Javier Ruibal, en su casa de El Puerto durante la entrevista con este medio. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Javier Ruibal, en su casa de El Puerto durante la entrevista con este medio. FOTO: JUAN CARLOS TORO

"Será una fiesta para celebrar la permanencia, como el Cádiz en el fútbol". El músico y compositor Javier Ruibal (El Puerto, 15-M de 1955) nos abre las puertas de su casa a escasas semanas para la celebración de sus 35 años de carrera artística. Un evento que, durante cuatro días de septiembre (10, 11, 12 y 13), se desplegará en diferentes espacios de Cádiz, y donde "evidentemente van a venir muchos amigos, artistas muy señeros". Un vaquero, una camisa azul oscura casi negra y una de la docena de sus inseparables gorras visten al trovador portuense. Un mito para muchos, un artista de esos que llaman de culto. Entre bolo y bolo veraniego, ha compuesto la música de La asamblea de las mujeres, de Aristófanes, cuyo estreno ha tenido lugar en el Festival de Teatro de Mérida, y el tema central de Lejos del mar, la última película de Imanol Uribe.

Infatigable a sus 60 tacos, con la misma humildad de los comienzos, con el sentido crítico de lo que le rodea intacto, el músico se siente un privilegiado: "Puedo permitirme el lujo de estar en uno de los oficios más bellos del mundo; es un regalo que me ha hecho el destino y la vida". Con diez discos a sus espaldas e incontables colaboraciones y giras, sus versos ahora también fluyen libres por las redes sociales, aunque comprimidos en 140 caracteres. Usuario habitual pero crítico con el empleo que a veces se les da a plataformas con Facebook y Twitter: "Asomarse a Internet es asomarse a la vía láctea, es un disparate. Todo se publica y nada es contrastable salvo que te encargues de ello. Somos carne de tergiversación". Hay dos guitarras al fondo del salón; un enorme cartel de la primera Bienal de Flamenco de Sevilla; un piano de pared; La razón del populismo, de Ernesto Laclau, sobre una mesita baja... Todo salpicado de imborrables recuerdos. Es media mañana. Conversamos con el maestro Ruibal.

Tres décadas y media de carrera después, ¿sabe ya quién es Javier Ruibal?

Eso quisiera yo (ríe)... Qué va. Artísticamente, mi primer planteamiento era parecerme a los grandes del rock de mi época, que eran Jimi Hendrix, Eric Clapton y esta gente. Después uno madura y empieza a entender que las músicas también pueden llevar unas letras, unos textos, unas ideas y unos pensamientos con los que creces. Y aparecen los cantautores, por ejemplo Serrat, que fue el que más me influyó, e indudablemente a toda mi generación. Entonces empecé a tomar la idea de que quería hacer canciones. En ese momento también empecé a tratar de entender lo que decía Bob Dylan y lo que decían otros en inglés, que para mí era un wachu wachu que acompañaba a unas canciones que me servían para arrimarme a las chavalas bailando en los guateques. Después ocurrió el fenómeno Paco de Lucía-Camarón que, a su vez fue Lole y Manuel, Enrique Morente…

Un montón de aportaciones a la música popular que tenían que ver con mis raíces naturales y ahí decidí volver a ellas con mucha precaución y con todo el respeto que supone un arte como el flamenco y sus aledaños, que son muchos. En esa búsqueda empecé y ahí estoy todavía. Creo que con el tiempo uno consigue un poquito más de madurez en el oficio y logra tirar para adelante. Ahora he conseguido escribir algunas canciones que hace años no me las imaginaba y las músicas de esas canciones, las melodías, los arreglos y las letras, bajo mi criterio, están mucho mejor que las anteriores. El público decidirá otra cosa aunque creo que a todos los artistas nos pasa eso, con el tiempo vamos mejorando. Ahora bien, ¿llegar a enterarse de quién es uno...? Creo que el artista nunca dice ya sé lo que quiero, sino más bien, ya sé lo que busco.

"¿Llegar a enterarse de quién es uno...? Creo que el artista nunca dice ya sé lo que quiero, sino más bien, ya sé lo que busco".

¿Hay algo de eterna insatisfacción?

