacer que las células de nuestro cuerpo crean la proteína S, la que tiene el coronavirus. Hace que nuestro sistema inmunitario, al detectar esa proteína, va a crear los anticuerpos que nos va a defender. Por lo tanto, no tiene ningún peligro. Se escuchan bulos de gente que no está formada y los crea".

"La vacuna no inocula el virus. No tiene sentido decir que hay brotes por inyectarla, es que es imposible que ocurra"

Entre los bulos más surrealistas, el de que los viales contienen un microchip. "No, no tenemos ningún microchip en el cuerpo. Es más, la molécula de ARN desaparece, tiene una corta vida en nuestro organismo. Pero pienso que la población ya está recibiendo la información adecuada. De hecho, están deseando que lleguen las vacunas. En las residencias ha sido fantástico cómo los abuelos esperaban con ansia la vacunación". Otro de los bulos, el de que las residencias que han sufrido un brote tras la primera dosis tendría causa en la vacuna. "No tiene sentido, lo vuelvo a decir, es que la vacuna no inocula el virus, es imposible". De hecho, "una semana después de la vacunación, una residencia donde fuimos ha tenido un brote. Vacunamos el cinco de enero, y tuvieron contacto con familiares esos días". 

Por su parte, tienen claro que "en nuestro distrito no se ha colado nadie, todo se ha hecho con el protocolo". Otro asunto que ha preocupado en Andalucía es el de la sexta dosis. La Junta no contó con las jeringuillas especiales que permiten aprovechar la sexta dosis de los viales, los famosos "culillos" de los que habló el consejero de Salud, Jesús Aguirre. Caraballo lo explica. "El vial tiene 0,45 mililitros y se diluye con 1,8 de suero fisiológico. Si hacemos las cuentas, saldría hasta una séptima dosis, pero es verdad que la Agencia Europea del Medicamento daba derecho a sacar seis. Luego descubrimos que sobraba un porcentaje y por qué no aprovecharlo. El problema era que, sin el material adecuado, la aguja adecuada, es muy complicado. Ahora tenemos el material y no hay problemas en la sexta. En mi opinión, la séptima sería muy difícil. Porque no se puede aprovechar el resto, y como no tenemos seguridad de conseguirlo, podríamos estar vacunando mal". Y no. Hay mucho trabajo detrás. Mucho esfuerzo para arreglar esta situación y doblarle el brazo, por fin, a esta pandemia.

Si desea más información sobre la vacuna, puede consultarla en la web de la OMS, en la del Ministerio de Sanidad y en la de la Consejería de Salud.

Una enfermera saca las dosis de un vial con extremo cuidado y concentración en el Hospital de Jerez.
Una enfermera saca las dosis de un vial con extremo cuidado y concentración en el Hospital de Jerez. Juan Carlos Toro

 

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