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Entrevista al escritor Manuel Vilas, autor de 'América'.

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) colecciona más patologías que libros tiene la librería Tipos Infames de Madrid, donde tiene lugar esta entrevista. Anda presentando América, su último libro, publicado por la editorial Círculo de Tiza. Un recopilatorio aleatorio de crónicas y ensoñaciones escritas durante una serie de viajes en coche por el Medio Oeste.  Mientras lo redactaba, era remota la idea de que un tipo como Donald Trump llegase a ocupar el Despacho Oval. Al final, una nación ansiosa de control se decantó por un descontrolado. Después de leer 207 páginas y tres poemas se desprende la imagen de un país inquietante, hecho a base de casas levantadas sobre sótanos en los que la memoria y el ánimo se pudren.

Este poeta y escritor es un profesional de las metáforas de la pobreza y de la riqueza. En este último trabajo no duda en bajar a esas catacumbas y en radiografiar un país cubierto de praderas extensas, “donde los bosques de grandes ríos dominan la escena frente a la gente, que son minoría”. Una descripción poética del autor que avanza atardeceres apocalípticos. No es difícil imaginar esa otra estatua de la Libertad portando una espada en vez de una antorcha ideada por Franz Kafka en su novela homónima. Hoy Vilas le podría colocar unos auriculares para que escuchara a Johnny Cash o a Lou Reed mientras decide si la espada es para defender o acuchillar. También es posible que exista una tercera opción. En Estados Unidos tienen más de todo, y eso lo sabe muy bien Vilas. Tanto, que le obnubila.  

¿Cuánto de envidia y admiración hay en este libro hacia América? 

Hay mucha admiración. Tienen más de todo. Como pobre que he sido me deslumbra cuando veo que la gente tiene muchas cosas. Allí tienen de todo y mucho. Hay mucha envidia en el sentido de que es un país de éxito en el terreno económico.

Estados Unidos, icono del capitalismo, ¿es lo más cerca que ha estado el comunismo del éxito?

La crítica al capitalismo que hacen los anticapitalistas se basa en la renuncia de no tener. Yo lo que quiero es que los pobres tengan lo que tienen los ricos. La realidad de los Estados Unidos es contradictoria, múltiple, versátil y muy difícil de ceñir a una sola cosa. Es un paraíso infernal. 

"Yo lo que quiero es que los pobres tengan lo que tienen los ricos"

En el que construyen sótanos para ocultar sus miserias.

En el Medio Oeste, todas las casas de la clase media baja tienen uno. Son sótanos donde yo quise ver allí, de una manera simbólica, el inconsciente colectivo de esa clase social. La casa es clave en el Medio Oeste. Es la entidad urbanística y arquitectónica fundamental. Cada familia tiene una en la que todo el mundo ostenta la bandera. El sótano recoge la historia de la familia. Una historia de difuntos. Te puedes encontrar, como me pasó a mí (en uno de esos sótanos), con el traje de boda de la abuela de la casa. Tienen una obsesión por la conservación que está vinculada a la casa. Nosotros venimos de la tradición de los pisos. En ellos es complicado guardar la memoria familiar. 

Esos sótanos deben oler a cerrado, ¿no?

Le doy mucha importancia a los olores. Tengo un olfato muy fino. En Estados Unidos los olores son muy característicos. El olor de los sótanos es una mezcla de humedad, antigüedad y moqueta. Tienen un punto  insalubre.   

¿El Medio Oeste suena mejor que huele?

Probablemente, sí. Sonar, suena muy bien. Soy un fan de la música popular de los Estados Unidos. Me ha acompañado durante toda la vida. El impacto de la cultura popular americana en Europa a muchos americanos les asombra. No lo entienden. Para ellos no tiene tanto valor como lo tiene para nosotros. Ahora bien, en el Medio Oeste no saben quién es Lou Reed.

¿En qué momento de su vida se cruzaron la música y la literatura?

Lo que me fascinó de niño fue el pop. De la música a la literatura, para mí, había un paso natural. Luego he visto que otras personas no lo dieron. Las vieron como dos entidades distintas. Para mí eran lo mismo. Escucho a Lou Reed y al poco tiempo empiezo a leer a poetas franceses (Rimbaud y Baudelaire), todo fue como un compendio de lo mismo. En el Rock&Roll y en la poesía había un continuo, una sensibilidad similar. 

Idolatra tanto a Lou Reed que hasta pidió ver su expediente académico.