Otro momento de la entrevista. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Más bien, tienes que estar vigilante contra la propia copia y la reiteración de lo que uno ya ha hecho y se lo han aplaudido. No es una canción, son todas las canciones y todo el proceso lo que te tiene que dar el sosiego de decir: vamos bien. Es un ir caminando y hay rachas en las que estás más insatisfecho porque la imaginación no te da para mucho más de lo cotidiano. El mero hecho de sentarse a escribir y componer ya es un estado de gracia estupendo. El artista es el primer gozador de lo que hace y luego el público es el que lo asume o no. En todo caso, somos unos privilegiados, echados al monte y haciendo lo que nos da la gana.

Como dicen los flamencos: hay que rebuscarse.

Claro, querer algo más. Y ese querer algo más va relacionado con un esfuerzo de trabajo añadido. Esto no deja de ser un trabajo. A las musas hay que ligárselas, hay que estar con ganas de que aparezcan, no vale cualquier idea que se te ocurra, hay que desarrollarla. Unas se quedan, otras se caen por el camino y otras vuelven más tarde. Pero es una cuestión de trabajo fundamentalmente.

"Jimi Hendrix me encantaba pero llegó Paco y me abrió una puerta que la música de Hendrix no me la podía abrir; y era igual de moderna, electrizante y maravillosa".

¿Hasta qué punto le influyó en su primera etapa la dupla Paco-Camarón y trabajos tan rupturistas como La leyenda del tiempo?

Me marcó el tándem Camarón-Paco de los primeros discos haciendo flamenco, flamenco, porque eran muy espectaculares y al mismo tiempo muy puros y exuberantes. Luego aquel acontecimiento de ellos, La leyenda del tiempo, fue un poco más liviano que lo que arrancaba en los discos que producía el padre de Paco y que los hacía trabajar como lo hacían Los Beatles en el estudio, que no salían hasta que sacaban algo notable para la historia. Me influyeron mucho más en esa época. La Leyenda... me gustó mucho porque se daba la libertad de trabajar con muchos músicos de otras disciplinas y me sirvió para pensar que si juntaba Roma con Santiago nadie me lo iba a censurar siempre que lo hiciese a favor de la obra. Ellos dos solitos eran tremendos y después todo lo que vino era de esperar, fascinante y maravilloso. Aun  lo que me enganchó fue aquello del principio. Yo escuchaba cantaores por seguiriyas muy reconcentrados, con tono bronco y voces afillás, y aparecía de pronto Camarón que era un malabarista, jugaba con la voz con otro colorido, con otras resonancias… Y Paco era un guitarrista modernísimo sin faltar al canon del que había estudiado, sin faltar a lo que era el flamenco, y de pronto lo hacía crecer de una manera… Jimi Hendrix me encantaba pero llegó Paco y me abrió una puerta que la música de Hendrix no me la podía abrir; y era igual de moderna, electrizante y maravillosa.

El duende: "Es una excitación maravillosa que te sorprende cuando ocurre porque no es frecuente y la felicidad puede parecerse bastante a eso".

¿Usted ha conocido el duende?

De pronto, cuando estás viendo a otros artistas actuar, hay noches en las que sientes que algo medianamente mágico está ocurriendo. Cuando estás componiendo y escribiendo, hay un momento en el que el duende o las musas te rodean de una energía especial que está relacionada con lo que acabas de encontrar, con una secuencia armónica o con unos versos. Es una excitación maravillosa que te sorprende cuando ocurre porque no es frecuente y la felicidad puede parecerse bastante a eso. El duende es magia, algo imprevisible que ocurre y te ilumina. Cuando quiera que ocurre, me ocurre componiendo y escribiendo.

Nos decía Agujetas en una entrevista que el duende es como ese coco con los que se asusta a los niños pequeños, una gran mentira.

(Ríe) A veces también es verdad que esperar demasiado el momento mágico te puede convertir en un duendeadicto. Tampoco es eso. Suele venir de forma azarosa, y también es verdad que al principio aparece más por el pulso de la juventud y luego ocurre porque ya tienes más conciencia de lo que haces y sabes qué verso y qué música están más cercanos a la belleza que otros. Ahora lo conoces, al principio era la excitación de eso de qué grande es ser joven, que dirían los Beatles.

En su música, ¿qué ha sido más importante el compromiso, la estética o la libertad?

