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La frustrada pacificación de las favelas, el zika ocultan todo optimismo.

Falta exactamente una semana para que se celebre la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y lo que se respira en la ciudad no es precisamente un ambiente de fiesta. La crisis económica y política que vive el país, con su presidenta electa apartada temporalmente del cargo por un oscuro proceso de impeachment, eclipsa las vísperas del mayor acontecimiento deportivo del mundo. Aunque tampoco parece haber un tejido social fuerte para protagonizar grandes manifestaciones, son muchos quienes cuestionan los excesivos gastos en la competición y ponen en duda cuál será el legado, cuando no se preguntan simplemente si la ciudad estará preparada para funcionar durante los Juegos.

El pasado mes de junio, el gobernador del Estado de Río, Francisco Dornelles, declaró la región en estado de “calamidad pública” y aseguró que las arcas no estaban preparadas para afrontar los gastos que eran de su competencia en los Juegos, entre ellos la seguridad. El gobierno central transfirió 780 millones de euros a la ciudad como plan de emergencia para cubrir esa carencia, mientras los policías se manifestaban en el aeropuerto con pancartas en inglés informando a los visitantes que Río no era una ciudad segura porque los policías no cobraban sus salarios. “En las comisarías no hay papel para impresoras, los baños están en una situación precaria y tenemos serios problemas con el armamento y los transportes”, denunció uno de los líderes de las protestas de los agentes, Hildebrando Saraiva.

La llegada de fondos y también de tropas militares del gobierno central servirá seguramente para garantizar la seguridad en las áreas de mayor circulación relacionada al megaevento, a pesar de que ahora mismo asuste la amenaza terrorista concretada por las recientes doce detenciones de los miembros de un grupo “amateur”, según palabras del ministro de Justicia brasileño, Alexandre Moraes, que juraba lealtad al Estado Islámico y preparaba por WhatsApp un atentado de cara a los Juegos e intentaba comprar armas por Internet en Paraguay. Todos eran brasileños, sin origen árabe, convertidos recientemente al islam.

El pasado mes de junio, el Gobierno del estado de Río declaró la región de "calamidad pública" y aseguró que las arcas no estaban preparadas para afrontar los gastos que eran de su competencia, entre ellos la seguridad

Pero aparte de la seguridad durante el evento, Río de Janeiro prometió dejar un legado de paz con un proyecto de 'pacificación' de las favelas iniciado en 2008 a partir de la ocupación policial mediante 10.000 agentes repartidos por algunas de las principales favelas que con el tiempo se ha demostrado más que insuficiente. Aunque en un primer momento la expulsión de los traficantes de las comunidades y la idea de una policía de proximidad trajo cierta paz a las barriadas, los narcos fueron regresando y atacando las comisarías de sus antiguos territorios y la policía mostró que sigue siendo igual de corrupta y violenta que antes de que se iniciara el plan.

En 2015, tan sólo en la ciudad se registraron 1.200 homicidios de los cuales una cuarta parte, 307, fueron obra de la policía. Las cifras de letalidad, además, han empeorado por primera vez en años a principios de 2016 y Amnistía Internacional denuncia que tan sólo durante el pasado mes de mayo la policía mató a 40 personas, un aumento del 135% en relación al mismo periodo de 2015. “La pacificación acabó siendo un proyecto cuantitativo y no cualitativo, se ocuparon las favelas con un altísimo número de agentes sin mejorar sus condiciones ni su formación”, lamenta el excoronel Robson Rodrigues, que abandonó el cuerpo policial en 2013 después de coordinar el proyecto de pacificación. El legado olímpico en materia de seguridad está más que en duda y cabe contemplar la posibilidad de que el escenario empeore después de los Juegos Olímpicos en medio de una crisis que impide invertir en mejoras.

Río prometió dejar un legado de paz con un proyecto de 'pacificación' de las favelas a partir de la ocupación policial mediante 10.000 agentes. Con el tiempo, se ha demostrado más que insuficiente

Las carencias económicas golpean también a una sanidad pública con carencias de material en los hospitales y retraso en el pago de sueldos. La metáfora más clara de cómo los Juegos pueden tener una repercusión negativa en la vida de los ciudadanos fue retratada por los medios locales en un cartelito de “reservado para los Juegos” que colgaba frente a camas de hospital. No obstante, la sanidad ha sido también una preocupación para los visitantes, especialmente debido al zika, transmitido por el mosquitoaedes aegypty,  que genera microcefalia en los bebés de quienes la sufren. Ocho golfistas, entre ellos los mejores del mundo, renunciaron debido a la enfermedad a participar en los Juegos, en el año en que el deporte ha sido designado olímpico. El baloncestista español Pau Gasol se llegó a plantear tomar la misma medida.

Otra situación que genera ciertos riesgos para la salud es la superbacteria encontrada por laboratorios locales en las aguas de las playas de Río de Janeiro, resistente a los antibióticos debido a nacer de los residuos derramados por hospitales en las aguas de la Bahía de Guanabara. De uno de sus puertos partirán las pruebas de vela, a muy pocos kilómetros de todo tipo de objetos flotantes e incluso de animales muertos, que son encontrados frecuentemente en la bahía. Algunos regatistas han sufrido vómitos y malestar después de navegar y también hay a quien se le han infectado heridas por el contacto con el agua contaminada.

