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Millones de turistas llegan mes a mes a España, pero gastan poco. Los expertos aseguran que la aportación turística al PIB debería acercarse al menos al 15%, tres puntos más que la actual.

Uno de cada veinte ciudadanos del planeta que se ha desplazado a otro país para sus vacaciones de verano ha acabado en España. Sus cerca de 8.000 kilómetros de costa, su clima y la sensación de seguridad que transmite respecto a otros destinos competidores continúan siendo un gancho irresistible para cerca de 30 millones de turistas extranjeros que un verano sí, otro también, terminan pasando en España buena parte de su descanso estival.

Las estadísticas subrayan el tremendo potencial del país como destino veraniego masivo. Según la encuesta de movimientos turísticos en frontera (Frontur), que se elabora desde el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, solo en julio, 8,8 millones de turistas extranjeros vinieron a España y en los ocho primeros meses del año el saldo alcanzó la cifra récord de 37,9 millones de visitantes foráneos. No sería extraño que 2015 finalizara con la cifra de afluencia de turistas rozando los 70 millones, un fenómeno sin precedentes desde que hace poco más de medio siglo el país descubriera el gigantesco filón que le ofrecía el turismo de sol y playa. Solo un dato más, abrumador: de confirmarse esa previsión, España habría ganado casi 15 millones de visitantes desde los 56 millones de 2011 hasta los cerca de 70 millones de 2015.

El repaso de estas cifras casi obliga a contemplar la evolución del sector turístico nacional durante los últimos tiempos como una rotunda historia de éxito. Sin embargo, es bien sabido que las estadísticas no siempre ofrecen una imagen fiel de lo que ocurre. Y basta con pulsar la opinión de un puñado de expertos para plagar de asteriscos esa impresión inicial.

Con el viento a favor

La primera de las notas a pie de página que hay que escribir a la hora de hablar de las cifras récord del turismo español es la que habla de un momento particularmente propicio por la confluencia de una serie de circunstancias favorables. Exceltur, la alianza que agrupa a 25 de los grupos empresariales turísticos más poderosos del país, ya señalaba en julio que las espléndidas expectativas con que se afrontaba la temporada veraniega venían impulsadas por dos factores puntuales e inusuales: una afluencia extraordinaria de turistas italianos y franceses, expulsados de sus ‘destinos naturales’ en el norte de África -debido a los últimos atentados terroristas en la zona- y de otros países de la cuenca mediterránea europea -por mor de su inestabilidad política-, y por la no menos excepcional llegada de turistas británicos y estadounidenses animados por la debilidad del euro frente al dólar o la libra esterlina que convierte España en un destino barato.

“Hay otros factores coyunturales que también están jugando a favor del turismo español”, abunda Tomás López de la Torre, socio responsable del sector de Turismo de KPMG en España, “el abaratamiento del petróleo, que contribuye a reducir la factura energética de las empresas, y la mejora en la situación económica de países que son importantes mercados emisores como los casos de Reino Unido, Alemania y Francia”.

El fenómeno se ofrece a una doble lectura. Por una parte, la que subrayan muchos empresarios del sector, el valor de España como ‘valor refugio’ frente a otros destinos más convulsos. Por otra, como se ha encargado de recordar el Banco de España en su último informe específico sobre el sector turístico, “no se puede descartar que parte de esos flujos se reviertan cuando la situación en algunos de esos países se normalice”.

Lagunas estadísticas

Otro de los focos de controversia se refiere al enfoque estadístico con el que nos acercamos a la realidad del sector turístico en España. “Centrarse permanente en las cifras de afluencia de turistas, sin utilizar otras fuentes estadísticas que permitan poner en contexto esa información, traslada una imagen de éxito que no se corresponde con la realidad del sector y que conduce al triunfalismo y la inacción política”.

No es una opinión cualquiera. El que afirma esto es el profesor de la Universidad de Nebrija Manuel Figuerola, experto en estructura del mercado turístico y distribución turística, director del Doctorado de Turismo de dicha universidad y uno de los padres de la Cuenta Satélite del Turismo, histórica aportación española a la medición del fenómeno turístico a escala mundial.

El profesor Figuerola lamenta la falta de interés de las autoridades españolas por mejorar la medición estadística del fenómeno turístico con índices más completos y rigurosos, que no se queden en los movimientos de viajeros y en las pernoctaciones sino que profundicen en los efectos económicos, ambientales o sociales. El último capítulo de esta supuesta desidia ha sido la supresión fulminante de la estimación de la aportación turística al PIB dentro de la Cuenta Satélite del INE, lo que, según denunciaba Figuerola en un reciente artículo en el diario El País, acaba “con un valor estratégico para organizar una política sectorial eficiente”.

Un modelo en el punto de mira

Y es que, en el fondo, la gran pregunta que continúa latente desde hace años en el sector turístico es si, como se insiste desde el mundo académico, la aportación del sector turístico a la economía nacional podría ser significativamente superior a la que es ahora.

Los últimos datos disponibles apuntan a que el turismo aporta el 11,7% del PIB español, pero expertos como el profesor Manuel Figuerola, que lleva más de tres décadas diseccionando el funcionamiento del sector turístico español e identificando posibles campos de mejora, aseguran que si se pusiera en marcha un plan estratégico orientado a mejorar la eficiencia del sector turístico la aportación del mismo al producto nacional aumentaría en un plazo breve en tres puntos del PIB, es decir 30.000 millones de euros.