De todo un poco. Al final estamos haciendo una cosa que no se sale de la vida que nos rodea a todos. Uno no puede pensar que la gente lo va a mirar como si fuera un ídolo o un extraterrestre. Eres uno más entre todos y el que se piense que es divino porque está haciendo una cosa tan hermosa como el arte está equivocado. Es un compendio de todo: tengo que intentar fascinarme a mí, que fascine a los demás lo que hago, que tenga relación con lo que he oído, he leído y he aprendido, teniendo conciencia de lo que es el acervo cultural o la tradición literaria y artística.

Todos esos factores están, no es un flash imprevisible, tiene su por qué y su para qué. Si se habla de sentimientos humanos como el amor, que es la gran preocupación que tenemos todos, querer y que nos quieran, no se deben decir banalidades. Y si Lope ya había escrito grandiosos versos sobre el amor, tienes que intentar que no se pierda el hilo que te une a ti con aquello. Evidentemente entre uno y otro hay una diferencia de estatura a su favor impresionante pero hay que ser consciente de que el hilo continúa y formas parte de una tradición. Y si hablas de dolores, asperezas e injusticias de la vida, tienes que intentar que se sepa que eres una persona comprometida con los débiles aunque que no dejas de ser un artista. Y entonces debes huir lo más posible de la frase hecha, de la consigna por sí misma o de la propuesta panfletaria.

Los comienzos en la Transición: "Pude escribir en plena libertad, sin tener que hipotecar un verso ni que mis canciones hablaran de eso".

En gran medida, usted ha huido durante su carrera de los clichés que podrían identificar al cantautor al uso, como el de la reivindicación. O al menos de cierta definición que en el imaginario colectivo rodea a esta figura.

Sí, sí, con el tiempo eso se fue perdiendo pero es verdad que hubo una época, por la falta de libertad, de respeto, por la indefensión que había, que los cantautores cantaban eso. Yo no empecé a componer y a grabar en ese momento, empecé realmente en el 76, viviendo en Barcelona, no había llegado la democracia más avanzada pero había muerto el dictador y ya podíamos decir de todo. Sentía que decir cosas a favor de la libertad y todo eso, aunque formaba parte de mi deseo personal, suponía ser un impostor. No me podía poner a decir cosas que no habían salido de mi sentimentalidad o de mi propia experiencia. Estudiaba Medicina en Cádiz y tuve relación con gente que estaba en la lucha por la democracia y la libertad, aunque los procesos vienen cuando te vienen y me vino un poco después. Pude escribir en plena libertad, sin tener que hipotecar un verso ni que mis canciones hablaran de eso. En todo caso, he huido más de ello porque creo que el discurso reivindicativo a veces merma un poco el objeto artístico. Una consigna puede tener mucho impacto y mover muchos corazones pero a mí no me interesa la agitación por la agitación. Me interesa que el que reciba un verso, si contiene ideas políticas, que en mis canciones las hay, las perciba de forma artística y que siempre prevalezca esta intención. En el arte siempre se lee entre líneas y eso es mejor que decir abiertamente una idea.

"Una consigna puede tener mucho impacto y mover muchos corazones pero a mí no me interesa la agitación por la agitación".

Movimientos sociales tan importantes como el 15M o las mareas no han estado acompañados por una banda sonora de una manera tan clara como si lo estuvo la Transición, ¿por qué cree que ha sido así?

Ruibal y su colección de gorras. FOTO: J. C. TORO

Probablemente no les ha hecho falta. En realidad, las canciones en tiempos de la dictadura iban por delante de la gente para aliviarla de una falta de inercia reivindicativa. Ahora es la gente la que reivindica y las canciones están ahí detrás, cada uno que se ponga lo que quiera en los auriculares. Una de las cosas que tienen los movimientos a raíz del 15M es que se parte de una madurez importante; incluso de gente que ha madurado políticamente con este proceso. Es mucho más importante que un We shall overcome de Joan Báez, en aquellos tiempos de los movimientos contra la guerra de Vietnam. No ha sido necesario ese movimiento artístico. Quizás sí me consta un movimiento más de artes plásticas para, por ejemplo, la campaña de Carmena en Madrid. Lo que sí creo es que lo asambleario también tiene algo de creación porque todo el mundo puede hablar y opinar, y hay que ir discutiendo, elaborando y rechazando ideas de forma dinámica. No hay púlpito y eso no deja de ser un acontecimiento cultural, donde reside la belleza de la creación: barajarse con todas las ideas y sacar de ahí un fruto.