Pero peor lo tienen los pescadores que viven en la región, a quienes la contaminación les está dejando cada vez con menos pescado y parte de la pesca en mal estado. Unos 20.000 pescadores empobrecidos por la paulatina contaminación de las aguas de la bahía aún esperan el pago de las indemnizaciones que Petrobras fue condenada a pagar por verter en sus aguas un millón y medio de litros de petróleo.

El objetivo de descontaminar un 80% de la bahía de Guanabara como parte del legado olímpico que prometió en su día el gobierno del Estado suena a broma de mal gusto cuando, a diez días del comienzo de los Juegos, ni siquiera está garantizado que no haya objetos que se enganchen a los barcos de vela y los deportistas nadarán entre toneladas de heces y desechos de la ciudad que son vertidos directamente al mar sin depuradoras. De nuevo, es difícil pensar que con la crisis que asuela las arcas del Estado, se ocupen de las aguas y la situación vaya a mejorar después de los Juegos.

La competición tendrá sin duda algunas consecuencias positivas para la ciudad. El centro colonial y portuario, entre los barrios de Gamboa y Saude se ha revitalizado y es hoy un lugar más seguro, iluminado y atractivo para vivir, con una amplia oferta de ocio que incluye dos nuevos museos y se ha abierto al mar. Será el lugar donde tendrán lugar los eventos musicales del conocido como Bulevar Olímpico, conciertos diarios de música brasileña celebrados durante los Juegos.

También el deficitario transporte público habrá recibido un buen empujón debido a los Juegos, con un nuevo carril exclusivo de autobuses para conectar áreas lejanas de la ciudad antes muy mal comunicadas y nuevas paradas de metro enlazando Barra da Tijuca, barrio de reciente urbanización donde tendrán los Juegos Olímpicos, y el centro de la ciudad. También se espera de muchas de las instalaciones olímpicas que tengan un uso después de la competición, aunque el miedo a los 'elefantes blancos', grandes edificios sin utilidad, está tan vivo como en el Mundial de 2014, máxime cuando no habrá mucho dinero público para la conservación de las obras.

Se espera de muchas de las instalaciones olímpicas que tengan un uso después de la competición, aunque el miedo a los 'elefantes blancos', grandes edificios sin utilidad, está tan vivo como en el mundial de 2014

Pero incluso este legado a priori positivo en infraestructuras tiene su lado oscuro más allá de que muchos atletas hayan tenido que abandonar la Villa Olímpica ante la precariedad de unos apartamentos con escapes de gas y problemas con la luz, el agua y la limpieza. El coste de los Juegos reconocido por las autoridades públicas será de unos 12.000 millones de euros y seguramente la mayoría de los cariocas no vean de cerca los beneficios. Además, la mayoría de empresas implicadas en las construcciones olímpicas (Odebrecht, OAS, etc) son las mismas que participaron junto a Petrobras y altos cargos políticos del mayor escándalo de corrupción por pago de coimas de la historia del país, conocido como Caso Lava Jato. Aunque no se han probado irregularidades en las obras, existe una comisión de investigación en el Ayuntamiento para esclarecer las circunstancias en que fueron adjudicadas las contratas.

Desde el punto de vista económico, los Juegos no han tenido un efecto significativo en el PIB del país, “es una cuestión básicamente local y limitada al turismo y a la actividad deportiva”, comenta el economista de la escuela de negocios INSPER Otto Nogami. “Por un lado, los costes han sido excesivos y no generarán una actividad económica después de los Juegos, y, por el otro, mucho empleo a corto plazo puede convertirse en más desempleo después de la competición”, añade. Brasil tiene un 11,2% de paro y cerró 2015 con una recesión del 3,8%.

Los Juegos no se están viviendo con demasiada alegría en las calles de Río, pero tampoco despiertan un rechazo que permita esperar una gran movilización social. La clase media 'anti-Dilma', que presionó masivamente en las calles para que se llevara a cabo el oscuroimpeachment que sigue en marcha por presuntas irregularidades fiscales de su gobierno, está totalmente desmovilizada desde que el presidente interino, Michel Temer, asumió el cargo, aunque entre sus ministros hay varios sospechosos de corrupción, que era de lo que más acusaban a los gobiernos anteriores de Lula y Rousseff.

A la izquierda le mosquea, mucho más que los Juegos, la forma en la que el Congreso ha conspirado para tumbar a la mandataria independientemente de si sus irregularidades constituyen de facto un delito y el conservadurismo del gobierno interino formado inmediatamente. Después de la competición deportiva se celebrará la sesión definitiva en el Senado que decidirá si Rousseff retoma su poder o pierde definitivamente el mandato que expira en 2018. La mandataria anunció recientemente que no irá a la ceremonia de apertura de los Juegos, donde tendría un papel secundario al ser Temer el presidente en funciones.

Ese mismo día, seguramente para mezclar las protestas contra el gobierno interino y contra el megaevento, hay una manifestación convocada en el centro de la ciudad. Lo que hasta el momento era el principal símbolo de oposición al gobierno de Temer, la ocupación del edificio de Óscar Niemeyer que fue sede del Ministerio de Cultura en Río de Janeiro, Ocupa Minc, fue desalojado este martes por la policía. Seguramente, pequeñas asambleas y manifestaciones se repartan por la ciudad para denunciar las injusticias del entorno olímpico. Pero es poco probable que alguno de los actos pueda hacer un ruido equiparable al que traerá la gran fiesta del deporte, aunque motivos no falten.

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