Tenía formación literaria en Syracuse. Estuve allí y pregunté por su expediente. No me lo dieron porque él estudió en una universidad privada. Si hubiera estudiado en una pública sí me lo hubieran facilitado. 

"El divorcio exprés viene en auxilio de la clase media baja, que no se puede divorciar porque no tiene dinero"

¿Qué significó Elvis Presley en la realidad de este mundo?

Primero, cambió la forma de vestir y vivir de la gente. Erotizó el mundo. Él hizo más por la promiscuidad que Freud. 

Usted mismo, en otras ocasiones, ha dicho que para ser promiscuo hay que tener tiempo y dinero. ¿Los ricos follan más que los pobres?

Eso está probado. El divorcio exprés, por ejemplo, viene en auxilio de la clase media baja, que no se puede divorciar porque no tiene dinero. El matrimonio a perpetuidad es el lugar de los pobres. A ver, hay matrimonios de éxito. Vivir una vida de exuberancia sentimental tiene que ver con tener dinero también. 

Las descripciones que dan vida a América están hechas a base de observaciones minúsculas de la realidad; ¿hemos bajado el listón de nuestra capacidad de asombro?

El libro es muy objetual, muy de fijarse en realidades concretas. Está hecho desde la mirada de un español. Cuando estoy viviendo en el Medio Oeste y necesito comprar algo tengo que ir en coche. Andando no se va a ningún sitio. Vayas adonde vayas sabes que va a haber aparcamiento. Está planificado para que todo el mundo pueda aparcar. Sin coche no se concibe el Medio Oeste. No es posible imaginarse a una persona sin su coche. Estaría como desnudo.  

Ciudades en las que no se camina...

Tiene que ver con su urbanismo, con sus ciudades, que no son ciudades, sino que son cuatro calles en las que no sucede absolutamente nada. Eso te rompe la mirada, te disloca. Tienes un problema para el reconocimiento de la ciudad y por extensión para lo colectivo. La idea de la vida social se distorsiona. De ahí que al estadounidense le ocurran muchas cosas derivadas del urbanismo de sus ciudades. Ese no urbanismo les determina cómo son.  No hay polis como tal. En Nueva York, Chicago (la gran ciudad del Medio Oeste), sí la hay, que son donde viven los votantes del Partido Demócrata. Donde no hay polis votan a Trump. El americano culto es el que viaja a Europa, lo rednecks (cuellos rojos), denominación despectiva del agricultor y ganadero, no han ido ni a Nueva York. La falta de curiosidad del americano procede de que cree que América es el mundo. Este, a su vez, todo el rato se encarga de darle la razón. Aquí los periódicos abren con lo que sucede en Estados Unidos, parecen el New York Times. 

"La falta de curiosidad del americano procede de que cree que América es el mundo"

¿Cuál es el atractivo del Medio Oeste?

Un contacto apabullante con la naturaleza. Son enormes praderas, con una densidad de población muy baja. Hay ríos, montañas, campos cultivados de trigo, maíz. En Iowa City, al calor de la universidad, sí hay una población estudiantil enorme. Es un equivalente a Salamanca, pero sin historia. Sus fotos de los años 20 son como para nosotros las obras del Renacimiento y el Barroco. 

La cultura en español en Estados Unidos está en auge y a la vez Donald Trump sale elegido presidente; es raro¿no?

Es una contradicción flagrante. Trump está contra todas las manifestaciones del español, sin embargo, las universidades desdicen esta política. Todas tienen un departamento de español. En Iowa, donde yo estoy, la biblioteca universitaria tiene toda la literatura en español (de Latinoamérica y España). No tiene sentido en un país que está rechazando, políticamente, la emigración latina. Esa contradicción existe; ahora bien, a nivel de calle el español es una lengua que yo llamo la lengua susurrada, por quien la habla (el emigrante latinoamericano). Es la lengua de los pobres. El salto a convertirse en una lengua respetable y de cultura no se ha dado. En la calle, y más ahora con Trump, es una lengua que no es aceptada. Tiene una enorme potencia demográfica (son 50 millones de hispanohablantes), pero si hay anglosajones presentes, los latinos no suelen hablar en español. Delata un origen bastardo, del gueto. De la miseria.

Esos hablantes están por debajo de los rednecks que mencionaba antes.  