¿Ha perdido la capacidad de sorpresa con los años?

No sé qué decirte… No por haber pasado por un mismo caminillo cree uno que lo conoce, siempre aparecen matices. El que he ido cambiando un poco he sido yo, que tiene otro sosiego, que ha visto muchos fuegos artificiales para saber cuando éstos lo son o son realmente una explosión cósmica... Algo en el cielo está pasando. Perder la capacidad de sorpresa es lo peor que le puede pasar a alguien, pero sí es verdad que mi emotividad no tiene la pujanza de la adolescencia o de mis 20 años. Lo que noto que me sorprende cada vez menos de lo que va ocurriendo es lo artístico, lo musical. Tuve la buena o la mala suerte que de toda la información de la revolución musical que ocurrió entre los 60 y 70 lo que ha ido viniendo es una reiteración de eso mismo. Los Beatles, en cuanto al pop y al rock, lo dejaron absolutamente todo hecho, juntaron todo, tocaron todos los palos, hicieron hasta las canciones más tendenciosamente bobas con otras canciones maravillosas. Es difícil dar un salto sobre eso y muy pocos artistas lo han hecho. La mayoría por culpa del negocio hacen recreaciones. No ha aparecido algo que digas: ¡Dios mío! Algo bueno que sí ha habido es que la gente ha vuelto a sus raíces. Una música moderna con raíces. Cada uno a su modo, en los Balcanes, en la India o aquí con el flamenco. En lo tocante a la música pop y rock, eso está prácticamente igual porque pesa mucho la losa de aquellos cuatro. Del baúl de las ideas arrasaron con todo. Sigo oyendo a los Beatles con una predilección que me sigue motivando como al principio. Hay gente que no les da importancia; yo creo que en cuanto al hecho artístico son incuestionables.

"Perder la capacidad de sorpresa es lo peor que le puede pasar a alguien, pero sí es verdad que mi emotividad no tiene la pujanza de la adolescencia o de mis 20 años".

¿Le han propuesto alguna vez que vendiera su alma al diablo?

No, no. Por un lado he tenido la suerte de que me han dejado solito, no han intentado soliviantarme, en el sentido de que quisieran hacer de mi trabajo algo más trascendental de lo que en realidad es, buscando una fama a costa de lo que sea. A mí sinceramente no me lo han propuesto. Si el diablo me ha tentado, me ha tentado a mí directamente y cuando he visto que algo está quedando así demasiado superficial pues no lo he terminado. No ha faltado quien me diga ‘y por qué no si hiciste la rumba del Ay pelao…’ Ya he hecho una. Cuando el cuerpo me pida rumbita, haré otra. El camino no puede estar en una sola de las opciones musicales que propones. Me gustaría que mi música llegara a más gente por el placer de que llegara a más gente, pero no me solivianta. No me han propuesto ni que me cambie de rollo ni nada, pero por otra parte también me han dejado ahí tirado. Nadie, salvo algunos periodistas especializados y el público que me ha ido descubriendo canción a canción, ha hecho nada por mi música y eso también hace que lleguemos hasta aquí, celebremos la permanencia y piense que no estoy solo. Estoy acompañado por un montón de gente que donde vas te espera y recibe tus discos con ilusión; y va a tus conciertos con una emotividad idéntica a la que tendría con cualquier otro artista de muchísima fama. El éxito es subirte al escenario y que te quieran. Esto ha sido un camino en solitario que tiene sus virtudes, en el sentido de que te concede muchísima libertad, intentando entroncarte con la buena literatura, la buena poesía y la buena música. Yo doy hasta donde doy, mi deseo es ese; y el mero hecho de intentarlo ha hecho que mejore el resultado y eso es lo que me importa.

¿Le habría gustado en algún momento de gozar de mayor repercusión, más fama...?

Esto es un tránsito, cada vez lo percibo más con los años. La vida en general es un tránsito…

¿Qué le dice la vida a los 60?

Pues que estamos de paso. Últimamente me escribo versos a mí mismo que comparto con la gente en las redes. Concentro una idea en unos pocos caracteres, y hace poco escribí: estás de paso, nada es triunfo, nada es fracaso. Eso es lo que hay que percibir. El triunfo y el fracaso son dos sensaciones que uno alimenta en su cabeza y en su alma, si existe el alma, que no lo sé. No hay que soliviantarse, es cuestión de nadar y guardar la ropa.

