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Un recorrido por la degradación y el olvido de la mano de Irene Luque y Jorge Izquierdo, la joven pareja de arquitectos y urbanistas que ha redactado y diseñado 'Diagnóstico Intramuros Jerez' para, más que saber qué pasa, "saber qué hacer" con el maltrecho corazón de la ciudad.

El corazón de Jerez lo recuperarán sus vecinos o no se recuperará. Sin contar con ellos, el cortoplacismo político ha dado pocas opciones. La miopía, las tácticas especulativas más burdas, los proyectos faraónicos, las trabas y la falta de voluntad política, las decisiones de mal en peor, el derroche… tampoco han ayudado. Todo  se resume en una expresión muy gráfica: “Esto es como subir una escalera… Deberíamos saber hacia dónde va esa escalera, pero lo que se ha hecho continuamente es subir un peldaño para luego bajar dos. Digamos que ninguna institución pública ha estado a la altura”. Quien pronuncia la frase lapidaria es la joven Irene Luque (1988), arquitecta, urbanista y doctorando jerezana. El urbanismo le corre por las venas por tradición familiar pero también por ser portadora de lo que ella llama la “enfermedad de intramuros”. “Una vez la coges, no la sueltas”.

El punto de encuentro lo hemos fijado en la plaza del Mercado. Es una apacible tarde primaveral. Las palomas están en sus rampas de lanzamiento desde sus palomeras. Un gallo canta dentro del Palacio de Carrizosa; el farmacéutico abre su negocio y la dueña de la droguería de hace más de medio siglo hace lo propio; un niño juega en una fuente; una celadora vigila el Museo Arqueológico; la chica extranjera que atiende en el Bar Bienestar parece como si hubiera nacido en la calle Cabezas, mientras dos parroquianos aseguran que “el Bayern salió como loco a por el partido…”; un hombre mira perdido en un banco ansioso por un cigarro y dos guiris se cruzan ante él con un mapita y cara perpleja… No se engañen: el centro histórico, el casco antiguo, intramuros, vive, respira, siente y padece.

Aunque no lo parezca, hay vida humana más allá de la frontera imaginaria hacia el interior que trazan Porvera, Larga, la ronda del Caracol, El Arroyo... Hay 1.843 árboles, 2.574 viviendas con 1,91 habitantes de media por cada una de ellas. Hay 2.201 plazas de aparcamiento a una distancia andando de diez minutos. El 42% de su población (en un porcentaje altísimo mayor de 55 años) es vulnerable y casi 27 de cada 100 edificaciones presentan deficiencias, muchas deficiencias o directamente están en ruinas. La desocupación y la infrautilización alcanza al 53,47% de las construcciones residenciales o no residenciales. Y hay miles de gatos residiendo en solares y escombreras, "aquí viven casi más gatos que personas".

Como Verne, viajamos al centro de la tierra. Irene viene acompañada por su partner en su estudio y en la vida, Jorge Izquierdo (1987). Otro hipercualificado arquitecto y urbanista nacido en Barcelona, sevillano de acogida y jerezano de adopción. Es el contrapunto perfecto a la apasionada verborrea de la arquitecta, con un discurso directo a la medular. Él, más introvertido, no deja de resultar certero en sus planteamientos. Son claros: el centro de Jerez lo rescatarán sus vecinos, los que viven y los que vengan. O no se recuperará.

El padrón cifra un total de 4.914 jerezanos y jerezanas censados entre las cinco secciones que conforman intramuros. En realidad, si se cotejan los datos con el consumo de agua, viven exactamente 4.207

Tampoco se dejen engañar, esto no es reciente del todo. Desde hace 200 años se viene hablando del despoblamiento de San Mateo. El cinturón industrial creado en torno a las antiguas bodegas se desarticuló con las sucesivas modernizaciones, ante la imposibilidad de que las maquinarias entraran en esos reductos arabescos, en esas alambicadas callejuelas primitivas. La gente se acabó marchando una y otra vez. En 1960, primer año con datos homologables, la población del ámbito de intramuros correspondía al 11% del total de censados en el municipio. En 2013, último dato que maneja el estudio-diagnóstico Intramuros Jerez -promovido por el Ayuntamiento el año pasado-, esta población solo representa el 2% del global de habitantes que residen en Jerez: en torno a 214.000. Mientras que la población jerezana no ha dejado de crecer en las últimas décadas, solo entre 1960 y 1975 se pierde casi el 50% de habitantes en intramuros. Hasta la actualidad, el éxodo se traduce en un 63% menos de residentes. Por medio, infravivienda, marginación, prostitución con Rompechapines como vieja gloria, personajes de Walking Dead consumidos por el caballo en los 90, vanos intentos de regeneración entre puntales en 2000, y al final, abandono y ruina, mucha ruina.

