En la viña La hija de la Z, Cecilia coloca varias copas y una botella de Infinito Palmira en una de las mesas instaladas en mitad del viñedo, mientras Eduardo se descalza para vendimiar varios racimos de uva palomino. Es mitad de agosto en el pago Plantalina, temporada de vendimia en la campiña jerezana. Son las nueve de la mañana y una fina capa de niebla cubre las cepas ecológicas de la viña, una atmósfera que a los pocos segundos se diluye con la presencia de un sol que hace que el termómetro supere los 40 grados. "Aquí lo que más suele preguntar la gente es que, con el calor que hace, cómo crece la uva", expresa Cecilia Rodríguez, cofundadora —junto con Eduardo Valderas— de Spirit Sherry, una empresa de enoturismo que en un viñedo de unas seis hectáreas ofrece experiencias como vendimiar en grupo, pisar la uva en espuertas, catas con maridaje o incluso un pase de modelos de diseñadores noveles.

Los dos coincidieron en la primera promoción del ciclo formativo de grado superior de Vitivinicultura en El Puerto, en 2009. Fue acabar el curso y aventurarse a materializar la idea que ambos habían macerado durante un tiempo en su cabeza. "Esto nace de una rebeldía", incide Eduardo, a lo que continúa ella: "Veíamos que el enoturismo en Jerez tenía muchas carencias comparado con las demás ofertas que había en otros sitios como en Barcelona, Burdeos, Burgos, La Rioja...". "Hemos estado en pocos, pero es suficiente para ver que aquí a esto no se le saca partido", interrumpe Eduardo.

"Yo antes no bebía vino de Jerez porque veía que, o era de señoritos, o de borrachos de tasca"

Es en 2011 cuando se atusan el sombrero de paja y empiezan a explicar a los turistas y vecinos qué es un viñedo de Jerez y cómo se consigue el vino. No obstante, la finalidad de Spirit Sherry va más allá de una mera lección sobre fermentación o las propiedades de la tierra albariza. Tanto Eduardo como Cecilia comparten una ambición común: cambiar el concepto del vino en el Marco de Jerez y fomentarlo entre los jóvenes. Ambos no nacieron con una pasión por el mosto o el tinto. Coinciden en que ese amor al jugo de frutas despertó "tarde", durante su juventud. Sin embargo, sí es cierto que los dos han estado vinculados al vino desde la cuna. Cecilia, nacida en El Puerto en 1988, cuenta que gracias a que sus padres siempre han trabajado en restauración, ha estado visitando numerosas bodegas desde que era una cría. Eduardo, jerezano que nació en 1984, dice que aunque su padre se haya llevado 49 años trabajando en Bodegas Sánchez Romate, nunca le había llamado la atención el mundo vitivinícola. "Quizá por las consecuencias del vino", expresa mientras se revuelve en la silla. No obstante, esos dos años de estudio de la vitivinicultura nacional e internacional les valieron para cargarse de energía y exportar una idea ya extendida en Europa que, según ellos, los mayetos —agricultores tradicionales— no iban a comprender. "Ellos quieren rentabilidad inmediata y no quebraderos de cabeza", apunta Eduardo. Pero aun así, lo consiguieron. Tiraron de amistades y así pudieron empezar en la viña La Zarzuela.

Desde sus inicios, Spirit Sherry busca reciclar la concepción que se tiene del vino en Jerez. "La gente no se suele sentir identificada con esta cultura", murmura ella, al tiempo que su compañero explica por qué: "Por la cara B del vino. Yo antes no bebía vino de Jerez porque veía que, o era de señoritos, o de borrachos de tasca. Ahora sí se está fomentando en el centro el consumo de vino, pero aun así los jóvenes no saben ni lo que están bebiendo. Lo hacen porque sale más barato y cogen el puntito con diez copas que te salen a unos diez euros, cuando antes diez euros valía una copa".

"La industria de Jerez ha sido el vino y yo sueño con que volvamos a ser una industria enorme"

Eduardo dice que en la actualidad la perspectiva ha cambiado de una década para acá y que "ahora el vino es del pueblo". Pero sobre todo, esta entidad quiere poner en valor a aquellos que trabajan en la viña. "Hacemos esto por las ganas de meterle por vena a la gente, a la juventud, que la industria de Jerez ha sido el vino. No es ni el Luz Shopping, ni el Primark. La industria de Jerez ha sido el vino y yo sueño con que volvamos a ser una industria enorme", expone Eduardo. Para ambos lo fundamental es recuperar ese trabajo que en su época dio el vino de Jerez a la zona, "aunque ahora hay mucha maquinaria y tecnología, pero da trabajo". Y a día de hoy ambos han logrado que el vino sea su medio de vida. Comenzaron en una pequeña viña en Las Tablas llamada La Zarzuela, un viñedo que un amigo les cedió durante una temporada donde hicieron sus primeras visitas guiadas. "Empezamos dando un paseo por el viñedo y enseñando a la gente cómo funciona la vid durante todo el año, como la faena y los trabajos más representativos para que ellos mismos valoren todo lo que conlleva la vida en este entorno. Las características climáticas y lo que le aportan, además de enseñarle todo lo que engloba al vino desde el origen", explica la cofundadora de Spirit Sherry sobre las primeras actividades que desarrollaron. Luego comenzaron a hacer colaboraciones con bodegas para así mostrar el proceso completo del vino, desde la viña hasta la bota, excursiones para que los niños jueguen y aprendan la vitivinicultura... "Todo siempre con un valor especial que es el experiencial, que la gente venga aquí y viva una experiencia. Otra visión de lo que es el vino". Más tarde llegaron "ideas locas" como catas con maridaje con comida italiana o mexicana, un pase de moda con diseñadores noveles o unas originales vendimias en grupo a las que incluso el New York Times les dedicó un reportaje.

Pero desde hace tres años Spirit Sherry se ha especializado en el enoturismo exclusivo, recibiendo solo a dos o cuatro personas por recorrido. "Ahora trabajamos, por ejemplo, con pequeñas empresas que lo que quieren es que sus clientes tengan lo mejor... Y es cierto que ahí dimos un vuelco", destaca Cecilia. "Sí, porque todo va evolucionando", continúa Eduardo. Pero siguen teniendo diferentes ofertas para clientes locales, para el que viene buscando la experiencia o aquel que quiere profundizar sobre el proceso del vino jerezano. "La gente viene buscando el sol, el silencio, la tranquilidad... Y eso es algo que también queremos enseñar, otro estilo de cultura de Jerez desde el estilo de vida que nosotros llevamos aquí". Una pareja de amigos inquietos que ya están pensando cómo vinificar su propia cosecha. "Queremos sentirnos más en el origen", concluyen ilusionados.

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