Uno de esos últimos tuits suyos: Todos quieren hacer caja / se vende al peso el talento / la honra está de rebaja.

Sí, sí (ríe)… Veo que estás pendiente. Claro, es que todo se ha llevado a traducirse en dinero. De los individuos talentosos que puedan aportarnos cosas para todos se va buscando lo más liviano, lo menos profundo, hay una cierta mala intención de dejar al público en una cosa parvularia. No quieren un público que cada vez quiera más y mejor, sino que consuma eso, y lo consuma durante algún tiempo. En la literatura de hoy hay tres o cuatro escritores destacados que son muy buenos y luego se saca cualquier chabacanería solo porque hay gente que la va a comprar.

La era del márketing y las novedades.

Es el imperio del dinero, el dinero por el dinero. Yo he pagado todas mis cuentas y he podido incluso ayudar a terceros a que peguen un acelerón en sus carreras artísticas. La creatividad no te la va a proporcionar tener a miles y miles de personas que estén pendientes de ti, a lo mejor eso te sobrecoge.

"Desde luego si tus versos y tu música se sostienen por sí solos, date con un canto en los dientes. Eso es lo ideal".

Al final la clave siempre es el público, ¿no?

El músico portuense apunta unas notas con su guitarra. FOTO: J. C. TORO

Sí, claro, es que en realidad el proceso se da. Evidentemente si en algo uno ha echado en falta un poquito de más repercusión ha sido a la hora de poder poner en pie otras cosas, espectáculos más diferentes... Mi compañía ahora soy yo y lo que tengo es lo que yo pongo en pie. Tampoco te creas que he tenido la cabeza llena de ideas, no es mi caso, he ido haciendo en función de la repercusión y el público que tengo, y ya está. El que tiene una idea y la quiere hacer no hace falta que tenga detrás un gran respaldo económico, pero sí es verdad que el que lo tiene puede hacer las cosas de otra manera. Desde luego si tus versos y tu música se sostienen por sí solos, date con un canto en los dientes. Eso es lo ideal.

¿Y dónde queda la Cultura, la han enterrado ya…?

¿Me lo preguntas porque tú lo notas? (Ríe) Es que la cultura no es el pan imprescindible para vivir, no lo consideran así. Es un desperdicio. A la gente solo se le alimenta el ego y el estómago. Es una estafa. La Cultura debe orientarse a proporcionar al individuo estados de felicidad que estén relacionados con su discernimiento, sea artístico o no lo sea. Incluso la conciencia sobre la ecología. ¿Por qué no se fomenta cuando es esencial? Machacamos el medio y nuestro alimento está ahí, pero eso no interesa. Interesa el dinero; y si el dinero arrasa con el Amazonas, da igual. El incremento de la riqueza y el abuso de la acumulación de ésta por parte de unos cuantos es totalmente contracultural e inhumano, va negándonos y quitando más terreno a la supervivencia de la especie. El egoísmo va a acabar con todo. Una Cultura, por supuesto, relacionada con Educación. Tiene que haber un entrenamiento previo para la cultura y es formativo y educativo. Este último gobierno ya vemos lo que ha hecho: arrasar con todo. Por ejemplo, quitando la música de todos los tramos educativos. Es imperdonable, una sinvergonzonería.

¿Hay algo de vendetta contra los titiriteros con sinsentidos como la subida del 8 al 21% del IVA cultural?

El problema es que son incultos. Tienen miedo a que la gente piense y conozca. Son reaccionarios, tremendamente. Hay otros países donde hay gente conservadora y, en cambio, las cuestiones cultural y educativa son cosas que quedan al margen de las ideas, del concepto de Estado personal o de si se quiere que la empresa pública deje de serlo. Por supuesto que siempre habrá una educación privada, pero es la idea de arrebatarle cada vez más terreno a lo público y a que la gente pueda mejorar su vida y sus capacidades laborales. No les interesa, siguen considerando que todo eso es cuestión de élites y de privilegios. Cuántos millones de euros se creen que caben en un ataúd. Ninguno de esos canallas lo piensa. Todos con una codicia imparable que si no fuera en detrimento de la mayoría me daría igual. Hínchese a acumular millones pero no lo haga a costa de la salud y de la vida de los demás. No nos machaque.