Cirugía precisa, no más acupuntura

El padrón cifra hoy un total de 4.914 jerezanos y jerezanas censados entre las cinco secciones censales que conforman el intramuros. En realidad, si se cotejan los datos con el consumo de agua, viven exactamente 4.207. Así lo remarca el documento de análisis, dirigido por el gerente de la empresa municipal de la vivienda Emuvijesa, Fernando Núñez, y redactado y elaborado durante un año por Irene y Jorge. Ambos tienen un estudio de arquitectura y urbanismo: Infusiones Urbanas. Podían emigrar o buscarse la vida fuera, seguro que Alemania o cualquier país avanzado estaría ávido de tanta materia gris. Tampoco hay que irse tan lejos: Sevilla ha sido en los últimos tiempos un gran ejemplo nacional y casi, casi racional de modernización urbanística regresando a su centro. Pero no. Irene y Jorge se han quedado principalmente en Jerez, trabajando en reconstruir su balcánico centro (por lo de Kosovo), apostando por insuflar oxígeno y litros de sangre en una transfusión urbana que requiere, defienden, de “cirugía precisa".

“Los diagnósticos no pueden solo servir para saber qué pasa sino para también saber qué hacer”, sintetiza Luque. Era el objetivo esencial de la exposición ADN Intramuros, que lamentablemente apenas ha podido disfrutarse poco más de un mes (Semana Santa de por medio) en la sala Sharish Shadhuna del Arqueológico. Una experiencia corta pero muy intensa que ha dado lugar a otras muchas experiencias: una plástica, otra técnica y otra ciudadana. La primera, una reunión de artistas jóvenes ofreciendo su particular visión del intramuros jerezano a brochazo limpio; la segunda, una sesión entre profesionales del campo de la arquitectura y el urbanismo bajo el sugerente nombre ¿Qué hacemos con intramuros?; y otra, vivencial y comunitaria. “Quizás la más emocionante y la más esclarecedora de todas”, admiten los impulsores del proyecto.

La exposición ha estado pensada como una corteza imaginaria que rodea la almendra de la ciudad, como la muralla almohade original en forma de paneles de los que cuelgan los datos objetivos del intramuros jerezano. En su interior está lo subjetivo, donde niños y mayores han colocado las que creen debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de este ámbito de la ciudad. Y donde, sobre todo, han volcado desordenadamente su apuesta por volver al centro. Como una señora, que tras vivir 30 años en Suiza, ha vuelto “porque quiero morir en San Mateo”; o como otra vecina que, bajo la etiqueta ‘Vivencias’, resume: “La casa de mis padres. Silencio, tranquilidad en el patio al sol”. U otras anotaciones, donde puede leerse: “Intentando volver al barrio”; “Donde me hice hermano de los Judíos”; “recuerdo de pequeña un cine de verano”; “colegio Julián Cuadra, mi padre dio clases 3 años…”. Y una que quizás sea la más poética y evocadora de todas: “Aquí fue el comienzo de una bonita historia”. Mucha gente está empeñada en continuarla, entre ellos Irene y Jorge, pero deberían ser muchos más. “Buscamos jóvenes con ganas de construir un futuro en jerez, con ganas de romper las inercias y reconvertir este ámbito en un espacio VIVO”, proponen desde Infusiones Urbanas.

Pero, ¿qué hacemos con intramuros? Dentro de sus límites espaciales hay 957 parcelas y 100 manzanas, “justas, ni una más, ni una menos”. “¿Por qué no intervenir de forma conjunta en cada una de ellas? Está claro que hay que cambiar de estrategia porque lo hecho hasta ahora no ha servido para nada”. ¿En qué se basa esta afirmación? En torno al 50% del ámbito ha sido intervenido en las últimas décadas y el estado actual de degradación sigue imparable, con casas que se caen, calles cortadas por riesgo de desprendimientos... No valen acciones aisladas. Pensemos en la manzana como área más pequeña de intervención. Sigamos el ejemplo de Darwin, de la Gran Manzana, de esa compañía tecnológica tan sofisticada… Vayamos a la Oda a la manzana de Neruda y pensemos en la poesía como fuerza transformadora de la sociedad. Así lo dejan caer en Infusiones Urbanas, como el que no quiere la cosa.

Son esos mismos chicos que ya pusieron sobre la mesa Redetejas, en septiembre pasado, demostrando que con poco dinero y mucha imaginación las azoteas del casco viejo pueden ser grandes reductos de la cultura y la convivencia. Todo empieza por la cultura. Por la chispa que encienda la mecha de la recuperación de este entorno tan devastado, de este "Detroit a la jerezana", como lo llama Jorge Izquierdo. "Todo se resume en que a intramuros lo que le hace falta es atractivo, no es tanto dinero, sino que lo que falta es la necesidad de que las personas vean atractiva esta zona. Las intervenciones que hay que hacer son de ocupación, de que la gente venga a vivir aquí", asegura Irene Luque, para recalcar: "Hasta ahora ha fallado la estrategia de acupuntura urbana, aquí ya no se trata de invertir dinero sino de saber en qué invertirlo".

