Mujer y futbolista en el Franquismo: "Mi madre se enteró de que jugaba al fútbol y me obligó a dejarlo"

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Practicar el fútbol femenino en la provincia durante la dictadura franquista suponía un auténtico desafío para las jóvenes. En muchas ocasiones conllevaba enfrentarse al regimen prestablecido por una sociedad machista y un Estado totalitario. "El niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar", así resumía la dictadura franquista el papel que el hombre y la mujer debían desempeñar en la sociedad. Rodeados de esa atmósfera comenzaron a surgir los primeros clubes de fútbol femenino a principios de la década de los 70, aunque siempre de forma clandestina.

Hasta 1980 no fue legalizado el fútbol femenino por parte de la RFEF (Real Federación Española de Fútbol), fecha en la que comenzaron a celebrarse las primeras competiciones oficiales. La Selección Española disputó su primer encuentro en febrero de 1971. Fue en Murcia ante Portugal. Ese mismo año fue invitada al Mundial de México, aunque la FIFA no le daba oficialidad al no estar organizada por ella, pero la RFEF le prohibió acudir y a su vez tampoco le permitía en los amistosos utilizar el escudo de España en su uniforme.

Varias gaditanas podían haber disputado aquel Mundial. Entre ellas se encontraba Esperanza Gámez, quien fue citada para un partido previo ante Italia que se celebró en Turín. Precisamente la convocatoria con la Selección Española provocó su retirada del mundo del fútbol. "Tuve que renunciar por mi madre. Yo jugaba a escondidas porque no me dejaba y cuando se enteró, tuve que dejar el fútbol". En ese sentido, agrega que "fue una lástima, porque me hubiese encantado ir y seguir jugando al fútbol. Era una época bastante difícil para que una mujer jugara. No estaba bien visto, como si fuésemos menos mujeres por jugar al fútbol", lamenta esta gaditana.Su periplo en el balompié femenino fue de dos años, llegando a defender los colores de dos clubes de la provincia. Comenzó en el Balón de Cádiz y acabó en La Ina-CF Jerez. Nació en 1953, en el número 14 de la plaza de San Juan de Dios de la capital gaditana, donde se crió y comenzó a dar sus primeras patadas al balón. "Antes no era como ahora que el fútbol está profesionalizado. Se jugaba por afición. A mí me gustaban mucho los deportes y aquí en Cádiz no había nada, así que me fui al Balón de Cádiz y hablé con los directivos. No me hicieron mucho caso, pero había un entrenador llamado José Miguel Caneda que se interesó por nosotras y me dijo que buscase niñas. Fui al colegio de Arbolí y algunas se vinieron. Cuando se fueron enterando, vinieron más y formamos el equipo del Balón de Cádiz", recuerda Esperanza.

El entrenador siempre vio en ella a una gran portera y enseguida la colocó bajo los tres palos. "Empecé como un hobby, pero le fui cogiendo afición y me gustaba parar. Me puso de portera porque tenía muchísimos reflejos. Caneda me decía que era muy valiente, me tiraba y no tenia miedo". Reconoce que en algunos encuentros se aburría por la superioridad de su equipo en los terrenos de juego. "A mi se me daba bien parar, pero me llevaba casi todo el partido sin intervenir porque los rivales no llegaban a mi portería. Casi todo el partido se desarrollaba delante. Recuerdo un partido contra el Fuengirola en el que demostré mi valía. Esos son los partidos que me gustaba jugar, ante equipos más potentes que me chutaban más a puerta". Su demarcación en el campo es una especie de tradición familiar. Su padre también fue guardameta y su hijo mayor siguió los mismos pasos hasta que se decantó profesionalmente por las Bellas Artes."Los campos eran malísimos, tenían piedras. Me tuve que comprar rodilleras, pero los muslos los tenía siempre arañados. Me tiraba por el balón a matar. Muchas veces me decían mis compañeras: Esperanza, no te tires a los pies de las jugadoras que te van a abrir la cabeza", apunta esta cancerbera que tuvo que colgar las botas justo después de ser convocada por España.

Durante una año estuvo jugando en el Balón, pero cuando cumplió 18 se marchó a La Ina. "Antes de que desapareciese el equipo en Cádiz nos llamaron de Jerez a mí y a mis compañeras Loreto y Marisa. Las tres íbamos para Jerez con un directivo que se llamaba Carmelo, vivía en Cádiz pero era jerezano. Él se encargaba de llevarnos a los entrenamientos y los partidos". Y en tierras jerezanas vivió su mejor época como futbolista: "En Cádiz se contituyó el equipo por el entrenador y por nosotras. Existía mucho machismo en el Balón, los directivos no nos apoyaron y sólo acudían para recoger los trofeos que ganábamos. En cambio Jerez fue diferente, era más profesional y se veía mejor las tácticas. En Cádiz jugaban por pasarlo bien y divertirse mientras que en Jerez lo hacían porque les gustaba el fútbol". Cuenta Esperanza que el estadio de la Juventud se estrenó con un partido de su equipo: La Ina.

Manifestación en la casa del alcalde

Durante la dictadura existía verdadero temor entre los ciudadanos a realizar manifestaciones públicas. Sin embargo, las jóvenes que integraban la plantilla del Balón de Cádiz femenino se expusieron a ello reclamando unas instalaciones donde poder entrenar. Y lo hicieron delante de la casa de Jerónimo Almagro, por entonces alcalde de Cádiz, donde una veintena de jugadoras comenzaron una sesión de entrenamiento a las órdenes del entrenador José Miguel Caneda. "El día 19 jugamos en Jerez y tenemos que hacerlo bien, porque llevamos el nombre de nuestro Cádiz. Y estamos sin terreno donde poder entrenar. ¿Tanto supondría dejarnos utilizar el estadio o la Bolera? Ahora estamos ante la casa de nuestro alcalde para hacerle ver que perseveramos en nuestras intenciones de conseguir un buen equipo de fútbol", señala el técnico en unas declaraciones recogidas por uno de los periódicos gaditanos de la época.

Esperanza recuerda que "lo hicimos con mucho miedo. Yo intentaba ponerme detrás de alguna compañera para no salir en las fotografías. Tampoco quería que mi madre me viera en el periódico, ya que no sabía que jugaba al fútbol". Al final, lograron su propósito de disponer de un campo de entrenamiento: "Nosotras entrenábamos en los laterales del estadio Carranza, jugábamos en los pasillos que eran enormes y también entrenaban allí los del equipo de balonmano, pero un día aparecieron los cristales partidos y nos culparon a nosotras. Nos quitaron el entrenamiento en el estadio y tuvimos que manifestarnos delante de la casa del alcalde. Después de eso nos dejaron el campo de la Bolera. Lo conseguimos a pesar de que era la época franquista", señala una de las héroes gaditanas que desafió al machismo en plena dictadura.

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