¿Han desahuciado al dueño de la Pensión Triana? ¿Cómo le ha tratado la crisis?

(Ríe) La Pensión Triana ha sido tratada maravillosamente. Porque está en la memoria colectiva. Nunca existió hasta que la gente la eligió como un lugar en el que ocurrían cosas que les conmovían. Es el prodigio de la creación. Sigue igual, con los mismos desconchones que tenía entonces, y se sostiene. Y el patrón, el que la lleva, pues digamos que ha asociado que la vida es igual que cuando no teníamos nada, cuando escasamente nos alcanzaba para comprar tabaco y unas cuerdas de la guitarra. Prefiero sentirme en ese estado de cosas por más que suba a escenarios magníficos. No soy mejor que aquel que penaba por conseguir una canción nueva en la Pensión Triana.

"Lo de la Ley Mordaza es algo transitorio que terminará derogándose porque incluso desde Naciones Unidas y tribunales internacionales han dicho que es ilegal".

¿Se va a dejar amordazar? ¿Hacia dónde se dirige este país con leyes como la llamada Mordaza?

Este país ya no se va a dirigir hacia eso porque lo primero que va a ocurrir, espero que en muy breve tiempo, es que esa Ley Mordaza va a ser derogada, y se va a revertir a lo público casi todo lo que se pueda recuperar. Eso lo sabe todo el mundo. Esta gentuza llegó y se creyó que esto era su cortijo y que iba a poder hacer lo que le diera la gana. Si un día les rodearon el Congreso, la gente dijo: ahora vamos a entrar. Y eso es lo que va a pasar. Con tanto hostigamiento han conseguido lo que se merecen, que se vayan a la calle y que empiecen otra vez. Nunca empezarán desde cero porque tienen mucho dinero y mucha influencia, pero los apaleados se van a meter ahora hasta la cocina del Congreso y eso me provoca mucha esperanza. Lo de la Ley Mordaza es algo transitorio que terminará derogándose porque incluso desde Naciones Unidas y tribunales internacionales han dicho que es ilegal.

"No soy mejor que aquel que penaba por conseguir una canción nueva en la Pensión Triana".

¿Cree que la estrategia creciente del miedo puede mermar las posibilidades de fuerzas políticas emergentes como Podemos?

Ese criterio se ejerce sistemáticamente. Cuando un partido gobierna, lo primero que hace cuando ve que se tambalea por su praxis política errónea o por algo que se le ha venido encima imprevisiblemente es decir: pues como vengan los otros... No hay tantas diferencias entre los dos partidos mayoritarios, hay unas cuantas leyes de progreso, pero luego al final todos rinden pleitesía a la banca y al eufemismo ese del accionista. Eso tiene que acabarse, tiene que haber una tercera vía. Va a costar muchos disgustos que eso ocurra, aunque es un proceso que se acaba de abrir y va a venir por sus pasos. Lo del miedo, pues eso lo hacen todos, incluso contra el partido opositor que sabe que te puede relevar en el gobierno. Prefiero las leyes de progreso del PSOE, los vote yo o no los vote, las prefiero pero me parecen absolutamente insuficientes y es de una precariedad que dice poco de la inteligencia y de la formación que una izquierda que accede al poder debe tener. Otro de los procesos que debe ocurrir es que la mera militancia no sirva de garantía en los partidos políticos.

Acabar con los políticos profesionales.

Si me he preparado y lo merezco, vale. Lo que pasa es que luego te dan una concejalía porque tienes 30 años y llevas desde los 18 pegando carteles. El que está dentro ha demostrado que tiene esas ideas y que las defiende, pero si el erudito de fuera puede hacer una gestión para todos, pues se ficha. El tipo que sabe es el que tiene que estar ahí, como los consejos de ancianos que había en tiempos tribales. Hay un montón de cosas que tienen que cambiar y no hay miedo ante eso, los partidos necesariamente van a mejorar por esta inercia de los acontecimientos.

 "La corrupción es una basura social; de toda la basura que genera la existencia del ser humano una de ellas es la corrupción y de momento no es reciclable".

¿España será Venezuela si Podemos toca poder?