Ciudad del Flamenco: "Quizás estuvo mal pensada en cuanto a coste aunque tuviera atributos positivos, pero ahora tenemos el solar y creemos que lo primero es recuperar la transversalidad del barrio"

Infusiones Urbanas, mientras nos adentramos en la plaza de San Lucas, propone una recuperación manzana a manzana. Se explican: "Tienes que tener una gestión desde lo público para promocionar ese tipo de intervenciones; hablamos de crear un plan de buenas prácticas, que combinan desde la gestión cultural hasta la gestión administrativa, lo que se necesita es un aparato que sea capaz de promover esta recuperación. Hablamos de procesos urbanísticos muy difíciles y es necesario coordinar intervenciones entre usuarios privados. En vez de intervenir en 957 parcelas, intervienes en 100 manzanas. Ir parcela a parcela aisladamente no nos ha llevado a nada". Ahora estamos ante la enorme zona cero que representa la fallida Ciudad del Flamenco. "El Guggenheim es una pieza más de todo el proyecto de recuperación de la ría en Bilbao, había toda una estrategia detrás. Aquí era lo contrario", argumentan para tratar de arrojar luz sobre el fracaso. El Ayuntamiento propone ahora, sin más explicaciones, más aparcamientos subterráneos en este ámbito. "No sabemos qué trasfondo tiene eso, pero vuelve a hacerse a espaldas de los vecinos y en forma de intervención aislada".

Una "oportunidad de oro"

"Quizás estuvo mal pensada en cuanto a coste aunque tuviera atributos positivos, pero ahora tenemos el solar y creemos que lo primero es recuperar la transversalidad del barrio. En el corazón de intramuros hay un fondo de saco que es éste, no hay permeabilidad en el barrio y lo fundamental es al menos recuperar lo básico", comenta Izquierdo. Y apostilla Luque: "No se debe perder lo ya invertido, habrá que reformularlo para no perder lo que se ha hecho ya. La Ciudad del Flamenco tienen un camino difícil por recorrer pero no estamos en la idea de focalizar todo el problema en la Ciudad del Flamenco. Fíjate en este palacio (señala a Montegil), recupéralo". 

"Intramuros -expone la literatura del documento de diagnóstico- es el origen de la ciudad de Jerez, y como tal ha desempeñado un papel significativo y principal durante su existencia. A pesar de ello, en las últimas décadas viene representando un papel cada vez más residual, encontrándose a día de hoy en una situación alarmante".

En la plaza del Mercado, el verdadero centro de esta tierra, comenzó una bonita historia que clama a gritos seguir siendo contada. "Aquí ahora mismo hay una lectura muy negativa pero también tiene otra de oportunidad. Hay una oportunidad de oro. Hay miles de jóvenes buscándose la vida, buscando vivir en espacios así, pero tienen que ver aquí la oportunidad. La mentalidad va cambiando con las nuevas generaciones que se han olvidado, como le ocurría a sus padres, que aquí se vivía la mayoría de las veces en infraviviendas y en condiciones de hacinamiento".

"Cuántos jóvenes podrían venirse aquí a montar su estudio porque a cambio de que el alquiler es más barato pueden ir arreglando la casa, a vivir junto a su negocio... Hay un auge enorme de esto en Sevilla y conozco a muchos de esos jóvenes que son de Jerez", explica la arquitecta y urbanista. La urgencia no está en el estado de las calles, está en el tejido. "Lógicamente, hay que intervenir en zonas que se están cayendo pero lo fundamental es hacer una estrategia integral que pasa por pensar que realmente el urbanismo de hoy día no tiene nada que ver con el de hace 30 años. Los modelos de vida son ahora diferentes e intramuros lo que necesita es de esa vitalidad". ¿Qué pintan en todo esto los políticos? "La ciudad es la ciudad y esto necesita de un consenso para mirar a 20 años vista". En plena plaza Peones, tras bajar por el Barranco y a punto de subir a Juana de Dios Lacoste, Irene Luque concluye: "Por supuesto hace falta voluntad política, de unos y de otros. Esto es algo que venga el que venga, llegue el que llegue, se lo va a encontrar. Pero la recuperación debe ser exclusivamente técnica y ciudadana, y el político debe apoyar no dejar a su ciudad como la está dejando. Los que lo tienen claro son los vecinos y teniéndolo claro ellos, da igual lo que los políticos digan. Los vecinos tienen el poder y van a luchar porque sus hijos no se tengan que ir de intramuros". El corazón de Jerez lo recuperarán sus vecinos, los que están y los que necesariamente tienen que venir, o será imposible que la degradación y el olvido no sigan reinando. La historia debería continuar...

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