“No es un fenómeno extraordinario que España reciba 70 millones de turistas extranjeros al año. Si se analizan con detenimiento las capacidades del país, su límite expansivo natural se sitúa en torno a los 200 millones. España tiene capacidad para acoger a 200 millones de turistas al año sin mayor problema”, asegura el profesor de la Universidad de Nebrija.

Los datos asombran por su magnitud, pero un poco menos cuando se atiende a los argumentos. En un país con más de 500.000 kilómetros cuadrados de superficie, el 70% del turismo foráneo se concentra en alrededor de una cuarta parte de su territorio, la franja litoral, lo que deja un riquísimo patrimonio interior y urbano “prácticamente virgen” a efectos turístico, como señala Figuerola.

Pero hay más. Los turistas extranjeros que eligen España como destino reservan un presupuesto de unos 1.000 euros para su viaje, una cifra muy similar a la de los que visitan Francia o Reino Unido. Con una salvedad. La estancia media en España viene a ser de unos diez días, mientras que en esos otros países apenas es de la mitad. Es decir, que los turistas que vienen a España gastan lo mismo que los que van a Francia o Reino Unido…pero en el doble de tiempo.

¿Por qué los turistas gastan tan poco en España? Las explicaciones darían, han dado, en realidad, para varios estudios, pero, resumiendo, el hecho parece ser que mientras en Francia, Italia o Reino Unido los turistas hacen compras, se alojan en hoteles caros y no tienen demasiados escrúpulos en pagar 10 euros por un café en los lugares más emblemáticos de las principales ciudades de esos países, en España vienen a la playa, se alojan en hoteles de dos o tres estrellas o en alojamientos extrahoteleros que muchas veces se ofrecen de forma irregular y la política de precios es bien diferente.

“Es evidente que hay vías para aumentar el rendimiento del turismo español, como la promoción de nuevos destinos y las acciones dirigidas a atraer turistas de mayor poder adquisitivo, lo que repercutiría en los ingresos, también hay nuevos mercados como el chino en los que existe un gran margen de mejora”, asegura Tomás López de la Torre, de KPMG.

Hace poco más de tres meses, la Escuela de Organización Industrial presentó el estudio La eficiencia del modelo turístico español que, coordinado por el profesor de la Universidad de Nebrija Manuel Figuerola, planteaba la opinión de 100 expertos sobre la mejora del sector turístico nacional. El diagnóstico final no deja lugar a la duda. “El examen minucioso de la realidad turística evidencia la existencia de anomalías y desajustes en toda la estructura turística”. Y concluye. “Una mayor diversificación de la demanda y un uso superior de la oferta hubiera ensanchado el mercado turístico español, ampliando ocupaciones fuera de temporada y generando una estructura más eficiente”.

El tortuoso camino hacia un nuevo modelo turístico

Ese mismo informe hacía hincapié en la necesidad de afrontar los cambios necesarios en el sector turístico lo antes posible como una suerte de estrategia de país bajo un triple argumento. El de la necesidad económica, ya que todos los informes internacionales auguran a España una década de bajo crecimiento; el de la conveniencia social, porque el turismo aparece como el único sector capaz de generar un volumen suficiente de empleo como para aliviar el problema del paro; y el de la oportunidad política, ya que serviría de motor para el tan cacareado cambio de modelo productivo.

La ambición de estos planteamientos académicos choca con el muro de una realidad que no invita al cambio. Año tras año se baten las marcas de afluencia de turistas, las playas están atestadas, los hoteles, con ocupaciones superiores al 90%, las empresas del sector viven más preocupadas de preservar el IVA turístico del 10% y de eludir nuevas ecotasas que de replantearse su modelo de negocio y, por si fuera poco, luego viene el World Economic Forum y, en contra del criterio de la mayoría de los expertos nacionales, sitúa a España como el sector turístico más competitivo del planeta en su Índice Anual de Competitividad en Viajes y Turismo. A ver quién se atreve a decirle al rey que va en cueros…

Mientras tanto, el patrón dominante del sector turístico español parece deslizarse peligrosamente hacia los terrenos del low cost. Vienen más turistas, sí, pero cada vez gastan menos (el gasto medio por turista ha caído durante 25 meses consecutivos, según el Banco de España), se quedan menos días en España y, además, lo hacen cada vez más en establecimientos no hoteleros.

La consolidación de este modelo no sale gratis. La rentabilidad de las inversiones turísticas cae, la aportación del nuevo turismo extranjero a la balanza de pagos es mínima (+8%) si la comparamos con la crecida en la afluencia de turistas (+13%) y el empleo que se crea termina siendo básicamente de temporada, como se demostró con los más de 300.000 empleos destruidos el último día del mes de agosto.

Las principales empresas del país, agrupadas en Exceltur, ya han lanzado la voz de alarma. De seguir esta deriva, el sector turístico puede dejar de generar durante la próxima legislatura 2.250 millones de euros para la economía, cerca de 40.000 puestos de trabajo y 742 millones en ingresos fiscales.

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