Hay una parte autoritaria en Venezuela pero también hay un desabastecimiento que está provocado por los sectores económicos y poderosos para que caiga eso. España no es Venezuela, y estamos en Europa. Si se vislumbrara que algo así puede venir, mi voto iría a parar espirales de autoritarismo. De momento lo único que se está haciendo es intentar fiscalizar desde dentro del Congreso lo que está pasando allí. No me interesa esa política endogámica, el secreto de Estado es lo más canalla que puede tener una democracia. Salvo en casos de Defensa, todo lo demás tiene que estar a cara descubierta. Si llegan al poder y lo ejercen de forma autoritaria, mañana por la mañana estaremos en la puerta del Congreso para rodearlos igual que hicieron ellos. No tengo miedo ninguno, las cosas catastróficas solo las vaticinan aquellos que tienen el culo pegado al asiento del poder.

¿Qué título le pondría a la cantinela diaria de la corrupción?

Es que la corrupción no necesita canción que cree conciencia. Hay que ir a los tribunales y rellenar una denuncia contra el corrupto si se tiene conocimiento directo de ello. Es tan penoso y bochornoso. Sobre todo porque hay una estrategia de crear e inventarse un lugar desde el que sacar rentabilidad sin estar en ese libre mercado que ellos mismos cacarean. Busca que te recompensen tu trabajo fuera de la política, vete a la realidad de la competencia y de tenerte que buscar la vida para obtener las ganancias que te mantengan. Con tal de no entrar ahí, se es capaz de untar o de ser untado por terceros. La corrupción es una basura social; de toda la basura que genera la existencia del ser humano una de ellas es la corrupción y de momento no es reciclable.

Volvamos al plano personal con un tópico: ¿son Javi y Lucía sus dos mejores composiciones?

Retrato de Ruibal. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Es una frase hecha pero es verdad. Son una sorpresa...

¿Qué siente al verlos en el escenario, por ejemplo, en Casa Ruibal, donde comparten espectáculo?

Siento muchas cosas simultáneas. Por un lado, una excitación de que como son muy buenos profesionales en lo suyo, lo hacen muy bien, y sé que el resultado no se cae. No está hecho por un mero ejercicio de voluntarismo y de ganas sino que el espectáculo se sostiene. Eso, cuando trabajan conmigo. Al mismo tiempo, me provocan una emoción que tengo que dominar porque a veces me puede; me tengo que controlar porque se me hace un nudo en la garganta, pero me encanta verlos sobre todo cuando están trabajando por su cuenta. Es una sorpresa porque realmente a estos niños no se les puso en el camino de que fueran artistas, su vida no fue diseñada por sus padres, fue una elección de ellos totalmente libre. Quisieron estar en eso, lo eligieron y ya está. Lucía empezó jugando, yendo con cuatro añitos a una escuela de Danza, y luego siguió y siguió, hizo el conservatorio, hizo el Superior de Flamenco, y ahí ha hecho su carrera. Y Javi (batería y percusionista del grupo Glazz) lo mismo. Sé que cuesta creer que cuando hay un padre artista los hijos no hayan sido inducidos por el padre. No lo hemos hecho tan mal en el sentido de que ha sido una elección de ellos, y a su madre y a mí eso nos conmueve porque no están haciendo algo oportunista sino que se han echado encima un trabajo que requiere esfuerzo y estudio. Se les ha inculcado el deseo de no mentir por encima de todo. Cuando se suben a un escenario no hay triquiñuelas ni bajas intenciones. Eso como padre me da satisfacción.

 Sobre sus hijos Javi y Lucía: "Han llegado a subirse al escenario habiendo estudiado férreamente lo que tenían que saber para subirse al escenario, y yo he sido autodidacta".

¿Qué te enseñan?

Me gusta la tenacidad que tienen. Han estudiado mucho más a fondo lo que hacen que yo. Han llegado a subirse al escenario habiendo estudiado férreamente lo que tenían que saber, y yo he sido autodidacta. Me eché al monte un día, baje del monte con una cancioncita y unas maneras, y con eso me he buscado la vida. Luego con el tiempo he ido estudiando un poco más, he leído, me he propuesto hacer las cosas mejor… Ellos ya han ido más preparados.

El pellizco no se aprende, no todo es la técnica...

Claro, por supuesto. No todo es preparación. Es tener la suerte de ir acertando en una de cada tres cosas que te planteas. El esfuerzo merece la pena. Me sorprende de ellos la dedicación y que saben bastante mejor que yo en qué consisten los mimbres de su felicidad y su alegría. Yo me fui dando cuenta con el tiempo.

