Jerez de la Frontera es un espacio sin tiempo, un mundo abandonado, casi olvidado, una ciudad excitante. En él hay que dejarse llevar por la magia escondida de cada uno de sus callejones, esquinas y rincones. Más que seguro, encontrará situaciones que le removerán en lo más profundo, un descenso a las profundidades.

En la población andaluza de Jerez, son numerosos los testimonios que aseguran haber advertido la chocante presencia de un hombre vestido de negro que no tiene sombra. De él se dice que nunca anuncia nada bueno. Para muchos, y en voz baja, le llaman “Ángel de la muerte”.

“Un día de enero llovía con tristeza, me encontraba mirando a través de la ventana del salón de mi casa, el color plomizo del cielo y su luz fúnebre rodeando el ambiente. Era un momento en el que desapareció para mí la realidad, me hallaba sumergido en un bucle del que no podía salir. Mi interior se hizo tan oscuro como la más oscura de las cavernas, la luz del exterior de la plaza me parecía muerta e insoportable, asemejaba estar contemplando algún paraje de otra realidad desconocida. Fue cuando vi a una extraña persona atravesando la plaza Antonio Pica Serrano, era una figura de hombre chorreando, con sombrero y abrigo negro. No proyectaba sombra alguna sobre el suelo. Me quede pasmado observando esa persona. Mi vista siguió al extraño ser hasta que se perdió. En ese momento no sabía si aquello tenía sentido o no formaba parte de la realidad. Esa misma semana me enteré que falleció un vecino de las Torres Huelva”.

“Mi suegra Pilar ––cuenta una mujer–– ha vivido toda la vida en la Cartuja, en un campo, ha tenido la misma muchacha durante treinta años trabajando para ella. Un buen día estaba la chica de la limpieza asomada, y vio pasar andando a un señor vestido de negro entero y, llamó corriendo a mi suegra, y le dijo ¿señora lo ve? Ella le contestó: yo no lo veo. Al día siguiente murió de repente, de un infarto, su marido, mi suegro. Pasaron los años y la misma chica de la limpieza volvió a ver pasando al mismo señor vestido de negro y, llamó a mi suegra. Le dijo ¿lo ve? Mi suegra contestó: sí lo he visto. Y al día siguiente, murió de repente, la madre de mi suegra que vivía con ella”.

“Trabajaba de enfermera en el turno en el hospital. En una de sus guardias nocturnas, iba ella por el pasillo y se cruzó con un señor totalmente vestido de negro que le dijo: ¡Hola, buenas, noches! Ella sintió un miedo horrible y se lo comunicó a sus compañeros enfermeros y médicos para que buscasen a ese hombre. Nadie lo vio y no lo encontraron. Al salir del trabajo, ella cogió su coche y se fue a casa. Sucedió que el conductor del vehículo que iba detrás, el conductor por algo que no se sabe, en vez de pisar el pedal del freno, presionó de improvisto el del acelerador, embistiéndola, haciendo que el coche de la chica enfermera saltara la mediana y un camión la arroyase, matándola en el acto”.

En el hospital, todos los compañeros de la enfermera contaron a los familiares de la chica, lo del extraño hombre vestido de negro. Posiblemente era ¡El mensajero de la muerte! El mismo ser que viste de negro y no proyecta sombra alguna. Nunca lo vamos a saber con certeza.

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