Así es. No es una paranoia mía. He hablado con latinos cultos, insertos en la sociedad de los Estados Unidos, y lo saben. El latino emigrante no enseña español a sus hijos, luego se pierde. Para ellos es denigrante. Ese triunfalismo que se montan el Instituto Cervantes y la derecha española tiene la asignatura pendiente de transformar el español en una lengua de cultura. Este cambio debería correr a cargo del Gobierno español, pero no lo hace. Ni siquiera sabe que existe ese problema. A mí me gustaría mucho que Felipe VI dijera públicamente que el español en Estados Unidos es la lengua de los pobres. Cuando no se dice la verdad, al final, se construye otro basement (sótano). Ese ocultamiento constante de la verdad es agobiante. La realidad es que el español en Estados Unidos es la lengua de los pobres. Ahora bien, a partir de ahí hay muchos elementos que son de carácter optimista. La literatura, por ejemplo. La potencia demográfica, los latinos que cada vez más se insertan en la sociedad, las universidades que apuestan por el español. Todo eso es fabuloso para el español, pero eso solo ocurre en burbujas (la intelectual, la universitaria, el progresismo político), las cuales no representan al americano medio, que no ve claro que le hablen en español. 

La fricción entre riqueza y pobreza hace mella.

Es lo que vertebra este mundo. 

Cuando se lee cualquier texto de Manuel Vilas, la palabra pobre resalta, ¿por qué?

Sí, porque lo soy (ríe). Probablemente, lo gracioso es que no soy pobre. Esto se lo oí decir a Michael Caine, que procedía de la clase baja, y se me grabó. Venía a decir que cuando has sido pobre, aunque luego te vaya bien o razonablemente bien, no te quitas esa especie de miedo a la miseria nunca. Es una especie de virus que se mete en el cuerpo. Esa sensación de pobreza no me la quitaré nunca de encima. 

Parece que no hubiera antídoto contra esa sensación.

Exactamente, no lo hay. Yo esa sensación la tuve de niño. Provengo de una familia pobre. Esto se te pega a la piel y no hay manera de quitártelo de encima. En mi caso con razón, porque dedicarse a la literatura en España, a no ser que seas de los que venden muchos libros, es miseria. Los escritores aquí se apañan porque se convierten en profesores o en periodistas. O son hijos de. Yo, por ejemplo, doy muchos talleres de escritura, escribo para varios periódicos, algo que hago con gusto, pero el hecho significativo es que de los libros no se vive. 

"Cuando has sido pobre, aunque luego te vaya bien o razonablemente bien, no te quitas esa especie de miedo a la miseria nunca"

¿En qué se diferencia el fracaso en Estados Unidos y en España?

Es un país en el que está muy presente la idea de que el exsoldado, el exalcohólico, el exconvicto, etc. se redimen. En España no hay esa leyenda de las segundas oportunidades.

¿Qué no le gusta de aquel país-continente-mundo?

Los controles de inmigración. Recuerdan a la Alemania nazi. 

Aun así sigue yendo.

Es que el mundo les da la razón. Ellos piensan que el mundo entero quiere vivir allí. Los controles de inmigración se basan, fundamentalmente, en la idea de que todo ser humano quiere ir a Estados Unidos. Y algo de razón tienen. El grano en el culo de Estados Unidos es Europa. La Unión Europea ha construido una línea de pensamiento progresista, que ha constituido una clase media, el Estado del bienestar, donde el capitalismo ha adquirido una forma humanoide. La UE es el enemigo ideológico de Trump. La UE para Trump significa los iguales, que con un discurso políticamente moderado consiguen también riqueza material para su territorio. Es decir, la gente que decide hablar en vez de tirar bombas. Negociar frente a la arrogancia como forma de discurso.  

¿Mientras escribía estas crónicas se imaginaba que iba a ganar las elecciones Donald Trump?

Había presagios raros. Como cuando me encontré con un sin techo blanco que me dijo que los chinos eran los culpables de los males y que iba a votar a Donald Trump. El discurso populista había calado. Para ese tipo Trump es como un Terminator que va a venir a echar el mal de este mundo. Este libro está cerrado en octubre de 2016, en esa fecha, que Trump fuera a ganar las elecciones era algo remoto. Se veía como una cosa folclórica, no como una realidad que fuera a cumplirse. Una amenaza casi pintoresca. Las encuestas daban ganadora a Hillary. 

Menuda credibilidad la de las encuestas...  

La gente no confiesa el voto catastrófico. La gente ya está votando de manera irracional. Ya no creen en el bien común y están votando de una forma punki y nihilista. Es un punto de fuga, una especie de desquiciamiento social colectivo. Están votando a favor de la enfermedad social. Es un voto de naturaleza inconfesable.

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