Hace poco recibió el mazazo de la muerte de su amigo Javier Krahe, ¿qué es lo que más le llegaba del maestro?

Lo que más me llegaba de él era su inteligencia incuestionable, su altura de miras en cuanto a lo que escribía y componía. Él sí que realmente era un tipo muy responsable con lo que escribía porque se había leído a todos los clásicos y los sentía vigilantes por encima de su hombro. Eso es una de las cosas que con el tiempo un poco yo también he ido incorporando: si alguien que para mí es un Dios me oye algo, no quiero recibir una colleja. Él estaba en otra dimensión. Una de las cosas que más agradezco fue el cariño con el que siempre me trató. No mostraba con euforia sus afectos, pero permanecía en ellos y siempre veías que estaba ahí. Estábamos en dos órbitas diferentes en cuanto a mundos creativos pero él me alentaba mucho. Me decía que quería que le sorprendieran y que yo siempre lo hacía; y eso me llena de satisfacción.

Sobre Javier Krahe: "Estábamos en dos órbitas diferentes en cuanto a mundos creativos pero él me alentaba mucho".

¿Alguna curiosidad, alguna vivencia, anécdota?

Mucha gente no lo sabe pero él era un grandísimo aficionado al flamenco, tenía una relación tan especial que unos días antes de irse, en Zahara, en el patio de su casa, escuchó música flamenca por una ventana y dijo esto sí que es lo que me hace vibrar, y se dio una pataíta. Es algo muy curioso que poca gente sabe de él. A él, que se suponía que era tan analítico, no se entiende cómo podía excitarle algo tan incontrolable como son las pasiones en el flamenco. Tenía una excelente relación con Morente, y admiraba mucho a grandes guitarristas…

¿Qué otros artistas con los que ha tenido contacto le han dejado huella?

Lo que espero siempre de los artistas es que se la jueguen, que cada vez intenten hacer diferente y que sorprendan y me desconcierten. He conocido a muchos artistas que son así. Tengo muchos artistas que admiro. De los que he tenido relación, por ejemplo, Morente, con el que tenía una relación cómplice pero intermitente; el propio Krahe… He tenido la suerte de que a quienes he admirado mucho me han dado siempre un abrazo artístico grande, como Paco. Y luego he tenido relaciones más personales con Martirio, Carmen París… Carmen es un alter ego, juega con todo, pone sobre la mesa todo lo que tiene y algo saldrá. Tiene un compromiso estético y yo también tengo un compromiso con la belleza. Si no hago algo que irradie belleza, ya sea por la música, los arreglos, la idea o el texto, a mí no me conmueve, por lo que creo que no va a conmover a los demás. Me dejo a muchos en el tintero, pero sorprendentes de verdad de mi círculo de artistas inmediatos, esas dos mujeres. Y luego también está Jonathan Pocoví, que no conoce casi nadie, pero que hace unas cosas realmente bellas; goza de una frescura y una liviandad que no pretende trascender y que al final lo consigue.

En otoño vuelve a Latinoamérica. ¿Qué le dicen los ojos de la gente allí que no le dicen los de aquí?

Una de las cosas fundamentales es la predisposición a que lo que les llevas les toque el alma. Van a escucharte en un estado de gracia que no es el nuestro. Aquí estamos más maleados. Ellos tienen todavía una mirada y unos oídos de niños que son maravillosos. Dan mucha importancia al hecho artístico. Cuando en Latinoamérica alguien te llama maestro no lo usa así porque sí. Lo dicen con toda la consideración, no van a verte como el que va a oír a un gurú, pero sí con una predilección y una devoción muy grande. La educación y el comportamiento social es muy diferente, la gente es exquisita en su lenguaje y en su manera de tratarte. Una de las cosas más bellas de Latinoamérica es que conservan todo aquello que fuimos y que perdimos. Y lo hacen en un estado de precariedad económica que, en términos medios, nosotros superamos. Subimos un escalón en cuanto al confort pero hemos perdido eso, una mezcla de inocencia y candidez, un estado de pureza. No te dicen ‘eres un monstruo, qué grande eres’, sino ‘maestro, tal verso me ha conmovido especialmente’… Es algo muy rico, hay una calidez en el abrazo que aquí hemos ido perdiendo.

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